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De poco vale cambiar las palabras si no cambiamos los conceptos

20 June, 2018 at 16:29/ por
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Esta semana aparecía la noticia de que la OMS dejaba de considerar la transexualidad como una enfermedad mental. Como ya comenté el año pasado, y como dije cuando fueron apareciendo noticias sobre un cambio similar en el DSM, no hay que olvidar que en lugar de disforia de género se usa “incongruencia de género”.

Igual que ha ido pasando con las perversiones, que se pasaron a llamar parafilias y luego filias, intentando reducir el estigma, lo mismo ha pasado con algunos conceptos relacionados con la transexualidad. 

El problema en ambos casos es que, si no cambiamos los conceptos que están detrás de esas palabras, de poco va a valer que cambiemos las palabras. Y de momento seguimos considerando que lo que se aleje de la cópula sigue siendo “sospechoso” (“¿por qué no quiere penetración, si es lo normal?”, cuando en realidad sólo es el sistema más común para llegar a un embarazo, frente a otras tecnologías). Mientras se considere que hay una sexualidad normal y una pervertida, da igual el nombre que le pongamos. Se seguirán viendo como “cosas raras” (aunque estadísticamente siga existiendo una media que se suele confundir con la norma, aunque sigan existiendo los mismos delitos, cada cosa en su propio ámbito).

Lo mismo pasa con la transexualidad. Si seguimos creyendo que somos individuos con unos cuerpos masculinos, genitales masculinos, espermatozoides masculinos, cerebros masculinos, hormonas masculinas, instintos masculinos, genes masculinos, o bien, con cuerpos femeninos y genitales femeninos y óvulos femeninos y cerebros masculinos, hormonas femeninas, instintos femeninos, genes femeninos y que, entre unos y otros hay quienes están en el “lado equivocado” y que deben transitar al otro lado, no arreglaremos nada. Mientras sigamos creyendo que son dos polos opuestos y sigamos mezclando conceptos, machos y hembras, hombres, mujeres o lo que seamos… nos seguirá siendo igual de complicado entender las cosas.

Nos pasa lo mismo con la intersexualidad. Igual que con la transexualidad, creemos que la mayoría tienen penes y vulvas frente a lo que hay “algún caso raro” de vez en cuando. Nada más equivocado. Si aplicamos las cifras que se suelen manejar, se puede considerar intersexual un 1% de la población ¿parece poco? No si lo calculas sobre los millones que vivimos en España, en México… Una población inmensa que prácticamente no se refleja en las ideas que tenemos sobre nuestra realidad sexual.

Lástima que a comienzos del siglo XX se manejara una nueva visión, ante la que apareció la visión de Freud, Reich, etc y que fue elegida como la manera de entendernos. Como instintos que hay que satisfacer, como seres irracionales, como hombres y mujeres frente a otros casos que sólo eran objeto de terapia para “corregir su salud mental”.

Resulta curioso cómo nos empeñamos en querer “curar” a quienes no encajan en determinadas ideas en lugar de cambiar esas ideas para que se adapten a la realidad que se sigue dando una y otra vez.

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