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Nadar y guardar la ropa: Las críticas de Masters y Johnson a las propuestas no-monógamas (1)

19 July, 2017 at 9:30/ por
George Tames/The New York Times

Me acabo de inventar el término “POP-liamor” o “poliamor pop” del mismo modo que se usa para la psicología pop: Recetas simples para solucionar tu vida que además de ser engañosas, complican la vida por hacer creer, a quien lo intenta y falla, que está haciendo algo mal. Le llamo pop-liamor a las propuestas no-monógamas que hacen creer que moverse fuera de una estructura tan omnipresente y omnipotente como el pensamiento monógamo o nuestro aprendizaje emocional es tan sencillo como montar un mueble de Ikea o contratar un vuelo en globo.

A la hora de encontrar posturas críticas bien fundamentadas respecto a las propuestas no-monógamas simplistas, resulta una ayuda inesperada leer a Masters y Johnson. Pero la verdad es que en su caso, en los años 70, también se encontraron en una época en que el matrimonio entraba en decadencia respecto a las décadas pasadas y tener una “pareja abierta” parecía lo más moderno del mundo.

 

https://www.flickr.com/photos/brizzlebornandbred/9175200216/

https://www.flickr.com/photos/brizzlebornandbred/9175200216/

 

El problema de las posturas críticas hoy día, en estos tiempos de redes sociales donde todo se quiere reducir rápidamente a blanco o negro, a conmigo o contra mí, es que se cree que toda crítica invalida inmediatamente el objeto de su crítica. Y también sucede que, con la misma superficialidad, es rápidamente aprovechado por quienes nunca han estado de acuerdo con esas ideas, como el ABC criticando el matrimonio “progre”… usando una obra de teatro de los años 80.

Con todas estas observaciones previas, sí me parecen muy interesantes las observaciones que hacen sobre el tema Masters y Johnson en “El vínculo del placer”, libro del que ya he dicho más veces que soy ultrafan, desde que me lo recomendaron en el máster. Eso sí: Para leerlo hay que “traducir” lo que leemos, ignorar algunos puntos de vista propios de la época o leer “pareja” donde dice “matrimonio” o leer “miembros de la pareja” donde pone “hombre y mujer”, aunque lo que escriben lo hacen pensando también en parejas de hombres o mujeres, como queda claro alguna vez que lo explicitan.

Separo en dos posts el fragmento del último capítulo de “El vínculo del placer”. Como he dicho, me parecen observaciones interesantes a tener en cuenta a la hora de valorar si queremos tener relaciones no exclusivas. No lo comparto con la idea de desautorizar el tipo de relaciones que me parecen viables y que yo tengo, obviamente, ni tampoco como aval de autoridad para defender la monogamia. Simplemente, que no me parece que William y Virginia digan tonterías sobre el tema, sino valoraciones muy humanas, muy aterrizadas, sobre lo que se va a ir buscando comúnmente en una relación romántica/afectiva o sexo/afectiva.

Este es el fragmento. Como agradecimientos, señalar que compartirlo hubiera sido imposible sin la colaboración de @heroedesillon.

 

fuente: http://www.todocoleccion.net/libros-segunda-mano-psicologia/el-vinculo-placer-un-nuevo-enfoque-compromiso-sexual-masters-johnson~x48706549

fuente: http://www.todocoleccion.net/libros-segunda-mano-psicologia/el-vinculo-placer-un-nuevo-enfoque-compromiso-sexual-masters-johnson~x48706549

 

“Algunos críticos sociales que reconocen este hecho sostienen que, si bien el matrimonio seguirá siendo el módulo fundamental sobre el que descansará la sociedad, elegido espontáneamente como forma de vida por la mayoría de las personas, el compromiso conyugal no seguirá ya incluyendo la exclusividad sexual. Argumentan que el concepto de fidelidad está pasado de moda y debe ceder el paso a un arreglo flexible que permita tanto al marido como a la mujer entregarse a contactos sexuales extramatrimoniales. Hay propuestas más radicales que en esta libertad incluyen no sólo la tradicional aventura heterosexual, sino la gama completa de combinaciones hombre-mujer, incluyendo encuentros casuales, triángulos domésticos, intercambios de pareja, matrimonio por grupos y, dentro de los diversos arreglos, la aceptación de relaciones bisexuales.

