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“Chasing the Sound”, el nuevo libro de Janet Hardy

22 octubre, 2014 a las 11:00/ por
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Al menos ese es el título que temporalmente maneja Janet Hardy mientras lo va escribiendo, y publicando pequeños fragmentos en su página de Facebook. Estos son algunos de ellos:

Sobre demos de BDSM

“Se han escrito cientos de miles de palabras sobre las técnicas de las prácticas BDSM: dónde poner el nudo, cuánto tiempo dejar la pinza puesta, a qué profundidad debe hundirse la aguja… Y, dejando a un lado alguna advertencias sin sentido sobre seguridad, ninguna tiene que nada que ver con lo que está pasando realmente: La apertura de lo cerrado, la conexión con lo que se acaba de abrir. El flujo desde el puño al coño o culo, desde el brazo al gato [flogger] de ahi a la espalda o el culo, del ojo brillante al lloroso, y vuelta al principio. Los cuerpos vibrantes, bailando la cruda música de Eros.

Y ahí es donde sucede la magia…. o no. De alguna manera tiene que hacerse una conexión, entre dos personas que no se han visto nunca antes y que puede que no se vean nunca más, una conexión palpable y lo suficientemente tierna para que lo note una habitación llena de personas desconocidas.  De alguna manera, en esos 10 minutos, el instructor tiene que encontrar algo que amar en una persona que no ha conocido nunca, porque sin amor, el espectáculo será una performance, sin disfrute y sin contenido, pornográfica en el peor sentido de la palabra.

A veces no soy capaz de hacerlo: Algo raro en su olor, o su sonrisa de expectación que no se ve en sus ojos. A menudo, soy capaz.”

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SPANKING

“De las cosas que me encantan en mis modelos, la apariencia física nunca está en la lista. Pero si hubiese estado, ella habría tenido buena nota: Alta y con curvas, de piel cobriza. Pero sus ojos tímidos y su sonrisa vacilante fue lo que me llamó, y cuando acaricié la piel de su trasero con mi mano, sení electricidad en la palma de mi mano, cálida y segura. Su peso sobre mi regazo era dulce gravedad y sentí la tensión en sus músculos abdominales sincronizada con cada azote con mi mano abierta”

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FLOTANDO 

“Tomo mi primera respiración profunda de la boca de goma e inmediatamente me olvido la parte de volver a respirar porque el exterior de mi cuerpo se ha disuelto y no hay nada entre mi centro y la vibrante agua caliente, las estrellas heladas ahí arriba, el húmedo aire del anochecer. Mi dedos se aflojan y el globo se escabulle soltando el aire sobre el borde del embarcadero y vuela hasta el jardín.  

Volví a mí misma gritando, temblorosa flotando en la superficie del agua, habiendo perdido por completo la noción de la gravedad y de mí misma. Estaban mirándome, con cara de diversión y un poco de preocupación.

— ¿Hola? Creo que acabo de tener un orgasmo
— Entonces tenemos que repetir el experimento
— Parece que sucede cada vez…

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Fantasías eróticas y castigo corporal

“Ya estaba bien en la treintena cuando conseguí tener una fantasía erótica que no tuviese que ver con castigo corporal. (Aún era no consensuado, de todos modos. Nunca había tenido una fantasía erótica que incluyese consentimiento. Probablemente tres cuartos de mis fantasías aún se basan en castigo.

Pero la idea en sí era complicada. ¿Por qué golpear en el culo a quien ha hecho algo malo le iba a enseñar nada sobre por qué no debe de volver a cometer el mismo error?. Presumiblemente sus comportamiento equivocado causó daño a alguien o al menos supuso romper una regla razonable. Si quisieras enseñarle a no volverlo a hacer, le dejarías que experimentase las consecuencias de su error, o quizá te sentarías y usarías el sistema socrático para que averiguase qué ha hecho mal.

Si eres capaz de encontrar la manera de llegar al orgasmo con una fantasía como esa, estás mucho más caliente que yo”.


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Sexo pervertido

Fue en ese momento que alguien me contó esta broma:
Una mujer había estado fantaseando durante años sobre S/M. Al fin, una noche, reune el valor y se va a un bar de ligue. Comienza varias conversaciones pero no le interesa a nadie. Al final conoce a un hombre que le dice: “¿Te gusta el sexo pervertido? ¡Bien, a mí me gusta el sexo pervertido!” Así que se van a casa. Ella le pone una copa y se va al baño a ponerse su corsé y sus botas altas. Cuando sale, con el látigo en la mano, allí está él, de pie, con su abrigo puesto, preparado para irse. “¡Pero pensé que íbamos a tener sexo pervertido!”, se quejó ella. El la mira sorprendido: “¡Pero hemos tenido sexo pervertido! ¡Me he follado a tu perro y cagado en tu bolso!”
Me rei como se esperaba de mi, pero sin entender la verdad que se escondía bajo esa broma.
 
En los meses siguientes lo aprendí por las malas. 
Lo aprendí de un hombre que quería ser pisado por zapatos de tacón, de uno que quería ser tratado como un niño y que le ordenasen recoger sus juguetes, el hombre que quería sentarse debajo de mi mesa de trabajo y hacerme la pedicura mientras yo trabajaba, el hombre que quería vestirse de cuero y pasearse de un lado a otro de la habitación para ser admirado (¡pagué la habitación con ese!) y el muy repulsivo que me pidió que le atase y azotase su pene, y que susurraba “Ruby, lo siento… Lo siento, Ruby” mientras yo lo hacía. (Nunca había desatado un nudo más rápido en mi vida). Ninguno de ellos tenía mucho interés en recibir un spanking”

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