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Sobre los locales swinger (2)

10 octubre, 2011 a las 11:00/ por

L. nos comentó que muchas chicas se exponen demasiado, acaban haciendo cosas que no les apetecen (por no cortar el rollo a las personas con las que van o que están participando en ese momento), y se acaban quemando, y dejan ese ambiente. Según M. al final es estresante: Si no te expones nada, no acabas follando. Pero si te expones, a veces acabas haciendo cosas que no quieres. “A veces los tíos son muy pesados” dijo.

También se contó que ella había notado que en muchísimos casos, cuando van parejas, se van turnando entre las dos personas a la hora de ceder al relacionarse con otras parejas. El problema suele estar en que es muy complicado que las cuatro personas se gusten igual, que el chico y la chica de la pareja les resulten a la otra pareja igual de atractivos. Con lo que suelen ceder con alguien que no les gusta tanto para que su pareja sí pueda estar con esa persona que sí le gusta mucho. En estas situaciones suele pasar que el físico de ellas suele estar más cuidado que el de ellos.

Eso sí, se estaba de acuerdo de que la presión es MENOR que en un bar normal. Pero que también existe la presión psicológica de “aquí tú has venido a follar“. Por ejemplo L acompañaba a amigos suyos, para ir los dos a estos locales. Y ella recuerda la tensión de los chicos que la acompañaban cuando ellos querían follar con más gente. Pero que eso supondría que L debía tener sexo con alguien que no le apetecía.

Se habló que, al final, si eres chica y sólo quieres hacer lo que te apetece, tienes que ser muy “macarra”, tienes que decir las cosas muy muy directas. La experiencia de L es que a las chicas les cuesta decir un “no” claro, nítido, sin matices. Y lo que ella ha sentido es que según iba ganando en confianza, se iba reduciendo esa presión “ambiental” para que hiciese cosas que no quería.

Repasando en sus años en ese ambiente L consiguió recordar haber visto a 6 chicas llorando. Algo que nosotros hemos visto en una sola ocasión, aunque sí es más común ver alguna chicas que se ve que están “acompañando a su pareja”. J habló sobre parejas que iban a los locales a “salvar la pareja”, una frase que solían decir las chicas. La decían en el sentido de ir al local a ver si probando otras cosas que él proponía, se conseguía salvar la pareja.

L también nos contó algo que nunca habíamos oído: Cuando van un chico y una chica, suelen dejar la ropa en la misma taquilla y casi siempre son ellos los que guardan la llave, con lo que se aseguran que ella no se pueda ir o le resulte mucho más complicado.

También se habló de la sensación de ellas de ser “putas para el local”, de que al final acaba siendo un espacio en que ellas son el reclamo, no cobran, acaban a veces haciendo cosas que no les acababa de convencer y lo curioso de que fuera una tercera persona (el local) quien se llevaba el dinero.

También hablamos que no todo son críticas. Si por ejemplo M. estuvo yendo a menudo a locales swingers durante 4 años, es porque también le gustaban cosas, también se lo pasó bien. Y que también se puede ir en pareja (cuando se está bien) y que lo que allí se vive pase a formar parte de la vida sexual de la pareja, que “anime las cosas”, que alimente la fantasía o las a de esa pareja.
Como otras cosas positivas, también comentamos que:

  • Es un sitio perfecto para sexo sin compromiso.
  • Está aumentando el número de chicos atractivos.
  • Si la pareja va estando bien, sale reforzada.
  • Tener sexo en grupo es muy fácil y así es fácil evitar en tu casa o un sitio parecido situaciones incómodas o peligrosas, como que haya una pelea entre dos chicos o una discusión muy acalorada de una pareja.
  • Es un espacio neutro que te permite dejar de lado temas personales. En un espacio así no saben quién eres, cosa que se complica si organizas el sexo en grupo en tu casa, por ejemplo. E incluso si se acaba encontrando a personas conocidas, es obvio que están todas buscando lo mismo y que no tiene ya mucho sentido ocultarlo.

Al final se habló de lo que costaba aprender a decir que no. Que era algo que se daba en el mundo swinger, pero también en el BDSM, por ejemplo. Que es algo que aparentemente tenemos claro, pero que, en la vida real hay muchas “zonas grises”, muchas situaciones en que te sientes con cierta obligación (porque alguien ha pagado, porque ha venido de viaje desde muy lejos, porque le hace mucha ilusión, porque queremos hacerles ese favor, porque pensamos “¿qué me cuesta?”….).

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