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Churras y merinas (sobre transexualidad y transgénero, tras “Sexo Sentido” de TVE y Pikara Magazine)

21 junio, 2014 a las 19:23/ por
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Esta es la opinión de una amiga transexual tras el documental “El Sexo Sentido” y la respuesta en Pikara Magazine.

Churras y merinas.

21 de junio de 2014 a la(s) 12:55

Voy a contaros una pequeña historia que creo que encaja bastante bien con todo el asunto del documental de la 2 de TVE, “El Sexo Sentido”, y con la posterior respuesta de Píkara Magazine.

Hace unos meses asistí a una fiesta. Entre las demás personas asistentes había dos crossdressers femeninas, que, en cuanto me reconocieron como mujer transexual, vinieron a hablar conmigo y a confraternizar.

Me preguntaron por mi proceso. Me preguntaron por mis hormonas; qué efectos tenían, qué era lo que yo notaba, cómo era que me había dado por operarme. Quizá fue mi percepción, pues soy un poco susceptible en lo que a mi intimidad y mi transición respecta, pero quizá noté expresiones de asombro en sus caras, al ver que yo hablaba de la hormonación y la cirugía con total tranquilidad y normalidad. Los comentarios eran los habituales: “Yo no podría”, “qué valiente has tenido que ser”, “no puedo entenderlo”, “es que a mí me gusta mi cuerpo de chico, pero me gusta vestirme”.

Una de las crossdressers comentó que ella a veces quería “experimentar” (sic) con hormonas, para saber qué se sentía. La otra le dijo que no lo hiciera, que ya estaba bien como estaba y que no necesitaba probar eso. Le dijo que las hormonas además eran adictivas y que le causarían efectos no deseados. Yo le dije también que no lo hiciera, salvo que deseara cambiar su cuerpo. Y como ella se sentía a gusto con su cuerpo, y tan sólo le gustaba vestirse, las hormonas no eran para ella.

Entre tanto, otros asistentes que no eran ni transexuales ni travestis pasaban cerca y decían cosas: “¡Qué bien ver que os habéis juntado todas!”, “Aquí estáis las tres hablando de vuestras cosas!”.

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Ni que decir tiene que a mí todo esto me resultó bastante chocante.

Por un lado, la reacción de la gente ajena era la de meterlo todo en el mismo saco. Lo mismo les daba travesti que transgénero que transexual. Allí sólo veían tíos con faldas. La sutileza de que había dos personas que estaban ejecutando un rol de género no normativo y otra persona que sí estaba ejecutando un rol de género normativo, pero acorde a una identidad sexual no normativa se les escapaba. Tíos con faldas todos.

Por otro lado, me pareció que la reacción de las crossdressers también era un tanto de extrañeza. Una de ellas sí que quizá entendía que yo no iba del mismo palo, pero me miraba como advirtiendo a la otra de que yo estaba en un nivel de chunguez en el que mejor no adentrarse. La otra creo que no terminaba de entender que no estábamos hablando de lo mismo.

Creo que lo que he visto esta semana con respecto al documental y al artículo no es ni más ni menos que esto.

El documental habla de personas transexuales. Son personas como yo, que desde pequeñas saben que su cuerpo no les cuadra; que saben que, cuando llegue la adolescencia, sus cuerpos se convertirán en su peor pesadilla. Son personas que querrían que existiese una píldora mágica que les convirtiese rápida e indoloramente en lo que en sus mentes saben que son, y que, a falta de esa píldora, recurren a las posibilidades que la medicina ofrece: Hormonación y cirugía.

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Y el artículo habla de personas transgénero. Personas que vivirían felices si les dejasen actuar según los roles que ellas eligiesen. Personas que querrían poder acceder al cambio legal de sus documentos, y al reconocimiento social de su rol de género. Pienso en esa chica crossdresser que está completamente feliz con su cuerpo y con su pene, y que, sin embargo, desearía poder vivir de acuerdo a su rol elegido.

Aquí hay dos conflictos. Hay dos realidades distintas que se funden en una simplemente porque los de fuera, en su desinterés, (o en su interés utilitario para apuntalar sus propias creencias y justificar sus metas), no prestan la suficiente atención a lo que está pasando.

