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Así fue el espectáculo de Gorgone
(crónica de una atadora)

6 septiembre, 2016 a las 11:00/ por
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Los espectáculos de shibari de primer nivel tienen un problema: Que si no sabes de cuerdas, si no sabes qué está haciendo quien está atando, no sabes si lo que está haciendo es muy complicado o es algo que hace todo el mundo. Sospechas que debe ser lo primero (por algo será su fama), pero saberlo, no lo sabes.

Por eso es útil tener prestada la visión de alguien que sabe de cuerdas para saber qué pasa en una exhibición de cuerdas como la de Gorgone con Maya Homerton y Miss Eris o en un taller (como el que dio Gorgone el fin de semana después del espectáculo). En este caso tenemos la suerte que sea Dama Peonia quien lo relata (¡gracias por la crónica!) y, así, ser conscientes de todo lo que pasó la otra noche en la Sala Olvido.

Las fotografías grandes son de Sr Corso, y se hicieron con la autorización de Gorgone, Maya Homerton y Miss Eris. Hay muchísimas más fotos de Gorgone en su web, studyonfalling

A continuación, el relato de Dama Peonia.

 

 

 

Noche de Cuerdas

La otra noche pude asomarme a un rincón maravilloso donde todo era posible. Así es la magia del Shibari, nunca sabes lo que vas a presenciar.

El espectáculo estaba dividido en dos partes, las dos con Marika Gorgone en el escenario. La primera como atadora con Maya Homerton de modelo. La segunda, escena compartida a partes iguales con Miss Eris.

Cuando empieza la primera escena nos sorprende la sobriedad y seriedad de ambas en el escenario, descalzas, sencillas, vestidas de negro, deslizando sus pies como flotando sobre el suelo.

Cuando Maya mira a su atadora parece pedirle instrucciones. Gorgone, serena, la deposita de frente al público, de rodillas y se coloca detrás. Empieza a realizar rápidos movimientos con sus manos que no se ven. Diestra, en un momento se yergue y levanta al cuerpo que tiene delante, casi como un peso muerto hasta dejarla de puntillas.

Ella resiste pero eso no es todo, sólo acaba de empezar.

 

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Fotografías © Sr Corso

 

Siempre hay que empujar más, llegar más lejos, hasta el límite. Gorgone levanta su pierna por el lateral poco a poco, haciendo la tensión palpable hasta que la pierna adquiere una verticalidad dolorosa.

Aun así, Maya resiste. Y sigue resistiendo aunque levanta su otra pierna del suelo y la dobla en el aire plegándola a su espalda. Aguanta mientras la mira con atención, sentada a lo lejos, con calma.

Cuando empieza a acostumbrarse rápidamente cambia todo y se encuentra tendida boca abajo, hacia el suelo. La suelta el pelo, la acaricia con dulzura y la hace sentir lo valioso que es ese momento.

Ese momento, en el que todos los de la sala nos percatamos que está ocurriendo algo especial, que no es solamente un espectáculo hermoso e increíblemente complejo, sino que estamos contemplando atónitos un momento de conexión, intimo, delicado. Ella, Gorgone, nos hace comprender que este dolor que su modelo está recibiendo es increíblemente bello, un tesoro que nos está regalando.

Pero no para, sigue adelante.

 

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Fotografías © Sr Corso

 

Y con cada paso que da, nos lleva de la mano recorriendo recovecos extremos  donde nunca es suficiente. Donde te lleva a creer que no se puede dar un paso más, pero lo hay.

No sé muy bien cómo ha llegado ahí, pero Maya está tumbada boca arriba sobre las cuerdas que la sostienen y con la cabeza colgada. De pronto la atadora está deshaciendo las cuerdas que la mantienen en esa posición justo delante de nuestros ojos, mientras ella está en el aire, y lo sabe pero confía.

Todos los atadores en la sala contienen la respiración. ¿Cómo es posible? Nos miramos maravillados. Sólo Gorgone podría hacerlo y sólo Maya podría aceptar el reto. Queda suspendido todo su peso en un instante de una sola cuerda en la cintura partiéndola en dos.

Increíble. Parece flotar ingrávida y etérea.

 

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Fotografías © Sr Corso

 

Poco a poco la deposita en el suelo, como un gorrión agotado de tanto volar, que no puede más, que se queda tendido, sin fuerzas. Es el momento de la intimidad, la complicidad y las sonrisas, porque eso también son las cuerdas, no nos lo oculta.

Sólo después de haberla cuidado y querido como se merecía, se abrazan felices y nos invitan abiertamente a compartir este momento con ellas.

Aplausos y admiración de todas las personas pero en especial los que sabemos que lo que hemos presenciado es un momento de SHIBARI con mayúsculas.

Pausa. Ya con esto estaríamos satisfechos, pero queda la segunda parte y no sabemos qué más podríamos esperar. Expectación

 

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Fotografías © Sr Corso

Aparecen Miss Eris y Marika cogidas de la mano, parecen bailarinas, música de Celo. Eris lánguida y de pie. Marika pasando, ligera, una cuerda por su pecho.

Todo es dulce y aterciopelado, como hecho sin querer, como si amar atando no costase esfuerzo, como si fuera fácil (y no lo es).
Ojos cerrados, boca abajo, con la pierna estirada, una bailarina de caja de música danza dando vueltas al revés. Ella baila y se mueve, crea piruetas en el aire, imposibles. Marika se sienta a mirarla, libera sus brazos y la deja volar extendiendo sus alas. Sabiéndose transformada ella vuela, se deleita en su nueva forma. Es otra, y es su hora.

La figura pequeña, diminuta, que casi no es advertida su presencia en el escenario, la que se encoge y mira con admiración y ternura a Eris no parece la misma mujer que había antes en ese cuerpo y no lo parece, porque no es la misma, pero también es Gorgone.

Esa mujer es llevada al centro y espera lo que tenga que venir y acepta.

 

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Fotografías © Sr Corso

 

Cuando Miss Eris la fuerza a ponerse de puntillas, no mira a otro lado, la mira a los ojos y la reta. Los pocos dedos que llegan al suelo se sostienen apenas sobre sus uñas. Si tan sólo la subiera un poco más ya no rozaría el suelo y  si bajase la cuerda, podría al menos apoyar los dedos. No es ni una cosa ni la otra y eso nos hace sentir incómodos. El reto es insoportable para los que miramos de cerca, como el rechinar de las uñas al arañar la pizarra, pero no podemos pararlo, esas no son las reglas del juego y todos hemos aceptado estar aquí. Eris nos hace partícipes de este compromiso que ha adquirido con Gorgone y ya todos sabemos para qué estamos aquí.

Una posición tras otra no solamente lleva a la modelo a su extremo, sino a nosotros también. Cada propuesta, cada momento parece la puesta en escena de la rotura de una muñeca.

Pese a que no nos sorprende no podríamos esperar algo como esto. La atadora, pasa una cuerda rodeando su pierna y su pie sin reforzar la estructura con ningún nudo y suelta el resto de cuerdas que la sujetan.

¿Cómo pueden hacer eso?

Eso que suena mientras ocurre es la mente de todos los atadores en la sala al romperse.

Han dado la vuelta. Han traspasado todo límite. En este momento somos conscientes de que lo que han hecho no es jugar entre ellas, sino jugar con nosotros. Han roto la barrera de la cuarta pared. Todo este tiempo no han estado jugando con su resistencia al dolor, sino con la nuestra. Nos lo han estado avisando durante todo el espectáculo y no hemos sido capaces de resistir la tentación de llegar con ellas un poco más lejos aún, ahí donde nos daba vértigo mirar.

 

 

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