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El peligro de poner la ideología por encima de las emociones

16 diciembre, 2019 a las 11:07/ por
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Observando el recorrido de las no monogamias desde finales de los 90 hasta hoy, hay un error que veo cometer constantemente: no prestar atención a las propias emociones, dejar de lado las señales que nos envían, ignorar lo que sentimos porque es “equivocado”.

Lo hizo el grupo de mujeres pionero en este tema en nuestro país, a finales de los 90. Lo han hecho durante la primera década cuando se consideraba que “no se puede sentir celos”, “no puedes querer exclusividad”, “no puedes querer jerarquías”, “no puedes querer algo que no sea correcto”. Y le sigue pasando a personas incluso en ambientes que se suponen muy pensados e informados de lo que están haciendo, como el caso de Eve Rickert (la editora de Más allá de la pareja) o Inés Rolo. El elemento en común de todos esos casos y los que he conocido con malos resultados es: “no presté atención a lo que estaba sintiendo“.

En este mundo polarizado y dicotómico en el que vivimos actualmente es fácil simplificar la cuestión entre ideología y emoción creyendo que hay que elegir: o ideología o emoción. Afortunadamente, los seres humanos somos algo más complicado, y como en todo, lo que tenemos que hacer es aprender a manejar todo a la vez.

Las emociones son como los indicadores del coche que te avisan de la falta de aceite, de que se ha calentado el motor, de que no te has puesto el cinturón, de que has dejado una puerta abierta… Son sistemas de alerta muy simples, sin matices: nunca te avisa de que “te has dejado la puerta casi abierta y estaba dudando si avisarte o no”, sino que te avisan o que está abierta o que está cerrada. Y a veces, cuando nos salta una alerta una y otra vez, y es contradictoria con lo que queremos hacer, nos parece que lo mejor es desconectar ese aviso. Ya sabemos que avisa de algo, pero bueno, ya estaremos pendientes, y si algo se vuelve muy complicado, ya dejaremos de hacerlo. Y hay veces que no paramos hasta que nos hemos hecho mucho daño.

Simplificando mucho, uno de los líos con los modelos no monógamos (sea el que sea) es que se aprende en la edad adulta, mientras que nuestras emociones al vincularnos con alguien las aprendemos (emocional e intelectualmente) antes de los 12 años. Esas emociones relacionadas con nuestros vínculos más cercanos son muy muy muy fuertes, muy importantes, muy difíciles de cambiar. No es posible “deconstruirlas” intelectualmente en un taller. Pasan por debajo del radar, las aprendimos antes de aprender a hablar. Requieren un trabajo intelectual pero también emocional, tanto personal como colectivo. De poco vale que cambies, si tu entorno te obliga a estar en guardia constantemente…

La idea más peligrosa, la que sigue llevando a una persona tras otra al mismo lío desde hace muchos muchos años, es “no hagas caso de lo que estás sintiendo”. “Desconecta tus sistemas de alerta”. “Lo que sientes es equivocado”. El problema en esa situación es que alguien, desde fuera, te está diciendo que dejes de hacer caso a tus señales de alerta. ¿Por qué llamo “peligroso” a hacer eso? Porque es algo MUY común en situaciones de maltrato psicológico (y el físico también), poner el foco en que no se enfade la otra persona, en lugar de detectar el propio miedo y darse cuenta que no tiene mucho sentido sentir miedo junto a alguien con quien debería haber, sobre todo, confianza (algo en lo que he insistido siempre en mis talleres).

Entregamos nuestra autoridad a otra persona para que nos diga qué deberíamos estar pensando. No es que seamos idiotas. Es muy humano, es muy común en muchos campos de la vida aprenderse Iintelectualmente un discurso, repetirlo una y otra vez, DESCONECTADO de lo que sentimos. Y más si esa persona dice tener más experiencia en ese ambiente, lleva más años, dice que sabe más, tiene carisma, es más mayor… Lo resumí en este post y en este, hace 5 años, sobre el maltrato psicológico en ambientes y relaciones no convencionales. Tendré que volver a repetirlo en 2025.

Como dije, no es que sea peligrosa la ideología (siempre existe alguna), que esas ideas no sean válidas. No es que haya que hacer obligatoriamente lo que nos digan las emociones. Nos suelen decir cosas muy simples, con pocos matices, y no siempre es buena idea convertir en conducta lo que nos hacen sentir.

Pero como conté al principio, esas emociones son un indicador que nos dice que algo está pasando. Y como mínimo, es buena idea prestar atención y entender por qué ha aparecido esa señal, qué nos quiere decir. Qué hay que hacer con ellas ya depende de mil factores que dependen de las circunstancias de cada cual. Pero una cosa es segura: es mala idea dejar de atender a esas señales. Bastantes veces me han contado que uno de los consejos que más útiles les han resultado de mi taller “Poliamor y no monogamias” es el de “pon el foco en ti”. “No te desconectes de tus emociones”.

Es algo con mucho sesgo masculino/femenino, porque es muy común en una relación que se ignore o se dé poca importancia a la parte emocional, para valorar más una aproximación racional a la resolución de conflictos. Se da en relaciones heterosexuales en el caso de Eve Rickert o Inés Rolo (y otros muchos), pero no solo. El primer ejemplo que cito era un grupo de lesbianas muy activas, muy informadas, que estaban trabajando en maneras de desmontar la forma en que nos relacionamos en pareja.

Hay mil libros sobre emociones. Una versión muy resumida y simplificada en cinco emociones es la película de Pixar Inside Out/Del revés/Intensa-Mente, donde habla de lo necesarias que son las emociones que no sabemos muy bien qué hacen ahí, como la tristeza. Ahí se puede ir aprendiendo más sobre ellas y darles la importancia que deben de tener.

Lo que es seguro, y que nos ha demostrado la vida de mucha gente desde hace décadas en esto de las no monogamias es:
cuidado con poner el modelo por encima de las emociones a cualquier precio.

1 Comentario a “El peligro de poner la ideología por encima de las emociones”

  1. Miquel dice:

    Moltes Gràcies Mosca
    Com sempre ela teus pensamentos son clarividents i oportuns

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