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Superar los celos no sólo depende de ti

22 July, 2014 at 11:00/ por
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Me resulta llamativa la tendencia a tratar los celos dentro de la esfera del poliamor, cuando es una experiencia que se tiene también dentro de relaciones monógamas, porque simplemente es el miedo a que una persona ponga su cariño en otra persona y eso pasa en cualquier relación. Cierto que en las monógamas hay un acuerdo de que eso no pasará…hasta que pasa. Y aparte de ese grupo monógamo, hay otras muchas relaciones abiertas en mayor o menor grado. El ir a locales swinger, eventos fetish, reuniones BDSM, actividades sociales donde el sexo o las relaciones es el denominador común entre todas las personas presentes, aunque sean juegos dentro de un grupo de estudiantes, ya hacen que salten esos miedos, no sólo en el entorno poliamor. 

Elisabeth Stern en “Jealous of what? Solving polyamory’s jealousy problem“, publicado en Salon.com aporta un matiz diferente: apartarse del punto de vista individualista que suele haber en muchas publicaciones sobre poliamor. Esa visión individualista es algo normal si se tiene en cuenta la cantidad de producción norteamericana que hay en ese terreno, pero es un sistema que no se adapta a todas las visiones de las relaciones personales. Y así ella lo plantea no como un problema individual, sino social. Y por lo tanto, con soluciones sociales.

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“Prescribir métodos individuales para gestionar los celos no es nada nuevo. Su origen se puede encontrar en el declive de la economía familiar en los siglos dieciocho y diecinueve. En la obra “Jealousy: The Evolution of an Emotion in American History”  Peter N. Stearn considera que antes del siglo dieciocho en los EEUU y Europa, los celos eran un problema mucho menor. Viviendo en comunidades muy unidas social y económicamente con roles prefijados no dejaba espacio para el miedo de perder a las personas cercanas a manos de rivales. El equipo de marido y mujer se veía como una unidad (más que dos individuos) insertada en una estructura comunitaria. Por supuesto, esos individuos no tenían mucha autonomía, pero tenían la seguridad de saber que su unidad de relación marital era reconocida, apoyada y a la que se le exigían ciertas responsabilidades hacia la comunidad.

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Con el cambio de instituciones basadas en familia y comunidad al trabajo asalariado en entornos urbanos, las familias de clase media empezaron a funcionar en esferas separadas por género (con las mujeres relegadas al hogar). Los miembros de la pareja coincidían menos tiempo en la vida diaria, lo que significó menos apoyo comunitario, control y reconocimiento de las relaciones. Está ampliamente reconocido que la aparición de la economía capitalista hizo que las mujeres perdiesen poder económico y social respecto a los hombres. Pero la aparición de esferas separadas también privó a las mujeres y hombres del apoyo de la comunidad en sus relaciones, que en su momento había hecho que los celos no fuesen un asunto preocupante.

El siglo veinte vio a las mujeres volviendo a entrar en la esfera económica, aumentando las oportunidades de hombres y mujeres para hacer elecciones individuales sobre su educación y trabajo. Estos beneficios económicos para las mujeres se vieron acompañados por un aumento en el espinoso problema de los celos. Al revés que en economía familiar en la que los miembros de la pareja trabajaban en la misma comunidad, ahora pasaban el tiempo en entornos separados, mixtos para la educación y el trabajo, con un aumento de disponibilidad de amantes potenciales.  Y aunque el crecimiento de la idea de amor romántico durante esta época disminuyó en parte los celos, fue un pobre sustituto para el apoyo total recibido anteriormente desde la comunidad.”

¿Y que ha pasado en todo el siglo veinte? Pues que se ha ido colocando la responsabilidad en lo personal, sin analizar el papel que han jugado los cambios sociales. Lo que hace que se busquen causas y soluciones en el interior de cada persona en lugar de en la comunidad.

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Y es aquí donde pasa a tener interés un análisis más allá de la familia nuclear. Porque el análisis de las interacciones de pareja también cambian dependiendo de las personas a su alrededor. Es más, yo también agrego factores culturales y económicos que van a influir en la dinámica de esas relaciones: La cultura mediterránea y latina tiene elementos distintos que hacen que los resultados cambien. Por ejemplo, es imposible que tenga el mismo resultado una relación abierta donde haya mujeres en un país anglosajón con tradición feminista (liberación sexual y feminismo de segunda ola de los años 70) que en uno mediterráneo con dictaduras muy recientes, mujeres encargadas de los cuidados de mayores/menores/personas enfermas y una cultura religiosa católica que colabora en ese statu quo desde abogar por la subordinación de la mujer, los modelos de pecadora o madre-virgen y una inexistente educación sexual.

 Según Eric Widmer (vuelvo al artículo de Elisabeth Stern) sociólogo de la universidad de Génova, la confianza en cualquier relación entre dos personas es afectada por la densidad de la configuración social que la rodea. La gente se siente más a gusto si existe transitividad, es decir, si A se lleva bien con B, B con C y C de vuelta con A. Con el tiempo, por lo visto, lleva a redes más densas en las que el número de conexiones reales en esa comunidad es prácticamente igual al número de amantes potenciales.

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De todos modos las redes sociales cercanas que se mantengan en el tiempo van en contra de la tendencia de la sociedad, según Elisabeth, puesto que la ve avanzando hacia configuraciones que se van alejando de ese modelo, para ser más cercano a personas solas que puedan mudarse para trabajar y dediquen mucho tiempo a trabajar y estudiar. Y es complicado imaginar que eso funcione a la larga para dos o más personas.