Que haya gente que por desesperación ante la imposibilidad de obtener su estátus legal y social deseado recurran a la hormonación y a la cirugía me parece triste y doloroso. Es una encerrona del sistema, sin duda. Y por eso pienso que el sistema debe cambiarse. Cada cual debería poder llamarse y ser llamado por el nombre que elija, y nadie, (¡nadie!) debería entrometerse en sus decisiones personales. Entiendo que el artículo de Píkara se refiere a estas personas.

Sin embargo, tanto el artículo de Píkara como el contexto de donde procede yerra el tiro completamente. En su pretensión de defender una sociedad libre de roles de género impuestos (lo cual me parece loable), se llevan por delante a nuestro colectivo, y atacan a la comunidad médica que nos ayuda. Blandiendo su teoría de género que todo lo explica, pretenden explicarnos a nosotros, a nosotras también. Y la única explicación que la teoría de género puede ofrecer acerca de nuestra realidad es, simplemente, que no existimos; que somos el producto de una sociedad opresiva.

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Por este motivo, el documental de TVE es absolutamente imprescindible. Al público, a la gente de fuera, le resulta completamente ajeno, incomprensible, marciano, demente, lo que nos pasa por la cabeza a las personas transexuales. No son capaces de entender cómo es posible tener semejante conflicto entre cuerpo y mente. No son capaces de imaginar qué es lo que nos lleva a querer cambiar la química de nuestros cuerpos, o a pasar por el quirófano. Por eso es primordial visibilizar nuestra realidad; porque ese conflicto ocurre, y cuando no tienes información sobre esto te explota la cabeza. Porque una persona transexual ya podrá vestirse como sea; y aunque sea aceptada socialmente, y ponga lo que ponga en sus documentos, necesitará verse en su intimidad, desnuda, como su mente siente que es. Y el negar esta información, el pretender que debemos esperar a tener madurez, el “es una fase”, cuando la certeza ya la tenemos, es cruel. Es cruel y es doloroso y nos condena a sufrir durante toda nuestra vida, porque hay cambios que no se pueden deshacer.

El documental de TVE es necesario, porque necesitamos poder vernos en otra gente. El artículo de Píkara pretende mostrar otra realidad distinta, de otras personas distintas, pero lo hace de una forma agresiva, y lo hace cuestionando nuestra propia realidad e invisibilizándonos.

Yo me he pasado mi vida sin saber qué soy. Sí he sabido qué es lo que no soy. Yo no soy transgénero. El que en mi DNI ponga Marta, el que los demás me reconozcan como mujer, no me sirve. No me sirve de ninguna de las maneras, porque al llegar a casa y desnudarme, mi pecho sigue siendo musculoso y hay un pene entre mis piernas. No me sirve, porque mi pelo se cae, porque me sale barba, y porque mi voz es grave.

Yo soy una mujer transexual. Hasta que no tuve treinta años no conocí a alguien como yo, alguien con quien pude hablar e identificarme. Treinta malditos años de mi vida. Y para entonces, mi cuerpo ya estaba hecho. A mí nadie va a devolverme mi voz de soprano, nadie va a darme unos hombros más pequeños. Trivialidades, me dirán. Ser mujer no implica tener un tono de voz o tener un ancho de espaldas. Género. Yo no hablo de género. Yo hablo de mi cuerpo. Mi cuerpo. Y eso, (lo siento mucho), no es asunto vuestro.

IMAGENES

17 Comentarios a “Churras y merinas (sobre transexualidad y transgénero, tras “Sexo Sentido” de TVE y Pikara Magazine)”

  1. Alberto D. Menendez dice:

    me encanta tu articulo y tu attitud. Por mi parte tengo 65 años y tras 4 fallidos matrimonios he descubierto el por que. Debi haberlo reconocido hace mucho tiempo, pero igual hace pocos meses comenze la lucha por hacer un cambio y quizas poder llegar al final de mi vida con el genero y cuerpo que debi haber tenido todos estos años. Gracias eres una fuente de inspiracion. yo vivo en Panama un pais marcado por el machismo y la lucha es doblemente dura pero aqui estoy firme en mi proposito. Te mando un beso valiente mujer.
    Lorena

    • moscacojonera dice:

      Bueno, ella no puede comentarlo, pero te doy las gracias de su parte por contar tu caso también. Tienes razón que qué duro en Panamá… te mandamos un beso desde aquí y que consigas lo que has decidido.

