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Pide lo que quieres realmente

3 August, 2015 at 11:00/ por
https://www.flickr.com/photos/ervega/3662623495/

Suele ser una recomendación habitual que nos hacen cuando hay cierta (o mucha) insatisfacción con alguien follando : “Pide lo que quieres realmente”. O dicho de otra manera, como decía Señorita Blume:

No critico a la Señorita Blume por decirla (precisamente la elijo a ella porque la sigo en Twitter), es una frase muy habitual en sexología y psicología, y la verdad es que yo aún estoy a mitad de Master de sexología, falta un año más ¿Cambiaré de opinión?¿Diré yo una frase similar cuando termine? A mí por el momento, una frase aparentemente tan sencilla en realidad me parece muy complicada. Incluye dos elementos que parece que deben de tenerse clarísimos en esta vida, y no, no los tenemos tan claros: Por un lado, saber qué queremos y por otro lado, pedir.

 

 

¿Qué quiero?

Saber qué queremos ojalá fuese más fácil, pero no lo es. No vamos a la Academia Sexual y al final de los cuatro años de formación nos especializamos en sexo oral, o anal, o fisting, o BDSM o lo que sea… El proceso de descubrir qué queremos cambia en cada momento, evoluciona.

Sumemos a eso que hay veces que hay cosas que no somos capaces de ver, o que nunca nos hemos imaginado haciendo o incluso que no coincidan con la imagen que te has hecho de ti, la identidad que hasta ahora habías pensado que tenías.O quizá no nos han educado para conectar con nuestro deseo, sino para satisfacer el deseo ajeno…

Y la cosa sigue siendo complicada aunque sepas qué quieres. ¿A tu entorno qué le parece “normal” que pidas?  Es complicado pedir cuando lo que quieres realmente se sale de las (estrechas) normas sociales de tu alrededor. Si fuese tan sencillo pedir qué queremos, no sería tan complicado salir del armario BDSM (“es que quiero que me pegues y me insultes”), del armario poliamor o promiscuo (“es que estoy contigo pero es que también quiero estar con más personas), con el LGTB (“sí, ya sé que eres mi novia, pero también tengo ganas de estar con hombres”, “me gustaría follarte pero mientras llevo puesta ropa de mujer”, “en realidad me siento chico”, “en realidad prefiero no tener género”…) y mil deseos que puedes tener y que choquen con lo que espera tu pareja/relaciones/familia/entorno…

Y lo que suele pasar con las relaciones que nos importan (con las que llevamos más tiempo) es que tememos decirles algo que nos haga perder el cariño de esa persona o incluso de esa relación en la que ya llevamos un tiempo. “Si le digo que quiero probar eso, me deja”.

 

 

¿Cómo lo pido?

Tampoco es tan sencillo pedir lo que queremos… Cuando ya hayamos decidido qué es lo que queremos, y asumiendo ya que contamos con la dichosa asertividad necesaria, pasan a entrar en juego varias dinámicas que no dependen únicamente de nuestro comportamiento si no del tipo de relación que tenemos. ¿Hay chantaje emocional cuando pedimos algo?¿Es la comunicación tranquila o tensa?¿Se nos da bien negociar?¿Cuáles han sido los antecedentes cada vez que se han pedido otras cosas? ¿Qué expectativas hay puestas en ti en tu comunidad, en tu relación? ¿Estás en una situación de inferioridad respecto a tu/s otra/s relación/es? Que no tengas trabajo, o que no tengas a familia cerca, o que no tengas papeles, o que no tengas un duro…

Ojalá fuese todo tan fácil como salir de casa con vitalidad para hacer las cosas que te apasionan, para comerte el mundo. Igual no es buena idea creernos mensajes tan positivos y que, simplemente, no son verdad. Sí, tu estado de ánimo ayuda a que te salgan mejor las cosas pero… que se lo digan hoy a alguien que están desahuciando, que esté durmiendo en la calle, que tenga sus particularidades mentales, tenga diversidad funcional. Lo dicho, una pena, pero no todo depende de nuestros deseos.

Estaría bien que todo lo que nos sucediese en esta vida dependiese únicamente de nuestra voluntad pero, precisamente, si algo tiene la vida real es que va sucediendo como quiere. Y no sólo importa qué queremos, sino qué precio vamos a pagar por pedirlo, por no rendirnos, por exigir a lo que tenemos derecho. A veces es un precio demasiado alto como para arriesgar a perderlo por pedir algo que, a otras personas, les parece normal pedir.

 

 

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La imagen principal salió de aquí

 

 

 

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