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Rupturas poliamorosas (2)

22 November, 2016 at 16:02/ por
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Como comenté en la primera entrada de esta serie dedicada a las rupturas poliamorosas*, he visto que abundan muchos consejos sobre cómo gestionar ENTRAR en una relación poliamorosa/AR/nomonógama, pero pocos sobre cómo salir. Y mientras que en relaciones con un sólo vínculo exclusivo es obvio qué sucede (se rompe un vínculo para sustituirlo por otro) esto no es así cuando hay dos o más vínculos simultáneos…

Para ir reuniendo consejos de varias fuentes, —que pueden ser contradictorias y con las que no estoy necesariamente de acuerdo en todo— en este caso traduzco una de las respuestas que Franklin dio en su web More Than Two. La idea es ir reuniendo varias aproximaciones a este tema, ver qué puntos hay en común en todas las propuestas y que cada cual tome lo que le resuene en cada caso:

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“¿Cómo tienden a terminarse las relaciones poliamorosas y cuáles son las mejores maneras de gestionarlo? (…) Las relaciones crecen pero ¿cómo decrecen?

Se suele decir a menudo en la comunidad poliamorosa que ser poly significa mantener como amistades a todas tus ex-relaciones. Voy a llevarle la contraria a esa idea y decir que esa no es siempre la mejor idea, y a veces, ni es posible.

Ese es el ideal por el que me esfuerzo en mi caso, pero no va a salir siempre así, y a veces hay que conformarse con eso. Lo que sucede después de una relación depende en gran medida de qué tipo de relación era antes, qué camino llevó, cómo se desarrolló y cómo y por qué se terminó. (Con “terminar” me refiero a que ya no haya una relación romántica. He oído a alguna gente decir que una relación en realidad nunca se termina, sólo cambia, pero si dos personas que tuvieron un vínculo romántico ya no lo tienen, me parece razonable decir que la relación romántica se ha terminado).

Mis relaciones se han terminado de todas las maneras posibles que se pueda imaginar. He dejado a parejas mías, me han dejado a mí, he tenido rupturas suaves que se han convertido en amistades estupendas, tengo ex-parejas con las que probablemente no vuelva a hablar nunca más, he tenido rupturas que han ido realmente mal… de todo.

La lección más básica que he aprendido de todo eso es que no hay una “hoja de ruta” para las rupturas. Ya he dejado de tener toda una serie de expectativas sobre que podría pasar si una relación se termina y cuándo debe suceder. En su lugar, lo que intento (no siempre con éxito) hacer es tratar el final de las relaciones con las mismas herramientas que uso para las relaciones: Empatía, integridad y cariño.

 

 

No es fácil. Cuando una relación se termina, sobre todo si es la otra persona la que la termina, es realmente duro sacar la empatía y el cariño de entre el dolor y la pérdida. En algunos casos, podría ser adecuado tomarse la distancia suficiente para poder pasar el duelo de la pérdida de la relación y trabajar en las emociones asociadas a eso antes de seguir con la amistad; es perfectamente razonable pensar que va a llevar cierto tiempo llegar a ese punto.

Para mí la gestión de las expectativas es fundamental, antes y después de que la relación se ha terminado.

Creo que hay una progresión natural que nos enseñan a esperar en las relaciones. Es parte de la historia que nos enseña nuestra cultura sobre las relaciones: conocemos a alguien, sentimos la conexión, comenzamos a quedar, nos enamoramos, convivimos, nos casamos y ya hemos llegado a la cima de la escalera. Aunque las relaciones poliamorosas no siguen necesariamente el mismo recorrido, es posible que arrastremos esas expectativas para nuestro caso, expectativas como “si nos amamos mutuamente, debemos tener una relación romántica” o “si la relación romántica se termina, es porque alguien hizo algo mal”.

 

 

Yo intento cultivar mi flexibilidad y desapego hacias las expectativas en mi vida. Sé que suena peligrosamente similar al pensamiento budista, aunque yo no me identifico como budista. Lo que significa esto para mí es que no tengo una ruta de lo que “debe” suceder cuando conozco y conecto con alguien. Estoy abierto a que esa conexión tome muchas formas posibles, y sobre todo, abierto a la forma que tome mientras va cambiando, si eso suena más natural. Puedo, y me sucede, sentir una sensación de pérdida cuando una relación romántica se termina, sin duda, pero no estoy bloqueado en la idea de que tiene que continuar o que no puede cambiar.

