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Transexualidad en la infancia: desenmascarando la falsedad del 80% de ‘desistimientos’

27 September, 2017 at 13:47/ por
Bandera del orgullo transgénero

http://es.wikipedia.org/wiki/Transg%C3%A9nero#mediaviewer/File:Transgender_Pride_flag.svg

 

“Somos peculiares” es una web sobre sexo (con todo lo sexual y humano, que es mucho) con la que colaboramos. Sigue el mismo enfoque del master que hice y del curso que damos a partir de octubre. Así, leyendo lo que cuentan, es más fácil saber nuestro enfoque en muchos temas. No coincideremos en todo al 100% pero el enfoque es similar en muchas cosas, en el marco, en lo importante.

Uno de los primeros artículos que ha publicado es sobre los supuestos desestimientos entre menores transexuales, escrito por Aingeru Mayor, que se atreve contra la gente más ultra en estos temas.

“En la mayoría de los casos los chicos tienen pene y las chicas tienen vulva. Por eso en el momento del nacimiento se miran los genitales: para suponer cual será el sexo del recién nacido, cuál será su identidad sexual. Cuestión que solo podremos conocer con certeza cuando, con la conquista del lenguaje, a partir de los dos años, empiece a hablar y a expresarse, afirmando “soy un niño” o “soy una niña”. Porque la identidad sexual no se puede adivinar desde fuera del sujeto; solo puede ser expresada desde dentro. Y en todo caso lo que desde fuera se puede hacer es escuchar esa expresión y, a partir de ahí, aceptarla y acompañarla… o cuestionarla y negarla.

Hasta hace muy poquitos años la transexualidad infantil, la existencia de niñas con pene y niños con vulva, no solo era invisible, sino que además era impensable. A día de hoy, afortunadamente para esas niñas y niños, podemos pensar esta realidad y, por lo tanto, acompañarla.

Ante la pregunta de cómo acompañarles, una posibilidad es aceptar la identidad sentida y expresada y la peculiar manera de ser de cada quien, acompañando el tránsito para que puedan vivir de acuerdo a su sexo. De hecho, estamos conociendo la primera generación de niñas y niños en situación de transexualidad que están pudiendo vivir su infancia con su identidad sexual respetada y aceptada.”

 

peculiares

Y entra a analizar como parte del problema está en los criterios diagnósticos (sorpresón), en que se diagnostica con el poco afortunado “disforia de género” o “incongruencia de género” tanto al deseo como a la insistencia en ser de otro sexo, a las dos cosas.

(…) Especialmente es importante reflexionar sobre el criterio principal, que en la última versión del DSM-V es considerado criterio sine qua non, y que queda formulado así: “The experience of a strong desire to be of another gender or an insistence to be another gender”. Podemos observar que este criterio mezcla, usando la conjunción disyuntiva o, dos realidades diferentes:

               a) La “vivencia de un fuerte deseo de ser del otro género”, que haría referencia a los denominados comportamientos de género no normativos: niñas con vulva y niños con pene que viven con malestar las “imposiciones de género” que no van con su forma de ser y expresarse. Por ejemplo, un niño a quien le guste maquillarse y, porque se burlan de él, expresa que desearía ser niña, no porque lo sea, sino porque si fuese niña no le molestarían por el hecho de maquillarse y le dejarían en paz ser como es.

               b) La “insistencia en ser del otro género”, que haría referencia a lo que conocemos por transexualidad: niñas con pene y niños con vulva que insisten en ser del sexo que son –aunque los demás crean y afirmen lo contrario–.

En la pubertad, las chicas masculinas y lo chicos femeninos no suelen sentir malestar hacia sus cambios corporales y no demandan ningún tratamiento médico, por lo que dejan de ser diagnosticados de disforia de género. Son los que desisten. En cambio, las chicas y chicos transexuales siguen siéndolo en la pubertad es decir, quienes decían “yo soy del otro sexo” –en realidad lo que dicen es “yo soy del sexo que soy, y no del que vosotros decís que soy”– lo seguirán diciendo. En muchos casos, ante el malestar generado por el desarrollo de caracteres sexuales secundarios no deseados, demandan tratamientos médicos. Y se les mantiene el diagnostico de disforia de género. Son los que persisten.

 Steensma et al. (2011, 2013), estudiando los factores asociados con la persistencia, hallan un resultado muy esclarecedor: “Quienes persisten explícitamente indicaron que sentían que eran del otro sexo, quienes desisten indicaron que se identificaban como chicos femeninos o como chicas masculinas que solo deseaban ser del otro sexo”). Es decir, quienes desisten cumplían la primera parte del criterio del DSM (deseo de ser) y los que persisten cumplían la segunda (insistencia en ser). Y es que la fuente de la confusión que estamos analizando proviene de esa conjunción disyuntiva del criterio sine qua non del DSM que mezcla dos realidades del todo diferentes bajo un mismo “diagnóstico”. [resaltado mío]

 

Más adelante el artículo continúa examinando uno por uno los porcentajes que se dan sobre los llamados desestimientos y cuestionando las fuentes (cuando existen) de donde se han sacado los porcentajes que se manejan. Ahí se pueden encontrar las citas de los estudios concretos y las conclusiones. Muy útil para quienes estudian el tema o les toca más de cerca. En este caso lo que más me interesaba era ver cosas más básicas (para el máster, para la sexología) que no son demasiado conocidas como que –retomemos el comienzo– “la identidad sexual no se puede adivinar desde fuera del sujeto; solo puede ser expresada desde dentro.”

 

 

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