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El poliamor machista

31 enero, 2019 a las 8:50/ por
https://www.flickr.com/photos/nauright/5139085772/

Hay a quien le parece muy bien que se hable de “poliamor ético”, como en el subtítulo de Más allá de la pareja, porque deja claro que hay maneras poco éticas de tener varias relaciones simultáneas. No es una novedad. Desde los inicios del amor libre (libre del control de la Iglesia, el Estado y los maridos como propietarios; de ahí venía el nombre) y hasta hoy día. Nació de la mano del anarquismo y el feminismo (de una pionera, Woolstonecraft, madre de Mary Shelley, la autora de Frankenstein y de la novela “Mary, una novela“), dentro de una larga tradición de “autonomía erótica” (Klesse, 2016) y que en los 90 seguía siendo parte de los ideales hippies de la iglesia pagana de Morning Glory. En la actualidad ha tenido varias propuestas feministas, desde el admirable grupo de lesbianas valencianas de los 90 (que dentro de su trabajo de crítica y deconstrucción de la monogamia, lo intentaron con resultados no demasiado buenos), a la de Brigitte Vasallo en “Romper la monogamia como apuesta política” o en su reciente libro “Pensamiento monógamo. Terror poliamoroso“. Son dos ejemplos de la producción de muchas autoras (y escasos autores) intentando encontrar la buena manera de llevar a la práctica el poliamor y otras no monogamias. De encontrar alternativas al modelo de amor fusional, intento que ya tiene bastantes décadas… pero que cuesta cambiar.

El problema es que el poliamor, la anarquía relacional, las no monogamias, se ponen en práctica en una sociedad neoliberal y machista. Y así no es difícil prever que el resultado, muchas veces, en el ambiente mainstream será… neoliberal y machista. Por eso es necesario tener colectivos y referentes de otras maneras de hacerlo, algo más complicado que reivindicarse usando una etiqueta que no va más allá de la pose, de posturas huecas aparentemente rebeldes. Lo mismo le pasó a la supuesta liberación sexual de los 60, que en parte institucionalizó una liberación acorde a la sexualidad masculina, centrada en los genitales y las conductas. Lo mismo con la “normalización” gay. Excepto en los entornos activistas (y tampoco eso es garantía) y en los que hay un trabajo personal más profundo (de los que conozco una buena cantidad), con el tiempo acaban llevándose a la práctica los modelos que encajen lo mejor posible con ese entorno neoliberal de consumo de efímeros vínculos superficiales y machista.

Cada época ha tenido sus condiciones de partida, su entorno que ha influido… En el siglo XVIII era muy complicado. En las alternativas del siglo XIX a la monogamia llevó a tempranos “excesos” como las derivaciones menos sensatas de la comunidad Oneida de John Humphrey a partir de la eugenesia (normal en la época) o los efectos indeseados del grupo Kerista. También ha habido muchas sectas que han recurrido a prácticas de sexo en grupo como parte de sus rituales. A menudo se han elegido caminos alternativos para manipular. Hay una larga tradución de sectas y similares en muchos ambientes y la no monogamia no ha sido una excepción. Lo mismo pasó con la “honestidad radical” que, al mismo tiempo que útil en algunos casos, también puede ser una herramienta muy buena para manipular.

 

https://www.flickr.com/photos/svklimkin/35655283910/

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Aparte de los casos lejanos y anglosajones, tenemos casos muy turbios en colectivos poliamor locales, como en Madrid, con la relación de maltrato que durante años vivió Amarna Miller, que acaba de dar a conocer. Su caso no es algo aislado; lo único que sucede es que ella es más visible, pero hay unos cuantos más que conozco en persona y no se atreven a decir nada y que, quizá, según la respuesta de la comunidad, lo hagan después del video de Amarna (una herramienta para que puedan identificarlo las que puedan estar en situaciones similares). También he visto otros muchos casos que nunca se han comentado durante mucho tiempo o que lo han denunciado brevemente y que, tras las críticas de todo el entorno, han desaparecido. Como siempre, las comunidades poliamorosas estadounidenses, que nos llevan décadas de ventaja, tienen muchas herramientas para estos casos. En este caso, enlazo MUCHAS herramientas que ha reunido Eve Rickert, la coautora de Más allá de la pareja. En inglés, de momento. Otra traducción que me apunto como pendiente para hacerla más adelante.

Pero en los colectivos marginalizados, esos casos siempre se ha tendido a esconderlos, porque son formas de “lanzar piedras sobre el propio tejado”, porque empeoran una mala imagen pública que ya se tenía, sean colectivos racializados, o de BDSM, sexualmente alternativos, gays, lesbianas, transexuales, bisexuales, etc. Por eso esas comunidades, cuando han sido capaces, han creado sus propias herramientas (que seguiremos traduciendo) para evitar exponerse a un entorno que aún los marginalizará más. Y porque siempre han querido mostrar su mejor cara. Por eso el BDSM siempre se ha tenido que construirse y mostrarse aclarando que no son violaciones del consentimiento, el crossdressing como empresarios que han creado familias y empresas (oído tal cual), gays y lesbianas que son tan respetables como una familia heterosexual (ejem), y del mismo modo, las no monogamias se construyeron inicialmente como oposición a los engaños o “infidelidades” y también como opuestas a la poligamia (metiéndose en unos jardines de los que no todo el mundo sabe salir, ahí Vasallo acude en vuestra ayuda).

 

https://www.flickr.com/photos/nauright/5139085772/

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En resumen: Claro que también hay poliamor machista. Poliamor abusivo. Poliamor tóxico. Extremadamente tóxico. Y poliamor líquido (ese que dice “que fluya”… y siempre fluye al mismo sitio). Polifake. Poliamor anarcocapitalista, con amantes en todas partes sin vulnerabilizarse con nadie y que cada cual se busque la vida. Poliamor señoro (que puede ser una buena traducción –menos tránsfoba– de la expresión “one dick policy” o esas redes poli en las que, ¡vaya, que casualidad! solo hay un hombre en el centro… ¡y el resto son mujeres!). Poliamor Disney, poliamor fusional… Es lo que tiene: Que si no cambiamos las dinámicas que seguimos en las relaciones monógamas, arrastraremos una mochila con las mismas ideas, pero simplemente multiplicadas por más personas.

Afortunadamente, también se conocen casos que sí se parecen a esas propuestas utópicas, desde el anarquismo, Fourier, el feminismo y otros muchos grupos.  Ahí estaba el origen: Formas de cambiar cómo vivimos en el mundo. No olvidemos que muchos referentes actuales, incluidos los anglosajones, vienen de nuestros márgenes: Dossie, lesbiana y feminista de la segunda ola. Janet, de género fluido, bisexual y feminista de la segunda ola. Las dos, practicantes de BDSM toda la vida. Tristan Taormino, lesbiana queer con pareja trans. Kathy Labriola (del Libro de los celos para la no monogamia), anarquista y feminista. Brigitte Vasallo desde el feminismo. Roma de las Heras desde el anarquismo, el BDSM y el feminismo… y muchísimos nombres más pequeños (y los que se me olvidan, sorry!), y de personas anónimas que vamos conociendo por todo el país (en las charlas y talleres) y todo el mundo (via internet) que han llevado adelante proyectos que consiguen hacer las cosas de otra manera, que consiguen construir un mundo más parecido al ideal con que siempre hemos soñado… aunque son proyectos no tan visibles en los medios de comunicación. O cuando aparecen, muestran una vida nada “exótica” para los medios, frustrando sus ganas de morbo ¿Es eso una parte de su éxito?

 

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