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Es imposible que no crezcas siendo machista, racista, capacitista, eurocentrista, capitalista, colonial…

30 November, 2020 at 9:00/ por
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NO MONOGAMIAS Y RACISMO

En charlas y talleres sobre poliamor y no monogamias suelo comentar algo en lo que nadie (de quienes están participando) parece darse cuenta hasta que lo comento: Curioso que en el 99% de estos eventos todo el mundo tengamos la piel taaaaaaaaaaan blanquita.

Y a eso suele seguir la perplejidad (quizá la que sientes ahora) al pensar “¿¿y qué tiene que ver una cosa con la otra, las no monogamias con ser una persona racializada???”. Eso que acabas de experimentar es la vivencia en primera persona del privilegio*.  Son esas cosas que le complican la vida a quién está más abajo, pero que tú NI VES cuando estás más arriba.

Seguramente la pregunta siga dando vueltas en tu cabeza: “Pues, la verdad, no entiendo qué problema puede tener una persona racializada para ir a un evento relacionado con el poliamor o las no monogamias”. Esa es la misma experiencia que se tiene con todas las situaciones desiguales en la vida que se dan de forma estructural. Es estructural (sin enrollarme mucho) porque no impedís en primera persona que una persona racializada entre en un evento de no monogamias, no discrimináis a esa persona… que ya lo tiene muy complicado desde el minuto uno, independientemente de que se lo hagas tú más complicado, o no, una vez supere todo lo que tiene que superar para llegar al evento.

Afortunadamente cada día se va escribiendo más sobre el tema. Voy leyendo, traduciendo, contando lo que me voy encontrando (gracias a @heroedesillon y otras fuentes que ya compartí hace casi dos años, y la fuente en inglés hace cinco, pero quizá entonces no te interesaban). Pero lo mejor que puedes hacer es leer a quienes experimentan esa discriminación que sigues sin ver. Como sucede a menudo, en español no hay mucho sobre el tema, en inglés hay muchísimo.

 

 

LO QUE NO PODEMOS VER: LA CULTURA EN LA QUE HEMOS CRECIDO

Mas arriba hablaba de privilegio, y ponía un asterisco para explicar a qué me refiero, cómo uso el concepto. Cuando hablo de privilegio, intento usarlo en el sentido que lo utilizaba quién popularizó el tema (precisamente para hablar de racismo), Peggy McIntosh, en la segunda parte de este post. Copipego parte de la entrevista:

PEGGY MCINTOSH:La clave es dejar que la gente cuente su propia experiencia. Así dejarán de enfrentarse. Uno de mis colegas en SEED decía «si no dejas a tus estudiantes hablar sobre lo que saben —algo que los colegios no hacen generalmente— seguirán haciendo lo que la sociedad dominante quiere que hagan, que es que se destrocen mutuamente». A quienes están luchando entre sí no se les permite que sus propias vidas se conviertan en la fuente de su propio crecimiento y desarrollo. Adrienne Rich escribió, al comienzo de Women’s Studies «Nadie nos dijo que tenemos que estudiar nuestras propias vidas, hacer un estudio de nuestras vidas».

ENTREVISTADOR: Parece que, para usted, hablar de privilegio no tiene que significar que lleve a enfrentamientos; debe ser una especie de terapia.

PEGGY MCINTOSH: Yo no lo llamaría terapia, porque la psicología no es muy buena incorporando el punto de vista sociológico. Pero tiene que ver con trabajar sobre tu propia biografía para entender que estás dentro de un sistema, y que los sistemas están en ti. Tiene que ver con mirar a tu alrededor como hace la sociología y ver los patrones que sigue la sociedad, al mismo tiempo que manteniendo un equilibro y respetando tu experiencia. Ver la opresión del resto es, por supuesto, importante. Pero también lo es ver cómo el sistema nos oprime”

A ese privilegio me refiero cuando aprendemos y reproducimos (como no puedes ser de otra manera) lo que hemos aprendido de nuestra cultura. En eso consiste una cultura. Y es imposible que exista un ser humano criado fuera de la cultura. No me refiero al daño intencionado a otra persona, o el daño por desconsideración, por no reconocer a otro ser humano la misma dignidad que a ti. No, me refiero a cuando reproducimos esas mil cosas de las que no nos damos cuenta.

¿Un ejemplo? Seguramente crees que si te esfuerzas, si te preparas, si eres buena persona, llegarás a un punto en que las cosas son mejores en el futuro. Esa idea (la que está en el fondo del concepto de progreso, por ejemplo) es el mito judeocristiano del paraíso al que llegas gracias a tus buenas acciones. Y seguramente te cuesta no creer que en la vida las cosas funcionan así. Es normal, porque es la cultura en la que te has criado y es lo que te repite tu cultura cientos de veces al día a través de quienes te rodean, de lo que lees, de lo que ves… Es muy poco probable que tengas la creencia de otras culturas, como que la vida es cíclica. Puedes adoptar la idea del eterno retorno como puedes adoptar el taoismo en occidente, pero no deja de ser importar conceptos fuera de su espacio lógico (el taoismo era, por poner un ejemplo, un equilibrio lógico al rígido confucionismo. Para saber más, puedes preguntar a @brunomartinezsexologo en instagram).

