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Las revoluciones sexuales (masculinas)

31 March, 2015 at 14:34/ por
https://www.flickr.com/photos/koshiro_kun/13369361364/

No podemos tener testimonios de primera mano de la Edad Media, porque los relatos amorosos eran escritos entonces únicamente por hombres, así que no sabemos qué pensaban ellas. Pero sí los hay de la “liberación sexual” de los años 60 en California o de los 70 en España cuando llegaron aquí los débiles y deformados ecos de esa revolución. Y hay un componente dentro de esas superación de las normas sociales que se dio en los años 60 que pocas veces se señala: Lo bien que se adaptaban esas revoluciones a la conducta sexual típica masculina.

En los 60 en EE.UU. dejó de considerarse que el sexo estuviese limitado al dormitorio conyugal, se convirtió en admisible que sucediese fuera del matrimonio pero aun así con un lastre que podemos ver actualmente: un hombre que una noche tiene sexo con 5 mujeres es admirable, una mujer que tiene sexo con cinco hombres… ya no lo es tanto, se le consideraba (y considera) un putón, una golfa y toda la sarta de insultos que conocemos. Con lo que ellas, si quieren “liberarse” deben de hacerlo dentro de la órbita del amor, de la relación emocional, deben disimular sus “pulsiones” y quedarse sólo con la parte “espiritual” de su arrebato: El amor a primera vista. Frente a esa sexualidad, la masculina sí permite que el arrebato sea sexual, y tiene un carácter más “acumulativo”: Cuantos más centímetros mejor, cuantas más gente en la orgía mejor, cuantas más mujeres mejor, cuantos más orgasmos mejor, cuantos más minutos mejor. El reino del número.

En los 70 en España era algo similar, y la sexualidad masculina no era diferente a la del resto de Occidente. En todo caso era una sexualidad que venía de (intentar) desarrollarse en una inmensa represión religiosa. La dinámica que se daba entre amistades en aquel entonces, como han comentado mujeres que lo vivieron y nos lo han contado en charlas de Golfxs con principios, era acceder a hacer cosas que no apetecían demasiado para no ser la “estrecha” del grupo, la recatada. “¿Qué me cuesta?” es la justificación mental a la que se recurría —y se sigue recurriendo— para hacerlo aunque no se tengan muchas ganas.

https://www.flickr.com/photos/longhairthai/2936543584/

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En el ambiente swinger sucedió —en los EEUU— y sucede —en todas partes— algo distinto. Un ambiente que en general gira en torno a las parejas heterosexuales, donde ellas son bisexuales por defecto y donde rara vez se ve con buenos ojos la bisexualidad masculina generalizada, aunque se toleren las excepciones. Dinámicas que giran en torno al orgasmo masculino, a los ritmos masculinos. Resulta curioso, como síntoma, que sea prácticamente imposible ver mujeres utilizando vibradores ¿para qué, con tantas pollas, lenguas y manos alrededor?. Como si los vibradores fuesen una competencia mal recibida, un mal sustituto…cuando es mucho más eficaz. Bien lo saben los fans de los modelos más potentes de vibrador. Y también es poco común que las parejas se permitan tener experiencias por separado, excepto si es en el mismo local la misma noche, para reunirse después.

De esa “perspectiva masculina” no se fue consciente cuando se comenzó a popularizar el poliamor en España. Se pensaba en el mencionado paraíso del amor en que la honestidad iba a extenderse milagrosamente en todas las relaciones al implantarse el poliamor en el cerebro de todo el mundo… Fue Brigitte Vasallo quien empezó a hablar de los “cadáveres emocionales” que iban dejando las personas que entraban en el poliamor sólo pensando en su propia satisfacción, dándole igual las consecuencias a su alrededor de sus conductas poco éticas, y que tampoco veían necesario cambiar ¿Para qué? “Yo sólo quiero tener dos o más parejas a la vez…” Han entrado en el ambiente poliamor para disfrutar y punto. El amor libre reencarnado, en su versión más pragmática. Allá vamos otra vez. Y si no se han desmontado muchos lastres del pasado, seguirán siendo parte del ecosistema no-monógamo. Ahí estaba el de la sexualidad masculina demandando cero compromiso con quien se relaciona, algo muy antiguo, y de nuevo con una justificación teórica.