Este tipo de conjeturas, que repudian totalmente los principios establecidos del compromiso sexual, no son tanto hijos de la disciplinada observación de lo que necesita la mayoría de la gente para llevar una vida sexualmente efectiva, como de racionalizadas fantasías sobre la forma en que deberían vivir. Cuando semejantes ideas están planteadas con imaginación, como sucede en algunas novelas, aparte de constituirse en agradable literatura de evasión pueden incluso llegar a sacudir los prejuicios del lector. Claro que también pueden provocar aprensiones en los lec- tores más maduros para quienes tales conceptos, sin ser detestables, son incongruentes con otros valores que merecen su respeto y su confianza.

 

kimchi

 

Tales escritores, lo mismo que muchos autores que no escriben obras de ficción, ponen los placeres del contacto sexual totalmente al servicio de la autogratificación, prestando tal vez un momento de cortés atención a las necesidades de cualquier orden de una eventual pareja. Rechazan la idea de que el sexo pueda tener algo que ver con unas consideraciones tales como la intimidad, la discreción o la sensibilidad estética. Y lo que ellos consideran emancipación de la mojigatería victoriana se parece más bien al exhibicionismo, y no está en un nivel muy alejado del de los adolescentes que se divierten bajándose los pantalones para fastidiar al desprevenido viandante mostrándole el trasero. No es extraño, pues, que consideren que el vínculo que el compromiso sexual crea entre un hombre y una mujer es algo tan anticuado como un cinturón de castidad.

Esta gente es libre, y por cierto que debe seguir siéndolo, de comportarse de acuerdo con las normas que elija y de creer en cualquier racionalización que necesite para justificar ese comportamiento. El problema reside en el hecho de que, cuando algunos individuos con formación profesional -incluyendo campos tan delicados como la psiquiatría, la psicología yel sacerdocio- llevan a la práctica sus personales fantasías eróticas y escriben sobre sus experiencias, están transmitiendo una consigna que implícitamente exhorta al lector a hacer lo mismo. Esto equivale a impulsar sin responsabilidad alguna a la gente para que salte a la profundidad de un río lleno de peligrosas corrientes, pasando por alto el hecho de que tal vez no sepan nadar.

 

Una de las guías que sí tiene en cuenta las situaciones de cada cual

Una de las guías que sí tiene en cuenta las situaciones de cada cual

 

El éxito de estos libros, de algunos de los cuales se han vendido millones de ejemplares, no puede ni debe ser atribuido exclusivamente a su innegable capacidad de estimular la imaginación. Indica también la existencia de una difundida necesidad de información, una comprensible y casi insaciable curiosidad pública por las variedades de la expresión sexual, tema que hasta hace muy poco tiempo la censura mantenía en el misterio.

La libertad social para expresar tal curiosidad va acompañada de una actitud de insatisfacción con los rígidos códigos de comportamiento del pasado. Este enfrentamiento con la antigua rigidez es parte de un sano escepticismo en lo relativo a los valores sexuales. Se caracteriza por un enfoque pragmático de la experiencia sexual que puede colmar la vida con más excitación y oportunidades para el placer pero que también la colma de más peligro y posibilidades de dolor.

Con el abandono de las reglas prescritas, que se basaban en un concepto teológico de la virtud y el pecado, cada individuo se ve ahora obligado a forjarse su propia serie de valores éticos y morales, con la esperanza de que le sirvan a lo largo de los años. Incapaz de lograr un efectivo funcionamiento de su vida sexual tomando como base de su conducta los mandamientos de la Palabra de Dios devora palabras por millones en periódicos, revistas y libros en busca de que le enseñen algo sobre su propia y particular naturaleza. Debe aprender a distinguir hechos de ficciones, realidades de quimeras y razones de racionalizaciones.