Y quizá lo más importante de todo, no siento que una persona me DEBA una relación. No creo que si me involucro con alguien y ella quiere terminar la relación, eso signifique que ha hecho algo mal, o que me haya quitado algo que era mío. Valoro el consenso en las relaciones de cualquier tipo; no quiero tener una relación con alguien que siente que no tiene otra opción que estar conmigo (si no puedes decir “no” a algo, el consenso deja de tener sentido) y no quiero que ella se sienta obligada a estar conmigo si eso no la hace feliz. Si amas a alguien, parte de ese amor, para mí, es valorar la felicidad de esa persona al menos tanto como valoro la mía. Si estar en una relación romántica conmigo ya no la hace feliz, no necesito ni espero que continue conmigo.

Aunque duela.

Ahí está, creo yo, una parte importante del manejo de expectativas después de que se haya terminado una relación, porque cada ruptura es diferente, no podemos esperar que sigan una plantilla. Pero también hay una parte importante durante la relación: No tengo el derecho a esperar que alguien que esté conmigo si no la hace feliz y no tengo derecho a continuar la relación en el futuro simplemente porque esa persona ha consentido tener una relación conmigo en el presente.

No olvidar eso me ha ayudado a evitar la culpa y acritud que a menudo parece que van unidas al final de las relaciones en todo el mundo. También es totalmente posible que una relación se termine porque alguien ha hecho algo mal y es apropiado responsabilizar a alguien por romper una confianza o por no llegar a cumplir un acuerdo mutuamente acordado. Pero es importante separar eso de culpabilizar a alguien por terminar una relación. Elegir que se termine una relación es algo que todo el mundo tenemos derecho a hacer.

Esas son las herramientas que pueden ayudar a prepararse para el final de una relación. Gestionar la relación con una expareja, de todos modos, a menudo es complicado, especialmente si hay una alta probabilidad de encontrarse en eventos públicos.

La comunidad poliamorosa es pequeña y puede ser complicado evitar por completo a otra persona, incluso alguien con quien has tenido una mala ruptura. A veces no hay otro remedio que adoptar una actitud adulta, apretar los dientes y recordar que si ser un ser humano decente fuese algo sencillo veríamos muchos más seres humanos decentes. Comportarse de manera civilizada con alguien que nos ha herido (¡o alguien a quien hemos herido!) es un arte. En parte eso quiere decir reconocer que, especialmente en la comunidad poliamorosa, tenemos más probabilidades de coincidir en nuestras órbitas sociales, por lo que jugar a “ir a tus amistades a contarles el monstruo que es tu ex” es probable que dé mal resultado. Hay una linea muy fina en esto, puesto que es razonable pedir el apoyo y cuidado de amistades comunes, pero sin hacerlo sin intentar poner a tus amistades contra tu ex puede ser complicado. Parte del truco aquí, creo yo, es reconocer la diferencia entre buscar validación y buscar algo a cambio.

 

 

Asumiendo que las cosas terminaron razonablemente bien, y que todavía te hablas con tu ex, no hay nada malo en mantener abiertas las vías de comunicación. A pesar de que no parezca lo más lógico, a veces ayuda decir “mira, sé que ya no tenemos una relación, y no sé cual es la mejor manera de interactuar contigo. Me sigues pareciendo una persona fantástica. ¿Tienes alguna idea sobre cómo podría ir las cosas más adelante?”. Haz la pregunta sin expectativas y sin segundas intenciones, busca qué posibilidades hay en común para tu ex y tu, y construid una ruta a partir de ahí.

Mis finales de relación más suaves han tenido varias cosas en común. Se terminaron por factores no relacionados con la pérdida de la confianza o la comunicación; había una calidez genuina y ausencia de acritud por las dos partes, incluso durante el final de la relación; ha habido comunicación después; y ha habido un compromiso mutuo con la felicidad de la otra persona. Como es previsible tengo una amistad cercana con esas personas, y en un par de casos, nos seguimos besando, aunque ya no estemos en una relación romántica. Ha habido relaciones que se han terminado sobre todo por factores no conectados con problemas entre esa persona y yo sino por factores externos, como que mudarse a otra ciudad, por ejemplo.

 

 

Las relaciones que han terminado por incompatibilidad, el camino ha sido un poco diferente. Generalmente, la estrategia que he usado en estas situaciones ha sido intentar ver en mi ex pistas sobre cuánto contacto quería; intentaba dejar la puerta abierta tanto o tan poco como ella quería, sin poner expectativas por delante o ideas encubiertas del contacto que podía querer.

Esto supone que estoy abierto a continuar el contacto, por supuesto. Si no es así, creo que lo mejor es decirlo.

Esa es la respuesta larga. La corta es: Depende, y probablemte no hay una sola manera que funciona en todas situaciones. Gestionar la relación con exparejas es… emocionalmente complicado”.

Los términos “poliamorosa” o “poliamor” los utilizo como concepto-paraguas para referirme a relaciones en las que existan dos vínculos simultáneos no exclusivos y consensuados.

 

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