https://www.flickr.com/photos/ariesandrea/389282869/

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Frente a esa situación Vasallo propuso la “revolución de los afectos”, la dinámica de los “cuidados”. Como herramienta útil para no caer de nuevo en las mismas dinámicas del pasado, cambiar la lógica militar (conquista, competencia, rendirse…) por la amistad, por los cuidados. Si no nos están cuidando, si se desentienden por completo de la otra persona ya estamos de nuevo en el terreno del “sexo y punto”.

¿Tiene algo de malo el “sexo y punto”, el llamado sexo por sexo? En absoluto… excepto cuando se inventan las excusas que sean (promesas de amor o teorías más o menos elaboradas) para volver al mismo punto que ya conocemos.

Como herramienta, la perspectiva de los cuidados es útil… si se tienen en cuenta otras circunstancias que, de nuevo, desequilibran esos cuidados. Esas circunstancias son que en el sur de Europa los cuidados (sea de menores, personas mayores o enfermas) está cargado de manera muy mayoritaria en las mujeres (como señala siempre Vicenç Navarro, y se puede leer en el apartado “Las consecuencias del escaso desarrollo de ayudas a la vejez” en este texto). Son educadas desde muy pequeñas para que en el caso de que haya que cuidar a alguien ellas sean, por defecto, las encargadas de hacerlo. Y como tienen práctica en hacerlo, son mucho mejores en ello, por lo que ante la disyuntiva de si encargarse ella o ver como lo hacen hombres sin ninguna práctica en ello, deciden asumirlo. Y cuando ellos deciden asumir parte del trabajo, esperan que haya alguien dando asesoramiento, supervisando, dando esa “educación” de cuidados que no han tenido, con los que las mujeres se encuentran con el trabajo doble de tener que “educarlos” al mismo tiempo que deben encargarse de todas las tareas de los que ellos no son conscientes que existen y que hay que resolver de la misma manera. “La mujer sigue asumiendo el 80% de los trabajos domésticos” y la mayor parte de los cuidados a dependientes.

Asi, al no haber recibido una eduación similar para cuidar, los cuidados no van a ser simétricos, ellas sentirán mayor presión para asumir esos cuidados, mayor presión social si no los llevan a cabo y presa más fácil del sentimiento de culpa si sólo se preocupan de sí mismas. Por lo tanto, una lógica de los cuidados sin ser conscientes simultáneamente de la asimetria a la hora de asumirlos puede llevarnos, de nuevo, a la casilla numero uno, a estar jugando a dos ligas diferentes sin ser conscientes de ello.

De todo esto se deduce que hace falta que atendamos especialmente a esas asimetrías para evitar seguir inercias que llevan muchos años, décadas e incluso siglos a nuestro alrededor. Y no es fácil evitarlas y no caer en ellas antes o después. Es más fácil hacer lo que hace todo el mundo, no ir contracorriente, aunque no sea lo más razonable. Parece que es muy fácil volver a caer en lo mismo una y otra vez, el reino del número.

 Fuera de las relaciones heterosexuales se dan otros problemas, en su mayor parte herencia de no haber desmontado los “mitos del amor romántico”, con lo que se termina pasando de esa mitología a los mitos del poliamor romántico, con los mismos dramas que ya se tenían antes. Pero lo que en un principio era un culebrón con tu pareja… pasan a ser varios culebrones simultáneos con tus parejas. Y claro, no es raro que, quien se mete en la no-monogamia de esa manera, se platee si le compensa tanto disgusto.

 

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