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Dos mil cinco

27 May, 2024 at 11:24/ por

No me hace gracia la rima. No entiendo que se convierta en una maldición algo que se puede disfrutar tanto y que, en realidad, viene de esa mentalidad heterosexual y machista que respiramos constantemente, sin poder evitarlo. Hace gracia decir que se hinca una polla en el culo (esa es la rima en castellano, dudo que se haya extendido igual en Latinoamérica). “Por el culo te la hinco”, “que te den por el culo”, “que te follen” y todas esas maldiciones que sólo es posible hacerlas si te parece que, quién no sea la parte activa, es inferior. En realidad, inferiorizado. Me parece apropiado poner esta entrada a este post porque, si tienes 18, 19 o 20 años, quizá nadie te haya contado esto… El año que viene, 2025, hará veinte años, ¡sólo veinte años! que los hombres heterosexuales y cis (no trans) dejaron de ser las únicas personas con más derechos que el resto de personas en nuestro país.

Ese año fue la primera vez que dos hombres o dos mujeres (o secretamente, dos personas no binarias y otras tantas realidades invisibles) pudieron casarse legalmente y tener los mismos derechos que daba el matrimonio a las parejas heterosexuales. Siguen existiendo discriminaciones en el Registro Civil y las criaturas, pero es que, si nos ponemos a buscar discriminaciones, termino escribiendo 300 páginas… Esa ley de 2005 extendió los derechos derivados automáticamente del matrimonio también a gays, lesbianas y bisexuales… pero aún seguimos dudando con los derechos de personas trans.

Las mujeres heterosexuales ya podían casarse antes…. pero con una trampa. Ese año, también, fue la primera vez (desde 1932) en que las mujeres pudieron decidir divorciarse sin tener que pasar por un via crucis legal que se encargaron de mantener la iglesia católica y los sectores más conservadores. Fueron esos poderes sociales los que llamaron “divorcio exprés” a la ley de divorcio de 2005. Como si divorciarse de mutuo acuerdo fuese un problema, sin unos plazos y condiciones que convertían el divorcio aprobado en 1981 como una salida engañosa por la que era muy complicado salir… y a veces, imposible. Tu marido se podía negar y no aceptar ese divorcio.

No hace falta ser rojoprogretarraperroflautapodemita para criticar la ley de divorcio de 1981. El mismo BOE, la misma ley de 2005 explica, en la exposición de motivos los razones para aprobar la ley, en base a las consecuencias negativas que tenía la ley anterior.

Este es un extracto de esa ley: “la admisión del divorcio como causa de disolución del matrimonio constituyó el núcleo de la elaboración de la ley, en la que, tras un complejo y tenso proceso, aún podían advertirse rasgos del antiguo modelo de la separación-sanción. El divorcio se concebía como último recurso al que podían acogerse los cónyuges y sólo cuando era evidente que, tras un dilatado período de separación, su reconciliación ya no era factible. Por ello, se exigía la demostración del cese efectivo de la convivencia conyugal, o de la violación grave o reiterada de los deberes conyugales, una suerte de pulso impropio tendido por la ley a los esposos, obligados bien a perseverar públicamente en su desunión, bien a renunciar a tal expresión reconciliándose”.

En alguna de las meriendas en la mesa del comedor con mi abuela y mi madre escuché cómo, con la ley de 1981, algunos maridos suplicaban a la mujer quedar un día a tomar un café, a hablar, a sólo verse una hora… para esconder a un testigo cerca (amigo del marido) y, con eso, confirmar que ella había aceptado verlo, y que eso “demostraba” que no era tan cierto que ella quisiera divorciarse. Eso suponía “volver el contador a cero” en ese plazo de separación imprescindible previo al divorcio.

Sigo con otros fragmentos de esa exposición de motivos de la ley de divorcio de 2005:
“En ningún caso, el matrimonio podía disolverse como consecuencia de un acuerdo en tal sentido de los consortes. Estas disposiciones han estado en vigor durante casi un cuarto de siglo, tiempo durante el que se han puesto de manifiesto de modo suficiente tanto sus carencias como las disfunciones por ellas provocadas. Sirvan sólo a modo de ejemplo los casos de procesos de separación o de divorcio que, antes que resolver la situación de crisis matrimonial, han terminado agravándola o en los que su duración ha llegado a ser superior a la de la propia convivencia conyugal. (…) El ejercicio de su derecho a no continuar casado no puede hacerse depender de la demostración de la concurrencia de causa alguna, pues la causa determinante no es más que el fin de esa voluntad expresada en su solicitud. (…) Así pues, basta con que uno de los esposos no desee la continuación del matrimonio para que pueda demandar el divorcio, sin que el demandado pueda oponerse a la petición por motivos materiales, y sin que el Juez pueda rechazar la petición, salvo por motivos personales. (…) La ley prevé, junto a la anterior posibilidad, que ambos cónyuges soliciten conjuntamente la separación o el divorcio”.

Quién quiera puede leer la ley completa. En esa ley también se aclara que, antes de 2005, ya se aplicaban medidas menos restrictivas que las marcadas por la ley de 1981. Pero el problema que tenía esa decisión es que dependía del juez o jueza que te tocara. Y ya sabe, que la “suerte judicial” cambia mucho las cosas que, en un principio, deberían ser justas e iguales para todo el mundo…

Así que en 2025 tenemos algo que celebrar. Por lo menos, las luchas que van haciendo que los derechos se vayan extendiendo a todo el mundo, en una época en la que se hace creer que todo el mundo tiene ya DEMASIADOS derechos. No es raro que esa sea la impresión que puede tener un chico cis heterosexual que ha escuchado a sus padres, tíos y profesores quejándose de unos cambios que hace veinte años terminaron con una situación desigual que se había dado durante siglos.

Y no olvidemos que las personas racializadas son consideradas “personas”, con los mismos derechos que el resto… desde 1964, hace cincuenta años. Al menos, sobre el papel.

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