  2. Caterina dice:

    Necesitaba leer algo asi q explicase diferencias y pusiese puntos sobre ies…

  3. Myriam Ribes dice:

    Excelente. No se puede expresar mejor. Y no hace falta ser transgénero ni transexual ni travesti para entenderlo, ni tampoco para confundirlo. Gracias!

  4. Salamandra dice:

    Hola,
    de quién es el dibujo que aparece en mitad de la pagina? no logro leer bien la direccion web que esta al lado.
    Gracias y saludos.

  5. Eva Witt dice:

    Esto es, exacto. Esto es, más desarrollado, lo mismo que me esfuerzo en explicar para que la gente no confunda género con sexo. Que no es identidad de género, que es identidad sexual. Que no es transgénero, que es transexual. Que mi hijo, transexual, no tiene disforia de género porque vive en su género, pero sigue soñando que tiene un pene. Todas las noches se despierta a media noche, sonámbulo, meándose. Se equivoca de puertas y a veces termina en el salón, o en la cocina, “bailando” porque se mea. Y no se aprieta la vulva como hacemos las chicas que nos meamos, se pega un “puñao” en el calzón apretándose ese pene que cree (en sueños) que tiene entre las piernas. Yo no le llevo por ningún camino. Yo quisiera que no tuviera que operarse. Rezaría por ello. Ojalá consiga ser feliz sin operarse. Pero mi hijo tiene un pene entre las piernas cuando sueña, y eso no lo hace ninguna chica masculina (transgéneros).

    • Daniel Santiago dice:

      Hola Eva, no te he contestado en mi video porque pienso hacer uno en especial para estos temas. Creo que este artículo refleja el gran debate entre las opiniones trans. Más allá de los médicos, o de nuestra sociedad en general, esto nos tiene en perpetua confrontación a las personas que vivimos una situación trans. Yo estuve mucho tiempo tratando de refutar esa disforia genital, no comprendía esa dolorosa manía de percibir el propio cuerpo como equivocado. Hablando unicamente por mí, mi cuerpo no es el equivocado. Es el único que conozco que es mío, y así con vulva lo quiero. Cuando miro mi desnudez, sé que este cuerpo le pertenece a un hombre, no a una chica masculina.hormonizada, ni a nadie, porque es mío. A mis 14 años no pensaba de esta forma, porque añoraba como míos cuerpos de otros hombres, porque asi fui.educado a mirar los cuerpos humanos. Pero me di cuenta que no era el único hombre sin pene. Que había millones de hombres que tampoco tenían pene, por muchas otras razones. Entiendo el debate por la desambiguación de identidad genérica e identidad sexual. Pero el hecho de que yo viva mi género masculino en armonía con mis genitales, no quiere decir que no tenga una Identidad sexual masculina. Hay otros “agentes” masculinos, de otras especies, que pueden vivir de igual manera su género, rol, y sexo de manera armoniosa, aunque sus cromosomas sean XX, su fenotipo y genotipo sea Hembra, su aparato reproductor sea receptivo (y no insertivo), o incluso sean los que fecunden en su interior a su descendencia. Entre ellos están peces, aves, y algunos insectos como las moscas. Estoy de acuerdo con la sobrevaloración de los estudios sobre género y sexo, sobre todo.con toda esta incipiente teoria queer que para mi gusto aún no evoluciona de una manera segura e incluyente ( hasta el momento solo se ha mostrado anulizadora de los géneros y sexos). Pero no estoy de acuerdo tampoco con santificar a los médicos, psiquiatras y demás especialistas que pretendan invisibilizar lo trans a base de negar otras formas de ser hombres y mujeres. O de que exista esa imperiosa concepción de que una persona trans tiene que cambiar su dni, hormonizarse y operarse, o de lo contrario no será una persona completa, aún cuando esta persona no desee realizarse alguno de los procedimientos antes mencionados. Yo no me considero un destructor del género o revindicador, simplemente me parece necesario que la sociedad reconozca la diversidad humana, y no sólo en lo trans, o en lo que a identidad respecte, sino en toda forma de existir perteneciente a esta especie y, que por no cumplir con las expectativas sociales, se mande al oscuro rincón de lo anormal. Estoy de acuerdo con el artículo a pesar de tener una experiencia trans distinta, porque me parece que, a final de cuentas, aterrizamos en el mismo principio de exigir nuestro derecho de vivir, sentir, y realizar en nuestro cuerpo lo necesario para reconocernos y sentirnos plenos. Disculpen los terribles errores ortográficos, pero escribo con prisa desde el móvil. Un abrazo fraterno a Eva, Marta, y todas las personas lectoras, desde el México donde vivo.

