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Mis principales recomendaciones prácticas para las relaciones no monógamas (2): Los acuerdos, pactos, normas y límites

18 March, 2020 at 19:48/ por
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Muuuy a menudo leo posts, textos, artículos y comentarios en redes sociales buscando una serie de reglas mínimas, de acuerdos o pactos recomendables para tener una relación no monógama. En ese caso suelo recomendar que cuando salgan a la calle (o en la tele o en internet) vean formas “creativas” de aparcar mal. Te puedes fijar la próxima vez que puedas salir de casa: ocupando dos plazas, en doble fila con señales de emergencia, medio coche dentro de la zona prohibida y medio fuera, con las ruedas de un lado sobre la zona ajardinada, en una esquina para no pagar plaza de aparcamiento y un infinito etcétera.

Es decir: algo tan sencillo como aparcar, que tiene miles de personas vigilando que se respete, con multas, con grúas que se llevan tu coche, señales y muchas leyes se sigue sin respetar si no se tiene intención de hacerlo. Y si le preguntas a esa persona, muy probablemente, te dirá que es razonable hacerlo porque solo son dos minutos, porque necesita aparcar cerca del portal, porque siempre lo ha hecho así…

Cuando se pregunta por acuerdos, normas y pactos, se piensa en un momento concreto de la relación. Y cuánto más se quiere concretar, más y más se centra la mirada en el momento presente, en qué es justo y qué no, y va desapareciendo algo fundamental en medio de ese lío: ¿cómo han sido otros muchos acuerdos con esa/s persona/s a lo largo de la relación?¿los respetaba/n?¿llegaba/n a un acuerdo sin pulsos interminables?¿se lo toma/n como una cuestión de ganar o perder?¿está/n tanteando los límites constantemente, como en la adolescencia, viendo hasta dónde es posible forzar la relación?¿manipula/n, presiona/n, persuade/n?¿evitan todo compromiso?¿no asumen ninguna responsabilidad a medio plazo?¿cuál es la sensación al final de cada acuerdo: agotamiento, frustración, decepción, resignación?

Porque aquí los acuerdos no serán ante notario. No son más que acuerdos basados en la buena voluntad, cruzando los dedos para que salgan bien. Y todo depende de la intención, de quiénes llegan a esos acuerdos, de su capacidad de autocrítica, de su capacidad de autoconocimiento, sus habilidades para la planificación colaborativa, pero también de su capacidad de para manipular, presionar, persuadir, su posición social, su entorno familiar, su clase social… Es un cóctel mucho más complejo que un decálogo.

Como contaré en el post siguiente, la clave práctica no está en esos contratos sino en la confianza mutua (demostrada), la capacidad de hablar sobre ellos sin convertirlo en una discusión que haga más daño que bien y conectarse todo lo posible con tus propias emociones para ver qué te dicen…y tener un entorno o, si puedes permitírtelo, terapeuta que te ayude para darte la visión de alguien desde fuera de esa relación. La clave no es hasta dónde llegará la otra persona superando el acuerdo; la cosa es ¿dónde está tu límite?¿dónde dices “por ahí no paso”?

Como muy acertadamente decía alguien en un artículo que publicará pronto (traduzco) sobre lo que ve al tratar con el poliamor y las no monogamias:

“Cuando lo analizas, el “consenso” comienza a parecer algo vago y abierto a interpretaciones, no un concepto legal preciso, y a veces parece simplemente una frase hecha. El consenso ¿es un contrato, un acuerdo, una promesa, una garantía, un ideal ético?¿o una cortina de humo? Incluso asumiendo que haya personas poliamorosas que hayan alcanzado realmente el consenso con todas las personas involucradas ¿podemos suponer también que haya un buen número de gente que dice ser poliamorosa, exagerando o mintiendo sobre su nivel de consenso para darle cierta pátina de respetabilidad a sus aventuras extramatrimoniales, promiscuidad y hedonismo [sic]? Eso es lo que van a pensar quienes lo ven con escepticismo”.

 

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¿Por qué las no monogamias piensan tanto en la ética?

No existe una Constitución del Buen Poliamor, o la anarquía relacional o lo que sea. Todas las propuestas alternativas al matrimonio, desde finales del siglo XVIII, aspiran a algo mejor que el matrimonio… porque nacieron explícitamente como una forma de evitar la esclavitud de las mujeres en esa institución, y se suele poner como punto de partida un referente de los feminismos, Mary Wollstonecraft.

“Wollstonecraft fue una de las primeras mujeres que contribuyeron al movimiento de amor libre con sus obras literarias. Sus novelas criticaron la construcción social del matrimonio y sus efectos en las mujeres. En su primera novela, Mary: A Fiction, escrita en 1788, la heroína se ve obligada a un matrimonio sin amor, por razones económicas. Encuentra el amor en la relación con otro hombre y una mujer.” (fuente: wikipedia)

Otras fuentes alternativas a la wikipedia, si se quiere ampliar mucho sobre el tema, las di hace cuatro años cuando resumí el artículo académico de Klesse, que reune los nombres más importantes de las mujeres que han contribuido de alguma manera a la critica de la monogamia. Es fácil (y entretenido para una cuarentena) googlear toda esa serie de nombres, sus obras y estudios posteriores sobre ellas.

A ese fondo político que tenía el amor libre (como libre de Estado e iglesia, no como amor libre “hippie”) se sumó la aspiración a un mundo mejor de los primeros grupos poliamorosos (que se puede leer en “Un puñado de amantes”, texto donde aparece por primera vez el término “poliamoroso”: `parte 1, parte 2 y parte 3) bajo la influencia de los movimientos contraculturales y los de autorealización personal. El texto es de los 90, pero el lío lo comenzaron a inicios de los 60. En los setenta aparecen lo que ahora viven en Tamera y nacieron en los setenta en Alemania (aparecen en estudios sobre no monogamia pero su web solo está en inglés, alemán o portugués), se sumó la anarquía relacional de la mano de Andie Nordgren a principios de los años 2000, y aportaciones desde los feminismos desde hace 20 años, de Mogrovejo a la Vasallo…

A eso sumaría que el poliamor se hace muy visible en 2005 y surgen como el tercer grupo no monógamo, frente a la “no monogamia NO consensuada” (o sea, las “infidelidades” de toda la vida) y al ambiente swinger. De ahí esa necesidad constante de diferenciarse de la falta de honestidad de uno y de la importancia central del sexo en el otro. Pero, como he dicho, el que en teoría se hable constantemente de ética no significa, necesariamente, que se aplique, que sea capaz de tener la perspectiva necesaria para aplicarla o saber cómo hacerlo bien… en algo que tenemos muy pocos referentes.

 

 

 

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