Y aquí está la parte del análisis que más me interesa: La teoría que existe sobre poliamor (y no olvidemos el matiz de antes, que se puede aplicar a cualquier tipo de relación abierta), se centra en la libertad individual basada en la responsabilidad personal y la auto-realización: Gestionar tus celos, saber qué quieres, cubrir tus necesidades… algo que “cuadra mucho mejor en nuestra estructura social neoliberal actual de aprovechar las oportunidades”

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“Esto es ‘individualismo expresivo’ (como diría Bellah en “Habits of the Heart”) en su máxima expresión. La literatura sobre consejos para poliamor es un despliegue de auto-realización de la clase media, en la que las personas expresan su auténtico yo a través de decisiones individuales respecto a las relaciones. Semejante al movimiento de los años 60 basado en el potencial humano, el propósito de las relaciones en el poliamor es el auto-crecimiento del individuo y permitir que el resto de personas tengan la libertad individual para hacer lo mismo. Esta aproximación individualista a las relaciones es también “útil” al permitir a los miembros de la relación ser prescindibles si aparecen mejores oportunidades psicológicas o económicas en otro sitio. La experta en poliamor Deborah Anapol describe este nuevo paradigma como la posibilidad de las relaciones de aumentar el desarrollo espiritual y psicológico de los miembros de la relación, que ella contrasta con el antiguo paradigma en el que se espera que los miembros de la familia reemplacen los deseos individuales con los planes del grupo”.

En EEUU las personas en el poliamor suelen ser profesionales con mucha formación, sigue el artículo. Profesionales con la costumbre de trabajar en equipos pequeños que van cambiando de un proyecto a otro, algo que también se acaba trasladando a la esfera de las relaciones por la sensación de libertad que da…con la diferencia de que hacerlo con relaciones es más complicado emocionalmente. Eso se puede aprender de las comunas de los años 60 y 70. La sociología nos dice (Stephen Vaisey y Rosabeth Moss Kanter) nos dice que la idea de libertad individual compartida por varias personas no crea una identidad colectiva. Las comunas basadas en “cada cual se ocupa de lo suyo” que no tenían un compromiso mayor por encima de sus integrantes individuales cambiaban frecuentemente de miembros y no duraban mucho, algo que sucede también con los cambios actuales en las relaciones abiertas. Cuantos más cambios en esa comunidad, más probabilidad de celos, continua Elisabeth Stern.

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Y según ella en esas comunidades, cuando se quiere ir más allá que varios individuos juntos, a algo más comunal, es donde faltan maneras de gestionar los celos de manera social, no individual. Y es ahí donde la autora del texto quiere aportar sus soluciones:

1. Cuanto mayor es la sensación de comunidad en una red social, hay más confianza y menos celos entre sus miembros, aplicable desde tres a muchas más personas. La manera de promover algo mayor que sus individuos es compartir valores o, mejor aún, tener un objetivo común. Y son las que tienen un objetivo de servicio las que duran en el tiempo, como Camphill Village, por ejemplo.

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2. Se pueden reducir los celos haciendo responsabilidad de todo el mundo apoyar y reconocer todas las relaciones existentes en la comunidad. Frente a los consejos habituales del poliamor (pedir a tu pareja que eres importante), la investigación de redes personales indica que esas relaciones necesitan el apoyo del reconocimiento y que las valore la comunidad. Desde el punto de vista individualista se dice que conozcas a las otras personas en la relación para reducir tus celos y descubrir que a lo mejor incluso te cae bien esa persona…pero desde un punto de vista social lo importante es el hecho de que una tercera persona (o más) dé reconocimiento y muestre que valora esa relación. 

El denominador común es que exista una responsabilidad social en lugar de personal. Vernos parte de un sistema mayor (sea de tres o trescientas) lleva a sentir responsabilidad por la salud, el bienestar de ese sistema.

[Elizabeth Stern es el seudónimo de una doctora en ciencias sociales y escritora freelance de la costa Este. El original en inglés es “Jealous of what? Solving polyamory’s jealousy problem“]

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8 Comments to “Superar los celos no sólo depende de ti”

  1. Roma says:

    Absolutamente maravilloso el articulo <3

  2. Lucas says:

    Magnífico! Un articulazo super certero :)

  3. jam ras says:

    pues si que es bueno, me quedo con las 2 conclusiones finales. gracias

  4. Caterinamedicea says:

    Fijate, yo para gestionar mis celos siempre iba institivamente a eso: buscar transitividad, sentimiento de comunidad, crear redes, reconocimiento…
    Supongo que hay personas mas y menos individualistas en sus relaciones y tampoco entro a juzgar si es peor, si tienen claro que quieren eso(dejando aparte que sea un signo obvio de nuestro tiempo). Yo es que prefiero mil veces formar “familias”.

  5. Irene says:

    gracias por este artículo (oh, me suena un poco forzada la traducción)
    me parece muy buenas las observaciones.
    entonces empecemos (o continuemos) trabajando los celos comunitariamente. y produzcamos desde nuestras sociedades latinas, hetero-cristianas, competitivas y culpógenas. cómo gestionamos los celos en nuestras comunidades dentro del gran sistema social? esas comunidades feministas, sexodiversas y multiculturales…
    salú! :)

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