  6. Gloria dice:

    Yo participé en el reportaje de Documentos TV, desde hace más de 6 meses he colaborado con el equipo de TVE para intentar que saliera algo bueno, y para mí, como para otras personas, el artículo de píkara ha sido bastante doloroso.

    Gracias por compartir este artículo que me parece brillante. Como decía alguien más arriba necesitaba leer algo así. Enhorabuena a la autora.

    • moscacojonera dice:

      Gracias Gloria por haber participado, me emocionó verte en tu faceta activista, que hasta ahora no conocía. :-****** Gracias por hacerlo, por comentarlo, por la enhorabuena a la autora, que se las envío… :-***

  7. Nuria Gregory dice:

    Después de leer las criticas al artículo publicado en Pikara, creo que corresponde una respuesta, por respecto a quienes han hablado sin ofender y por las propias reflexiones a las que me ha llevado. Aunque en principio pienso que será estéril esta contestación (volveremos a otro listado de malas interpretaciones y de acusaciones personales), lo voy a hacer para que no se considere que me refugio detrás de ninguna academia ni detrás de ningún listado de bibliografía feminista. En realidad pienso que lo que ha molestado tanto, no es tanto el contenido expreso del artículo, sino a todo el artefacto que se presupone detrás del artículo. En primer lugar, el artículo en ningún momento defiende ninguna posición queer ni pretende colocar a las mujeres y hombres transexuales dentro de ninguna categoría nueva de géneros indefinidos. Nada más lejos. El artículo pretende reflexionar sobre una sociedad y una biomedicina (como modelo) que cuestiona que una mujer sea una «mujer verdadera o completa» porque tiene pene, porque tiene unos cromosomas XY o porque tiene testículos (por su biología) y también a una sociedad que acosa a las personas que tienen comportamientos de género que aparentemente no se corresponden con su sexo biológico. Esto es violencia. Esa medicina también considera anómalas a las personas cuyos cromosomas y órganos reproductores no tienen correspondencia con su apariencia externa, y las medicaliza sin dar opción a contemplar la diversidad de cuerpos sexuados, a partir de los cuales se vive una identidad de género y una expresión de género distinta. Lo mismo con los test de género o a la psiquiatrización a las que hacía referencia en el artículo. Como contestaba Raquel Royo, queremos unas ciencias libres de sesgos culturales o políticos.

    Entiendo perfectamente y comparto que ofenda cualquier tutelaje médico o cualquiera que venga desde cualquier teoría académica. El artículo no pretendía decidir por nadie ni dirigir la decisión de nadie. Se sobreentiende que cada uno elegimos la mejor manera de vivir y utilizamos las estrategias que disponemos (la medicina nos otorga algunas herramientas). ¿Cómo iba a cuestionar el malestar insoportable de un niño con su pene o la decisión dolorosa de su madre para enfrentarse a la operación?

    Siento que mi artículo haya ocasionado tanto dolor a algunas personas transexuales, a algunas madres, a algunos profesionales sanitarios y a quienes construyeron con trabajo e ilusión “El sexo sentido”. El documental también hizo daño en otros entornos transexuales (de ahí mi ánimo a escribir). Un entorno que está alejado interpretaciones médicas, a pesar de que necesiten a los médicos para que les prescriban hormonas y para que vigilen su estado de salud por los tratamientos que toman. Ellos se niegan a que la medicina sea la única ciencia que lee sus cuerpos y sus experiencias, se niegan a que se les psiquiatrice, aunque demanden cirugías dentro de la sanidad pública y gratuita. Entre algunas de estas personas, también me hablan del dolor que les produce que les llamen transgénero, que les digan que no son verdaderas transexuales —o como ha comentado TTBlas, que no son “transexuales pata negra”— porque después de encontrar respuestas en textos de ciencias sociales (feminismo, teoría queer, sociología, antropología) dejaron de leerse desde el discurso patologizador de la medicina, decidieron no operarse y empezaron a ver su cuerpo desde otro lugar, “a quererlo y a disfrutarlo”.