Es muy difícil darse cuenta de todas las facetas de nuestra cultura que nos hemos criado. Por eso decía lo de personas racializadas en las no monogamias. Pero que nos pasa en TODAS las facetas de nuestra vida, ya que la cultura está en TODAS ellas. Es complicado darse cuenta de que podemos tener un enfoque capitalista en la forma en la que follamos, al creer que es una técnica que se puede mejorar. Es complicado darse cuenta de la visión colonial que implica un museo, tener un móvil o la oferta que queremos tener a nuestra disposición en un supermercado. De lo imposible que es salir de casa si tienes diversidad funcional porque el mundo ha sido diseñado para un determinado nivel de capacidad que no incluye a todo el mundo. De lo machista que es la cultura en la que nos hemos criado y que, por ejemplo, reproduzcamos el enfoque heroico al hablar de logros masculinos y destaquemos la parte emocional de los logros femeninos, y los miles de matices estudiados por el feminismo. La lista es infinita.

No menciono el privilegio como un poder utilizado contra otras personas (afortunadamente, mala gente hay poca), sino como esa situación en la que estamos, en la que nos hemos criado, y nos complica nuestras interacciones con otras personas. Nos hace complicado entender por qué le parece tan importante algo que en nuestro caso no es tan tan tan importante.

Ese privilegio, trasladado a nuestras relaciones, es el que hace complicado entender lo complicadas que son las cosas para quien tiene menos dinero que tú, quien tiene una situación familiar más complicada que tú o porque su familia de origen vive más lejos, que quien tiene dependientes a su cargo, que a quien se considera que no es parte (normalmente “no ha nacido”) en la cultura en la que vives permanentemente, que quien no “tiene papeles”, que quien tiene un capital social menor que el tuyo, quien tiene menos atractivo/carisma/habilidades sociales que tú, que quién ha tenido experiencias traumáticas en su vida (lamentablemente eso hace más probable que experimente más, no menos, experiencias de ese tipo), que a quién se ha educado para que entienda que tiene menos derechos que tú, entre los que está, la educación dada a las mujeres.

 

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MACHISMO DE SERIE

Todo este post ha venido de leer este tuit de Beatriz_efe sobre la entrevista a Alex* que enlaza y sus comentarios. (**”El actor Álex García, conocido por su papel en Antidisturbios y por interpretar a uno de los violadores de La Manada en la obra de teatro Jauría)  Tema que siguió desarrollando en este hilo.

Y todo este post es para contextualizar por qué da igual lo que se quiera deconstruir la propia masculinidad. No es algo que vas a hacer mirándote en el espejo, sino mirando a quien tienes enfrente. Escuchando. Mirando. Aprendiendo. Viendo su reacción, su comentario, su decepción, mirando lo que has provocado y, por ejemplo, yendo a terapia para trabajar parte de esas cosas. O leyendo todo lo que hay escrito (que es mucho, elige a tu autora preferida, porque hay miles). O escuchando. Nunca es tarde para aprender (pero sí para dejar de hacer daño a tu alrededor). Todo este post es para darse cuenta por qué, desde una educación masculina, por ejemplo, es imposible ser consciente (por ciencia infusa) de muchos de los problemas que se viven si se ha recibido otra educación. Es algo que ni se te ocurre (¿has resuelto ya la duda de por qué es tan complicado asistir a eventos relacionados con no monogamia si eres una persona racializada?). A ese tipo de privilegio me refería.

Con esa situación más privilegiada que la de las personas que nos rodean (siempre estamos en una situación más privilegiada en alguna faceta, y a eso hay que sumar la interseccionalidad) no quiero decir, en absoluto, que no se pueda cambiar. Al revés. Nuestra parte más humana es la de reconocer a la otra persona, en considerarla igual de digna que tú y escuchar lo que te está contando, ver y entender las experiencias por las que está pasando, saber qué puedes cambiar para vivir en un mundo menos cruel.

Cuando hablo de cambiar, me refiero a hacerlo desde esa humanidad, en sintonía con tus tripas y tus emociones, el momento en el que estás, lo que eres capaz de hacer, con la devolución de lo que te dice tu entorno y mil matices más. Pero es que he visto cosas muy duras saliendo desde otras emociones y enfoques que olvidan las emociones con las que debemos de convivir cuando tenemos que arreglar el avión al mismo tiempo que volamos en él, o cómo dice, la Vasallo, desmontar el andamio en el que estamos todo el rato. Desmontarlo sabiendo que vivimos permanentemente en él. Y en red, en equipo, es la única manera de hacerlo. Eso sí, creo que las redes sociales nos puede ayudar a darnos cuenta, como el tuit de Beatriz. A poner el foco sobre algún tema.

Pero creo que nos va a ayudar poco debatirlo en redes sociales. Ayer enlazaba a @mcnolys un artículo escrito hace casi 15 años para explicar las “flame wars” en los foros de entonces, y que se sigue repitiendo en las redes sociales. Para resumir, cuando leemos algo, como este texto, tendemos a creer que sabemos con qué tono está escrito. Si nos preguntan en qué porcentaje diríamos que podemos acertar, diríamos que acertamos 7 de cada 10 veces. La realidad es que acertamos sólo 5 de cada 10, la mitad de la veces. Es decir: tenemos tantas probabilidades de saber interpretar el tono de algo escrito como si lo decidiéramos a cara o cruz. A eso suma que sea un tema que te toca emocionalmente, y ya tenemos la explicación de por qué son inevitables las guerras en las redes sociales y por qué no vale mucho la pena entrar en ellas: la mitad de las veces interpretamos mal el tono de lo que nos han dicho.

Con este post, no pretendo en absoluto dar respuesta a todo este debate que es permanente, un diálogo entre mucha gente. Igual que la tarea de comprender qué queremos cambiar en nuestras vidas y hacerlo. Algo que, si queremos, nunca se termina.

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