 

https://www.flickr.com/photos/ssoosay/6834395078/

https://www.flickr.com/photos/ssoosay/6834395078/

 

Cuando se trata de la sexualidad extramarital, conseguirlo es difícil, porque es un tema que pone en juego la fundamental paradoja humana. Una persona se siente más plenamente viva cuando puede sentirse estimulada por el desafío de lo desconocido y contar, sin embargo, con la seguridad de lo conocido para que le dé la confianza necesaria para intentar algo diferente de lo intentado en el pasado. El placer de estar vivo depende en considerable medida de la capacidad de un individuo para incluir en su vida ambos elementos y para tener tanto control como le sea posible sobre la medida en que uno u otro de esos extremas polares es dominante en cualquier período determinado.

Para muchas personas, sin embargo, un matrimonio monógamo significa poner término a esta alternancia entre lo nuevo y lo viejo, entre lo que desafía y lo que tranquiliza… por lo menos, en lo que se refiere al sexo. Carecen de imaginación o de motivación para revitalizar el interés sexual en su propio matrimonio, y la única variedad que se les ocurre es la variedad de parejas. Como esto les parece moralmente inaceptable, o por lo menos arriesgado, optan por la seguridad y, aunque sea de muy mala gana, aceptan como un hecho que la monogamia se convierta inevitablemente en monotonía.

 

“American Gothic”, de Grant Wood. 1930
https://en.wikipedia.org/wiki/American_Gothic

 

Pero el deseo de que pudiera ser de otra manera no ceja en su intensidad, de manera que cabe esperar que muchísimos hombres y mujeres de hoy, que creyeron hasta ahora en la fidelidad sexual como en un ideal digno de ser mantenido -aunque ellos no pudieran mantenerlo-, estén fascinados por los argumentos que se aducen en defensa de los contactos sexuales fuera del matrimonio. Tales personas quieren a medias que se las persuada de que tener una pareja matrimonial no significa necesariamente no tener más que un pareja sexual, de que cualquier pareja moderna debe ser capaz de hacer frente con soltura al desafío de los contactos  extramatrimoniales sin perder por eso la seguridad de su matrimonio. Mirado de cierta manera, esto equivale a ofrecer a ambos cónyuges la oportunidad de nadar y guardar la ropa. Mirado desde otro ángulo, equivale a una cura mágica de la lánguida monotonía matrimonial. De cualquiera de las dos maneras, su atractivo es poderoso.

Pero tanto para el swinger* como para quien adopta una actitud conservadora en lo sexual, en el núcleo del deseo de novedad o de cambio sexual hay un concepto estereotipado del sexo que desconoce toda idea de éste como instrumento de creatividad. Y es que el sexo puede ser un medio viviente en el cual los sentimientos y las necesidades de dos individuos se plasmen según el estado de ánimo, el lugar y la circunstancia, y se puedan comunicar claramente, sin que haya explotación de ninguna de ambas partes por la otra. La idea de que el sexo funciona naturalmente cuando es algo que «se vive» y no que «se hace», no se le ha ocurrido, al parecer, a mucha gente y a casi nadie se le ha ocurrido que el sexo se puede «vivir» en el matrimonio, o en un compromiso profundo y perdurable”.

*En El Vínculo del Placer se entrevista a varias parejas consideradas swingers. En realidad, al contar sus objetivos como relación, en algunos casos se parecen más a lo que hoy día se llamaría poliamor.

Segunda parte.

fuente: http://www.todocoleccion.net/libros-segunda-mano-psicologia/el-vinculo-placer-un-nuevo-enfoque-compromiso-sexual-masters-johnson~x48706549

fuente: http://www.todocoleccion.net/libros-segunda-mano-psicologia/el-vinculo-placer-un-nuevo-enfoque-compromiso-sexual-masters-johnson~x48706549

La imagen principal, de Masters y Johnson es de George Tames para The New York Times

 

 

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