    Respecto al “negacionismo biológico” que también se mencionó por ahí, creo que se establece una errónea dualidad o dicotomía absurda entre lo genético y lo adquirido, entre lo genético y lo ambiental o la educación. No necesito inyectarme testosterona para saber que cambiaría mi forma de sentirme. He visto como ha ido actuando la testosterona en personas cercanas, ya fueran transexuales, con el síndrome de Klinefelter, y también por experimentar. Algunos confesaban que se volvieron locos con las inyecciones de testosterona y que se lo dejaron. Otros aseguran que no les hacia ningún efecto el tratamiento. Otros por el contrario, se sentían mucho más activos, con la libido más alta. También he seguido el proceso de aplicarse testosterona en amigas con síndrome de insensibilidad a los andrógenos, y en ellas también reacciones diversas. Hasta la acción de las hormonas en cada una de nosotras es diversa. A la mayoría de nosotros no nos miden nuestros niveles de hormonas a lo largo de nuestra vida. Entre los que llaman cisexuales estoy segura que el espectro de variación será alto. El artículo no niega la biología. El problema no es la biología que nos conforma (no sé porque tanto empeño en buscar y buscar en que gen esta el “error”), sino los significados sociales, las expectativas y las exclusiones que generan biologías concretas.

    En relación a los tratamientos con inhibidores de la pubertad, me preocupa. Claro que me preocupa que se diga con tanta tranquilidad que son inofensivos. Las hormonas esteroides u hormonas sexuales ejercen una acción a nivel sistémico (piel, riñones o metabolismo) importante, además de las archiconocidas acciones sobre el desarrollo sexual. No existen todavía estudios que garanticen que no existe consecuencias dañinas sobre la salud de todos estos nuevos tratamientos a largo plazo. Estas cuestiones hay que visibilizarlas y pensarlas, al igual que el hecho de que cada vez se medicalice en edades más avanzadas a las personas.

    Por otro lado, me niego a exhibir mi currículo vital y emocional para que se me legitime porque se me acuse públicamente de “listilla pija universitaria” y de que no tengo ni más remota idea de lo que son estas experiencias. Nadie de los que acusaron sabe de mis trayectorias médicas y de mis cuestionamientos médicos como mujer atípica, tampoco de mi cercanía con personas transexuales con las que comparto afectos íntimos, y tampoco de mi vinculación y mi trabajo dentro de sanidad, en contacto continuo con el malestar y el sufrimiento directo de personas y con profesionales médicos que no se han sentido amenazados por mis palabras y que también les preocupa la medicalización de la infancia. ¿Cómo iba a cuestionar las decisiones que cada persona tomamos para vivir? A mi la teoría queer no me da de comer ni me ha salvado la vida, pero me ha ayudado a entenderme mejor en este mundo, de la misma manera que les ha servido a algunas otras personas transexuales. Esa explicación concreta nos ha ayudado a vivir mejor. A otras personas les han servido otras explicaciones. Repito. Mi crítica no se dirigía a médicos concretos y muchos menos a la gente que busca soluciones en la medicina. Iba hacia la orientación de la biomedicina y su protagonismo como discurso “único”. También buscaba remitir a un documental que no propuso más alternativas o visiones y sobre el cual remarqué que seguramente no estuviera hecho de forma intencionada. Existen otras experiencias y otros discursos. Y eso también hay que respetarlo.

