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Consentimiento y consenso

3 marzo, 2017 a las 11:00/ por
https://www.flickr.com/photos/richoz/19420737772/

Da la impresión de que a menudo se usa una palabra o la otra como si fuesen lo mismo. Como pasa a menudo, la RAE no ayuda. Para la RAE, el consenso es el resultado del consentimiento en un grupo: “Acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos.” El consentimiento, el acto de consentir da alguna pista: “Permitir algo o condescender en que se haga”. Permitir y condescender no suena a que haga falta mucho entusiasmo de quien da permiso… En mi caso, cuando hablamos de relaciones, en las que siempre hace llegar a acuerdos, diferencio entre consentimiento y consenso.

 

Consentimiento

Para mí el consentimiento es poco más que sí o no. Por eso, por ejemplo, en medicina, se ha ampliado con el consentimiento informado: Firmar algo después de leer las consecuencias que algo puede acarrear, entendiendo que el sí o el no es poco más que eso, que no significa que se haya entendido totalmente a qué se da consentimiento. Por eso da miedo cuando lees en algún consentimiento informado: “Puede provocar la muerte, lesiones, etc”. Es poco probable, pero eso te hace consciente de que esa posibilidad existe.

El consentimiento lo veo, como digo, poco más allá de un sí o un no. Y por eso, por ejemplo, el Derecho contempla específicamente que a veces el consentimiento puede no tener ninguna validez. Pero las relaciones humanas no son (siempre) un asunto jurídico. Por eso también se ha estudiado por la psicología y sexología desde la perspectiva sistémica, entre otras, los factores que pueden afectar en la negociación de un consentimiento y que son muy variados (capacidad de presionar, convencer, seducir, diferencias de género, edad, situación personal, económica, etc) así como otros factores que se dan específicamente en relaciones no convencionales (si se está en el armario o no, la experiencia, el reconocimiento social, la posición en ese colectivo, etc).

 

 

 

 

Consenso

Por eso, a diferencia de los acuerdos basados en el consentimiento, me gusta más que lo que se busque sea el consenso, entendido como dice Ética Promiscua en el apartado “Nuestras convicciones”:

“Cuando usamos esta palabra —y lo haremos a menudo en todo el libro— nos referimos a una colaboración activa para el beneficio, bienestar y placer de las personas involucradas. Si se está coaccionando, abusando, chantajeando, manipulando, mintiendo o ignorando a alguien, lo que está sucediendo no es consensuado. Y el sexo que no es consensuado no es ético. Punto.”

En mi caso, sobre todo centro el eje fundamental en el deseo: Ha de ser el deseo propio el que hace llegar a acordar hacer algo. Llego a un acuerdo contigo para hacer algo porque me apetece eso, porque es mi deseo, porque tengo ganas (ganas que, obviamente, se pueden ir en otro momento).

Como bien dice Etica Promiscua: “colaboración activa”. Es decir, es ir más allá de la aceptación, de consentir, de negociar en un escenario en que dos o más personas echan un pulso a ver quién gana, quién convence, quién acaba liando a quién. Se acerca más a la gestión, o más específicamente, a una planificación colaborativa. A que todas las partes, que tenemos ganas de que algo salga bien, ponemos de nuestra parte para contribuir a que salga adelante y que salga todo el mundo satisfecho.

Y esto vale tanto para el BDSM, como para abrir relaciones como para cualquier negociación, siempre susceptible de cambiar a lo dicho, una planificación colaborativa, no sólo en la forma, en el nombre que se le ponga, sino en el espíritu que hay en el fondo: Un acuerdo al que se llega partiendo del deseo de todas las personas implicadas.

 

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