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El maltrato psicológico, la manipulación, también en relaciones LGTB, BDSM, swinger, poliamor…(2)

30 septiembre, 2014 a las 11:00/ por
marioneta

 Si ya el maltrato, sea físico o psicológico, es algo que en Golfxs con principios nos parece un asunto que merece toda la atención posible, es el que se da dentro de las relaciones no convencionales el que nos preocupa especialmente. Dentro de las identidades, prácticas y relaciones no convencionales SE DAN UNA SERIE DE FACTORES QUE FACILITAN EL MALTRATO. 

Por esa razón el domingo pasado invitamos a Marina, psiquiatra especialista en Diversidad Sexual y de Género, para que nos hablase de este tema en concreto. Ayer publicamos la parte relativa al marco que se iba a utilizar para entender los resortes que hacen posible que sucedan estos abusos (la persuasión coercitiva), para saber dónde se identificó primero (en prisioneros de guerra) y como se trasladó a las relaciones heterosexuales monógamas.

Hoy seguimos con el resumen de la charla de Marina:

 

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Factores que facilitan la violencia psicológica en relaciones no convencionales (LGTB, BDSM, swinger, poliamor…)

A la hora de buscar información sobre la violencia psicológica en este tipo de relaciones, es complicado. De la que existe en relaciones LGTB se encuentra información, pero por ejemplo al buscar de la que se da en BDSM sólo se encuentra información de la distinción entre BDSM y maltrato, no de los casos que se dan cuando ese tipo de relación es usada para encubrir el maltrato psicológico. Información de lo mismo en relaciones poliamor, prácticamente no hay nada.

La importancia de analizarlo en este tipo de relaciones es que se dan elementos extra que facilitan el maltrato:

1. Que una persona agresora lleve mucho tiempo en ese ambiente, que tenga un cierto carácter de mentor. “Tú no sabes, las relaciones bollo/maricas/BDSM/abiertas/poliamor/swinger son así”.

2. El uso del secreto. La situación empeora para la víctima porque como no puede decir a su terapeuta, o médico del centro de salud, que es BDSM o está en una relación abierta (que está en relaciones “mal vistas”), esto hace que el secreto sea mayor. La víctima puede tener miedo de pedir ayuda porque tendrá que explicar la naturaleza de la relación a personas que puede que no la entiendan (“yo había aceptado tener sesiones en público y que eligiera a una persona con quien yo tendría sexo pero no que fueran seis personas a la vez ni que no se respetaría mi negativa”).

3. Acusar de homofobia, transfobia o de ser menos transgresora que lo que decía para crear sentimiento de culpa. En el caso de relaciones LGTB la persona agresora puede acusar a su/s pareja/s de homofobia o transfobia para generar culpa. En el caso de relaciones no convencionales (BDSM, swinger, poliamor…) se puede acusar de normatividad con el mismo fin y utilizarse para forzar los límites de esa persona (“por lo visto no eres una persona tan abierta como pensaba…”).

4. Se agrega el factor de vulnerabilidad: Se ha descubierto en relaciones LGTB que las personas que han sufrido experiencias de acoso escolar, bullying, transfobia, homofobia… tienen más probabilidades de caer en una situación de maltrato psicológico.

5. Diferencias de poder dentro y fuera “del armario”. Si la persona agresora está fuera del armario y la/s agredida/s no, puede amenazarla/s con sacar a la otra persona/s fuera del “armario”, con contarle a su familia, en su trabajo, amistades, etc qué tipo de relación o prácticas realiza/n.

6. En las relaciones no convencionales se da la complicación añadida de que la persona no se vea a sí misma —o que no sea vista por su entorno— con la imagen típica que se cree debe tener una víctima de maltrato. O que la víctima no se quiera ver a sí misma como víctima de una situación de maltrato, por lo complicado que resulta para la autoestima admitir que se ha estado o está con una persona de ese tipo, o por tener sentimientos encontrados.

Como en todos los casos expuestos, el que alguien nos acuse, por ejemplo, de transfobia en una relación LGTB no significa que esa persona nos esté maltratando psicológicamente. Todo esto debe verse como parte de un proceso, como parte de un conjunto de acciones y actitudes que se repiten de manera sistemática.

La clave siempre está en: No hace falta centrarse tanto en qué hace o no hace quién agrede, sino en cómo nos sentimos, por ejemplo si a veces sentimos miedo, si tenemos que ir con “pies de plomo” para decirle algo por si se enfada…

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Preguntas concretas para las relaciones BDSM

El punto de partida básico es que entendemos que las relaciones BDSM son relaciones consensuadas en que dos o más personas deciden tener prácticas o relaciones consideradas dentro del BDSM. Que practicarlo de manera sensata, segura y consensuada, cuidando de la integridad física y psíquica de las otras personas implicadas, no supone la manifestación de ningún proceso psicopatológico necesariamente.

Aclarado esto, conviene decir que, como norma general, es más seguro y fácil de controlar que no se sea víctima de maltrato psicológico si se el BDSM se practica por sesiones (períodos de tiempo acordados con un comienzo y un final) en lugar de en relaciones 24/7, lo que no quiere decir en ningún caso que las relaciones 24/7 supongan una situación de maltrato, pero sí se deben tener más controles.

