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El maltrato en pareja no es lo mismo que la tortura

6 May, 2024 at 8:00/ por
Tela de araña

El tema de maltrato en pareja es muy complicado para quiénes intentamos ayudar todo lo que podemos para que sea lo menos común posible. Lo sabemos de sobra. Todo el mundo lo puede estar viendo menos la persona que lo sufre ¿Por qué? Aparte de los mecanismos que tiene nuestra mente para protegernos cuando estamos en una situación así, porque la sensación DENTRO de la relación suele ser de estar el 95% del tiempo en calma y sólo tener unos pocos días en los que la situación se vuelve infernal.

Parte del lío viene de las palabras “maltrato” y “violencia”. Aunque, efectivamente, se están dando en la relación, quién está dentro, habitualmente, no percibe CASI NUNCA situaciones que puede identificar como tales. En general está muy bien con las rutinas que tienen en su relación. Mientras esas rutinas se repiten, todo está bien, hay risas, cariño, mimos… Esas rutinas, aparte de ir al trabajo (que ocupa muchas horas), suele incluir un montón de cosas: ver las amistades comunes, cuidar de la casa, de los peques, de los perros, recados… Mil cosas que dejan MUY MUY poco tiempo para poder hacer otras cosas.

Pero si la situación vital permite, en ese MUY POCO tiempo libre que le queda a la persona bajo control, tener contacto con alguien fuera de ese círculo de trabajo+amistades comunes+peques+animales+estar en casa, es cuando surge la crisis. Da igual quién termine teniendo razón, si termina con arrepentimiento y luna de miel o si termina con una vuelta calmada a la rutina. Lo que importa es el aprendizaje: Se necesita que el cuerpo aprenda que, cada vez que se sale de la rueda de hamster de la rutina diaria, se sufre una descarga eléctrica.

Lleva mucho tiempo estudiado que, si recibes cualquier tipo de castigo sin entender la razón por la que te sucede, terminas aprendiendo que lo que debes hacer es esperar a que pase el mal momento. Que no hay escapada posible. La indefensión aprendida. Eso signfica que, cuando está la puerta abierta, cuando no hay posibilidad de que te caiga la descarga eléctrica… prefieres no salir. Y ya tu cabeza inventará la justificación que le haga falta para que parezca razonable que lleves tanto tiempo sin salir de casa cuando te apetece sin ninguna tarea pendiente en casa ni en el trabajo.

Como sabemos quiénes trabajamos en estas cosas, da impresión que lo más efectivo es cuando esas personas ven esa situación en OTRA PERSONA. En ese momento se dan cuenta. O no. Un proceso largo para el que, afortunadamente, tenemos libros que nos dan pistas.

Y mientras, alucinas, escuchando los gritos en el vecindario por la noche… muy de cuando en cuando. O sabiendo de un nuevo plan público del negocio donde la han enredado y sabes que a ella la están maltratando. Hay mil casos diferentes, pero todos tan parecidos a las sensaciones de los casos que cuenta Olga en su libro. Pasan meses de una vez a otra, pero ahí están los estallidos. Para nada una situación como para llamar a la policía. Cada pequeña conducta no es un delito. Solo una complicada maraña en la que cada hilo es tan frágil como el de una araña… pero qué todos juntos son una maraña que se te pega y de la que no sabes cómo salir… ni sabes por qué deberías salir, cuando se está tan a gustito si no intentas escaparte.

Lo único que hay en común cada vez es la tensión antes y el agotamiento después, hasta que todo se calma de nuevo. Y una vez que has vuelto a esa parcela de tranquilidad, esa parcela cada vez más pequeña, a esa rutina de vida cada vez más limitada, puedes respirar esperando que no vuelva a pasar nada malo, porque no quieres ni sentir esa tensión ni ese agotamiento. No sabes muy bien cómo ha vuelto a pasar. Pero lo que sí notas es que, si no te sales de la rutina, todo parece ir bien.

Y así, con calma, con esa tranqulidad sin acercarse a los límites que hacen saltar la alarma, van pasando los meses, los años…

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