    Siento los desencuentros. Si mi opinión ha resultado paternalista, pienso que no lo ha sido más que cualquiera de los que han hablado y defendido su parecer como el único y verdadero. Al fin y al cabo, quienes tenemos la posibilidad de exponer públicamente nuestras ideas en un foro de internet y quienes podemos escribir artículos, partimos de privilegios que no tienen quienes no disponen de la retórica ni de los medios. ¿Está vetada a hablar cualquier persona que no sea transexual y que haya leído textos de ciencias sociales? Todo el mundo opina y crítica sobre todo, sobre inmigración, sobre homosexualidad, sobre la forma de sentir las mujeres cuando tenemos la regla… Por decir algo. Hay madres que opinan, médicos que opinan, ¿por qué no podríamos opinar quienes hemos leído a Butler (por utilizar un estereotipo muy recurrido en las críticas)? Me quedo con la idea de que es hora de revisarnos todas y todos. A veces tengo la impresión de que todo es una cuestión de dialéctica (recuerdo leer un debate eterno sobre el tema de hace unos años, que podría ser un calco del de hoy (http://www.dosmanzanas.com/2010/10/octubre-trans-red-de-despatologizacion-neotransfobia-no-en-mi-nombre.html). Por mi parte revisaré, repensaré, sí. Lo último que querría es causar daño. Si a alguien le reduce el malestar esta contestación, daré por bien empleado el tiempo que he tardado en escribirlo.

    • Marta dice:

      Ante todo, gracias por tu respuesta, Nuria. Debo decir que me sigue chirriando un poco tu discurso, pero creo que ahora sé por qué. Y perdona si te estoy entendiendo mal.

      Estoy de acuerdo en lo que planteas que no hay una única realidad transexual. Habrá personas que no quieran pasar por un diagnóstico (que por otra parte se basa en clichés de género) para poder acceder a un tratamiento hormonal o cirugía. Habrá quien, por motivos de salud o económicos tampoco pueda. Habrá quien tenga reparo en los métodos que la medicina ofrece. Y habrá quien, simplemente, decida no hacerlo y busque la forma de sobrellevarlo.

      Todas estas son realidades que están ahí, y quienes las viven no son menos transexuales por ello.

      El problema es el salto argumental que das. Como estas realidades existen, y las personas que las viven hacen cosas para seguir con sus vidas, eso quiere decir que hay caminos alternativos a la medicina que deberíamos explorar, y que hay gente que encuentra alivio en el feminismo o en la teoría queer.

      Voy a expresarlo con un símil.

      Hay personas que son homosexuales. Algunas de ellas, por su entorno, por sus reparos, por las leyes del país donde viven, eligen no tener sexo homosexual. Esto, sin embargo, no las hace menos homosexuales. Y, por supuesto, tampoco las hace menos dignas de respeto.

      Sin embargo, ¿eso quiere decir que debemos replantearnos la forma en que la mayoría de personas homosexuales deciden vivir, porque no todas las personas homosexuales deciden vivir de la misma manera, y hay gente que encuentra alivio en la religión, por ejemplo?

      Es que lo que dices me suena mucho a esto…

      Que cada persona transexual es un mundo, sin duda. Que no se debería considerar la transexualidad como una patología mental, sin duda alguna. Que en las UTIG a menudo los tests son sesgados y basados en clichés, por supuesto. Que no a todo el mundo le sirven los mismos métodos, vale. Que no todo el mundo tiene las mismas creencias, pues sí.

      Pero al final, todas las personas transexuales que conozco tomarían esa pastilla mágica que nos cambiaría el cuerpo. Y muchas, muchas, encontramos esa pastilla (o lo que más se le parece a día de hoy) en los procedimientos médicos.

  8. Marta dice:

    Ah, gracias a todo el mundo. Me alegro de que os haya gustado el post.

    Y Gloria, gracias a ti por tu participación en el documental y por tu activismo. :*

  9. Ana dice:

    El artículo asegura que el documental El sexo sentido, tiene una ideología y moral escondidas entre bastidores, lo cual considero un fallo de perspectiva articulado por el impulso y por reafirmar la estructura de pensamiento de la autora y nada más.

    Si volvieran a ver el documental no encontrarían alusión alguna de forma explícita o implícita sobre la bondad o malignidad a la que alude la moral según la RAE, léase http://lema.rae.es/drae/?val=moral. La moralidad es otra discusión de las muchas que desafortunadamente entremezcla la autora en su texto. Con lo cual no se esconde moral alguna en el documental, debo corregir.