Estando en relaciones BDSM está bien plantearse de vez en cuando estas preguntas:

1. ¿Negociamos las prácticas que tenemos? ¿Lo hacemos “fuera de rol” (sin ser top y bottom al negociar) pudiendo poner límites las dos personas?

2. ¿Conocemos y respetamos nuestros límites? ¿Se intentan forzar? Se pueden usar, como parte de la manipulación, frases como “pensaba que sabías bastante más de BDSM”, “al final no es tan transgresor lo que te atreves a hacer”, “pensaba que aguantabas más” y similares.

3. ¿Revisamos de vez en cuando nuestros acuerdos? ¿Estamos bien? ¿Seguimos así?

4. Comprobemos de vez en cuando el bienestar psíquico de nuestras relaciones, cómo se encuentran, de manera expresa. Es algo que se debería hacer ya no sólo en relaciones BDSM, sino en toda relación, pero es algo que en la realidad no se tiene como una prioridad o no se le da la importancia que convendría que tuviera.

En general, esas cuatro consideraciones se pueden resumir en que se deben de repensar los básicos del cuidado, más que buscar si se dan comportamientos concretos. 

 

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¿Qué se puede hacer desde fuera?

¿Qué podemos hacer como tercera persona, fuera de la relación, para ayudar a la persona que creemos que es víctima de violencia psicológica?

1. Estar ahí. Es algo mucho más cansado de lo que se cree, dan ganas de arrancar a la fuerza a esa persona de esa relación abusiva, pero eso no valdría de nada. Lo conveniente es estar a su lado, quedar para cosas agradables y sencillas que la saquen de su aislamiento, como ir al cine, hacer actividades agradables juntas…

2. Criticar a su pareja puede funcionar si está pasando por un momento de violencia, existe la posibilidad de que ahí vea en qué situación está. Pero si está en el período de luna de miel, no lo verá o disculpará su comportamiento, lo que probablemente nos enfade (es algo normal), y que nos haga distanciarnos de la persona agredida, lo que contribuirá a su aislamiento.

3. Ampliar el círculo de la persona agredida, buscar entornos sociales agradables, ayudarle a mejorar su autoestima…

 

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Para terminar, conviene recordar que…

CUALQUIERA podemos ser víctima del maltrato psicológico, estar en relaciones tóxicas, sufrir violencia psicológica. No es propio de un determinado tipo de personalidad, ni de una situación concreta, ni depende de si se tiene más o menos educación (se suele decir la frase “¿Cómo me ha podido pasar esto a mi, que soy independiente, me veo como una persona sensata, tengo mis estudios universitarios…”?), nos puede pasar a cualquiera.

Quien agrede SIEMPRE dice “voy a cambiar”, “voy a ser una persona maravillosa”, “te voy a querer más que nadie”, la fase de arrepentimiento y promesas es parte del ciclo de la violencia.

Si la vida le va bien así, si no siente angustia por su situación, por su comportamiento, no existe la posibilidad de cambio en la persona que maltrata.

• Lo habitual es que quienes maltratan NO VEN que estén maltratando, sino que lo ven como que la otra persona les ha provocado, les ha sacado de sus casillas… 

Se puede maltratar psicológicamente desde una posición sumisa, haciendo depender su vida de la otra persona (“si te vas, me mato”).

• La pregunta que hay que hacerse para saber si estamos en esa situación NO es si la persona con quien estamos nos maltrata o no, sino ¿cómo estoy yo?¿cómo me siento?

“Es que tiene mucho carácter” suele ser la frase habitual para definir a alguien que en realidad lo que tiene son comportamientos agresivos.

• El maltrato psicológico, la violencia psicológica, la persuasión coercitiva, no es una bronca de pareja, no es que se lleve una semana en una relación y haya maltrato. Es un proceso lento, por goteo, poco a poco. Y la salida también es un proceso.

• En lugar de evitar la agresión o centrarse en como evitar que nos agredan, estaría bien centrarse en quién, cómo, por qué agrede y hacer lo posible para evitar que lo hagan.

Cuesta darse cuenta de que estás siendo víctima de violencia psicológica (o que estás agrediendo) si has estado viviendo antes en esa situación, si para ti es algo “normal”.

 

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Este post es resumen de la charla dada por Marina, psiquiatra especializada en Diversidad de Género y Sexualidad, en el “Sexo Oral” del domingo 28 de septiembre en Volta Café (Madrid), donde hacemos nuestras charlas mensuales. 

Aquí se puede consultar la primera parte del resumen.

 

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2 Comentarios a “El maltrato psicológico, la manipulación, también en relaciones LGTB, BDSM, swinger, poliamor…(2)”

  1. […] La maltraitance psychologique, la manipulation, également dans les relations LGBT, BDSM, libertines… (30/09/2014) […]

  2. María Fernanda dice:

    El aumento en las prácticas de bdsm en México y la promoción de estas como algo normal ha ido de la mano con el aumento en la violencia de género en este país ¿casualidad?

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