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Erotizando la crueldad

7 enero, 2013 a las 11:00/ por
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ADVERTENCIAS PREVIAS:

  • Esta traducción propia de James Giles “The Object of Sexual Desire” no pretende ser LA explicación de las prácticas BDSM. Está limitada al terreno en el que el autor realiza sus trabajos. Sobre el autor, en inglés, se puede leer en wikipedia. La intención es sumarlo a otros textos que vamos traduciendo y que nos vaya sirviendo como material para elaborar otros trabajos derivados o para pensar/hablar sobre el tema, sobre lo que hacemos.
  • Con esto no se pretende hacer, en absoluto, una valoración moral de esas prácticas, ni una patologización de las mismas. 
  • Tal como se define el sex positive movement (que seguimos como filosofía personal) consideramos siempre toda actividad sexual consensuada como sana y placentera, y defendemos el placer y la experimentación. El “sex-positive movement”, es un movimiento social y filosófico que defiende esas actitudes. Defiende la educación sexual y el sexo seguro. No se hacen distinciones morales entre tipos de actividades sexuales, considerando esas elecciones como una cuestión de preferencias personales.
  • Consideramos importante traducir textos disponibles desde hace años en inglés de los que no encontramos traducción en español. Y por supuesto siempre estamos abiertxs al debate sobre cualquier tema…
  • Así que aclarado esto, vamos con la traducción. La fuente original la hemos encontrado en Google Books.
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“Este punto de vista también ayuda a explicar los deseos sexuales y fantasías que incluyen violencia o daño. Uno de los hechos aparentemente peculiares de las personas que tienen esos deseos es que han sido habitualmente víctimas del maltrato que ahora es objeto de sus deseos. Es decir, personas cuyos deseos sexuales o fantasías incluyen cosas como violencia física, por ejemplo, tienden a haber sido golpeadas cuando eran niñxs. La conexión entre esos deseos y la violencia cuando eran pequeñxs —la erotización del trauma, como lo llama Kaplan— es lo suficientemente fuerte como para que Kaplan diga “puedo decir sin género de duda que en más de 7000 exámenes médicos que he realizado durante los últimos veinte años, no he encontrado una sola persona con fantasías, deseos y/o prácticas sádicas o masoquistas que no hubiese sido sujeta a una crueldad considerable de pequeña” (1995, p 43).

La razón por la que esta conexión tiene un aire peculiar es porque ser tratadxs con crueldad es una experiencia terrorífica e indeseable, especialmente para niñxs que no se pueden defender de esa crueldad. Pero si esas experiencias eran terroríficas e indeseables cuando sucedieron por primera vez, ¿cómo pasan luego a convertirse en objetos del deseo sexual? La explicación de Kaplan sobre esto es que la erotización del trauma es una defensa contra la devastación emocional del maltrato infantil. Si el recuerdo de los sucesos violentos se dejase tal cual, amenazarían el desarrollo de la integridad psicológica del desarrollo infantil. Erotizando el suceso, dice, puede compararse con el desarrollo de una capa de piel protectora sobre una herida que permite que esa herida cicatrice mientras se va estabilizando.

Aunque esta explicación parece razonable y encaja bien con la noción freudiana del mecanismo de defensa de formación reactiva, es decir la auto-defensa contra la ansiedad que provocan determinados sentimientos o ideas mediante una expresión exagerada de sus opuestos, la explicación de todos modos tiene algunos problemas básicos. Primero, la explicación de Kaplan sugiere que esos deseos o fantasías son algo temporalmente oportuno que se usará sólo, usando su metáfora, mientras la herida está cicatrizando. De todos modos, como la misma Kaplan reconoce, los deseos y fantasías sexuales particulares, incluidos lo de carácter sádico y masoquista, son muy resistentes al cambio, lo que sugiere que o la herida no cicatriza, o el deseo continua a pesar de que la herida cicatrice o que algo más falla en su explicación.

Segundo, la explicación de la erotización del trauma como una “capa protectora” sugiere la idea de que los deseos sexuales resultantes en cierto modo existen de manera pasiva o inactiva, funcionando como una especie de barrera protectora entre la persona y lo que la persona desea sexualmente. Pero está claro que el deseo es directo y dirigido hacia afuera. Por lo tanto esa erotización no es tanto una capa que envuelve a la persona estáticamente sino que es dinámica y con un alcance orientado hacia el exterior que se centra en la actividad sexual deseada. Y esto es válido incluso para esos deseos de naturaleza sádica o masoquista. Se podría decir entonces que el deseo de una persona por violencia sexual defiende a la persona del dolor del trauma inicial mediante la persecución activa, sea en la fantasía o en la realidad, la actividad sádica o masoquista. Por lo tanto, la metáfora de una capa protectora no parece que se adapte exactamente. Una metáfora mejor sería la de un asalto frontal.

 Entonces ¿cómo protegen esos deseos a alguien del recuerdo de su trauma infantil?. Una explicación posible, que se deriva del estudio que presento, es que el desear algo es normalmente ver algo con cierto sentido de valor, de ser positivo. Por lo tanto, desear una actividad sexualmente abusiva, sea como persona receptora o como quien perpetra el abuso, es ver el abuso en cierto modo como algo positivo y por lo tanto no viéndola  realmente como algo horrendo. De hecho, es verla completamente como lo opuesto, es decir, como deseable.

¿Pero como convencerse interiormente de que la actividad abusiva es algo deseable, especialmente cuando el incidente original fue emocionalmente devastador y no deseado en absoluto?. Aquí es donde tiene cabida el rol del placer sexual como una afirmación del deseo sexual. Aquí el placer sexual que se deriva de los deseos, fantasías o actividades sexuales sirve para afirmar la deseabilidad de la actividad sexual deseada. Porque si semejante intenso placer erótico es el resultado de una actividad sexual violenta o abusiva, al menos estamos recibiendo la afirmación de que la actividad —y por lo tanto el trauma de infancia que se está performando de nuevo (ocupando el papel de la víctima o el que abusa)— es en realidad deseable y que, por lo tanto, después de todo, no es terrorífica en absoluto.”

Traducción propia de James Giles “The Object of Sexual Desire”. Praeger, 2004, / University Press of America, 2008. Pags 61-63

 La imagen, de aquí

3 Comentarios a “Erotizando la crueldad”

  1. Si no me equivoco, ¿esto tiene que ver muy directamente con el “shadow play”, de lo que ya has hablado en alguna otra ocasión?

    Nota.- Dejé un comentario por si buscas permorfers en el post del 19.12.12

  2. miguel mosca dice:

    No exactamente, porque este autor viene de una visión diferente, lo de la sombra viene de la psicologia jungiana y este autor parece más freudiano. Este suena más a búsqueda de ¿curación?, el shadow play me recuerda más a saber convivir con esa parte.
    Y sí, vi el comentario :-)

  3. ¡Ah! Tienes razón. Se puede analizar de esa manera. Hace años que practico el “shadow play”, sin ser consciente, y sin saber que se llamaba así, hasta lo descubrí en tu blog (luego leí a Jung). Sólo cuento con mi experiencia, pero tengo la impresión de que en estas sesiones también hay algo de terapia (o psicoterapia). Mi “santa” esta encantada y cada vez lo disfruta más.

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