    El documental no hace juicios valor, ni pretende editorializar en ningún momento, tampoco se enmarca dentro de ninguna ideología definida, me parece que se ha confundido el término ideología con el de cosmovisión lo cual es la forma de ver e interpretar el mundo y eso sí sería completamente acertado, y no encuentro ningún ángulo desde el que se pueda criticar, al contrario son muy claros en contar su cosmovisión, ése es el punto y por eso se le puso caras y se contaron las historias.

    Desde el punto de vista “académico” os recuerdo que el documental, es una pieza descriptiva fenomenológica que tiene como base estudiar parcelas concretas buscando entender el mundo y sus objetivos como son experimentados de forma interna por las personas (Martínez, 1989), me sorprende que esto escapara a la consciencia de la autora, ya que son conceptos cualitativos básicos.

    El análisis de la diversidad discursiva del documental atiende justamente a la realidad de los menores transexuales en España, siguiendo la teoría realista de André Bazin orientado a una vocación ontológica para reproducir la realidad tal y como lo experimentan los protagonistas (Aumont, 1996:72) que por cierto se enmarca en un enfoque sociológico, en teoría conocido por la autora y básico también. Por lo que decir que alecciona y dirige es una muestra más de la necesidad de apuntar dedos acusatorios sin fundamento alguno.

    No se puede criticar que dejen fuera a quienes no tengan una experiencia binaria, para eso se alienta y se invita a que se produzca más trabajo al respecto; no puedes culpar a algo por no ser lo que te apetece.

    He leído como sentencia a los “expertos” a la forma de hacer ciencia en general en el mundo, y al uso de la medicina y cirugía en general tratando de centrarse en el análisis discursivo, confundiéndose con teorías de la filosofía de la ciencias y aún más aventurándose a realizar críticas psicométricas hacia los instrumentos de medición, cuando al mismo tiempo y con una doble moral que me parece penosa al final vuelve a depositar su fé en los estudios que garanticen consecuencias a largo plazo. Ni los estudios ni la ciencia ni la estadística, la psicometría ni la metodología garantizan nada, pero lo tomo como un gesto de ignorancia inocente.

    Me parece perfecto que le preocupen los posibles daños a largo plazo de la hormonación y que le preocupen millones de cosas más, pero no me parece válido que se dedique a esparcir lo que solo puedo interpretar como sus propios miedos internos sobre el tema. Permita que los científicos y los profesionales trabajemos sobre el tema y demos cuenta de los hallazgos, en lugar de demonizar a quienes toman la difícil e informada decisión de aplicar un tratamiento de inhibidores de la pubertad, mientras tanto usted manténgase a salvo y no los tome.

    Finalmente lo que digamos los científicos usted lo contradecirá tranquilamente en cualquier articulillo una tarde poco ocupada como la que la llevó a escribir el primer artículo.
    Sería bonito que releyera su artículo original y lo cotejara con su última respuesta, pues se encontraría frente a las numerosas contradicciones desafortunadas, a las que muchos lectores nos hemos visto expuestos.

    Sobre todo para que pudiera utilizar sus privilegios en cuanto a los medios y la retórica a la que se refiere de una forma adecuada y fructífera. Tristemente me quedo con la idea de una mujer que esta confundida, mal informada y con muchos asuntos emocionales que atender. La libertad de publicar cualquier cosa que se nos cruce por la mente debe tomarse con responsabilidad para evitar disculpas a medias que denotan su poca capacidad de auto observación y de responsabilidad sobre lo escrito.

  10. Asmar dice:

    Después de ver documental, leer artículo y ver comentarios aquí y en Píkara, lo que creo es que de un diálogo que nos podría haber hecho pensar a todas y todos, lo que ha quedado patente es que el sufrimiento que causa la transfobia se ha trasformado en acoso hacia quien ha expresado una argumentación tan válida como las decisiones que cada uno toma sobre su cuerpo y su vida. Yo no he visto por ningún lado ni un ápice de transfobia ni de deslegitimación de las decisiones de cada persona. Lo que he visto es que este artículo y quien lo escribe se han tomado como chivos expiatorios de otras cuestiones y de otros frentes, que se han hecho interpretaciones interesadas de lo que se supone que quiere decir el artículo y de las posiciones desde las que se supone que se escribe, y lo más grave, descalificaciones personales directas. Independientemente de los argumentos, creo que hay mucha ofensa personal que se podría haber ahorrado.

  11. sexóloga (y mujer transexual) dice:

    Me quedo con lo positivo tanto del documental (centrado en los menores transexuales y sus familias, desmontando la idea de capricho, de que hay algo más que la buena o mala educación, humanizando el relato de las personas transexuales y sus familias y amistades), como de las posibilidades de refelxión que abre el artículo de Nuria (repensarnos el relato clásico de la transexualidad que se ha contado en base a la psiquiatría y la medicina).

    Evidentemente hay cosas tanto del documental (un cirujano estético hablando de cerebros transexuales en vez de, por ejemplo, quien estudia científicamente el hecho sexual humano: un sexólogo. Aunque en el documental eso queda ampliamente contrastado cuando las propias familias comentan algunas de las situaciones a las que se han enfrentado en su contacto con los servicios de salud) como del artículo de Nuria (un análisis de género que a muchas personas transexuales se nos queda insuficiente y parcial).

    Lo que me parece bonito es la nueva oportunidad que ha dado el documental, y en reacción, el artículo de Nuria, para que nos pongamos en marcha con estenuevo tiempo que se está abriendo para las personas transexuales.

    Defiendo al artículo pero sobre todo a Nuria, una persona que conozco desde hace muchos años, profesional sanitaria que es una de las personas que más sabe sobre estados intersexuales (genitales, gonadales, cromosómicas..eso que llaman “síndromes de intersexualidad”) en el Estado, y que además se aventuró a doctorarse en antropología para no quedarse solo con la ciencia médica de la que partía.

    Me encantaría que estos debates se pudieran dar de forma más sosegada, y estoy segura que con el tiempo (este nuevo tiempo que se nos está abriendo), lo harán.

    Mi pequeña reflexión final, simple, pero que me parece que aquí nos podemos identificar mucha gente: el conflicto de las personas transexuales surge cuando el propio sentir entra en conflicto con la clasificación (sexación) que hacen los demás de la persona en cuestión.

    No es tanto un problema entre cabeza y cuerpo, sino entre el cuerpo (somos cuerpo) y los ojos de los demás, que atribuyen erroneamente.

    A partir de ahí, hay quien hace sus apaños mediante ayuda de bloqueadores, hormonas, cirugías, papeleos, incluso estudiando (cosas como másteres en género, medicina o…sexología ;D) o combinaciones de alguna de las anteriores.

    Creo que es más lo que nos unea las personas que optamos por hormonas y cirugías que cambian nuestro cuerpo de las que que optan por cambiarse los papeleos de lo que nos separa, porque es precisamente la mirada de los demás eso que nos ha hacho sufrir. Con ello mi propuesta de no separarnos más, sino al contrario, de unir fuerzas (el travestismo, como se menciona en el artículo, es otra realidad, que en un momento dado del camino estas personas también pueden ser aliadas).

    Es en ese cambio de percepción tan historicamente tirano de los demás donde enmarco tanto el documental, el artículo de Nuria como los numerosos comentarios que han surgido a raíz de ellos. Y ese cambio palpable, es necesario y precioso.

  12. serge (y persona unica) dice:

    espero un dia donde no sera necesario estas discusiones sobre la definicion del sexo y el genero… cada persona en este mundo es unica.
    os imaginais se todavia, hoy, en Espana, se haria discursos para clasificar personas de color ? crees que es razonable decir que una persona es negra, amarilla, etc… no porque suena discriminante. Ahora pasa el mismo con las clasificaciones que se derivan de los conceptos de sexo y genero.

    tener pene, tener vulva, tener niguno, tener los dos… es igual !
    llevar falda, pantalones, tirantes, calzetines, traje de neopreno … es igual !
    sin hablar del tema pelo…

    estamos perdiendo un tiempo y una energia absurda sobre la definiciones de termines que generan comunitarismo y confusione, mientre esta energia podria ser concentrada en ensenar, mostrar a la gente que se puede CONvivir, Trabajar, etc… con la diversidad, ya esta.

    A final, “genero” y “sexo” seran palabras en fase de “extincion” porque intrínsecamente reductiva, como sucedio con el “color” de piel…

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