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Guía sobre lo que debes saber sobre poliamor si eres profesional de la psicología (publicado por la NCSF) (y 7)

6 junio, 2020 a las 8:30/ por
Screenshot_2020-05-22 Lo que, como profesional de la psicología, se debe saber sobre poliamor Editado por la NCSF (2)

Esta es la séptima y última parte de la guía de la NCSF (National Coalition for Sexual Freedom) sobre poliamor para profesionales de psicología (se puede ver la publicación original aquí y también se puede consultar o descargar en PDF de la web de Pink Therapy).

Aprovechando que hoy por la mañana daré una clase sobre este tema en la Autónoma, para quienes no pueden asistir pero les interesa información relacionada con psicología y poliamor comparto la traducción del folleto de la NCSF “Qué se debe saber, como profesional de la psicología, sobre las relaciones poliamorosas”. Se pueden encontrar el resto del documento en las anteriores entradas que he ido publicando con la traducción. Aquí está la sexta. Había traducido hace tres años las dos primeras partes, que se pueden consultar aquí y aquí y como continuación, viendo que era algo necesario y nadie más se animaba a traducirlo, he seguido con la tercera parte, que se puede leer aquí. Más tarde publiqué la traducción de la cuarta. Y aquí está la quinta.

He alterado poco el original, sólo para evitar el masculino “neutro” en adjetivos y pronombres, como hago desde hace años. Faltan las notas y bibliografía final porque no le veía mucho sentido incluirlas, ya que están en inglés. Se puede encontrar esa información en el enlace al PDF original.

Obviamente, lo comparto para que nos beneficiemos todo el mundo que nos dedicamos a la terapia o asesoramiento con personas en relaciones poliamorosas. Lo que sí agradecería sería la mención de la fuente si utilizas esta información en tus redes sociales. No tengo problema en hacer este trabajo y compartirlo para que nos beneficie a todo el mundo, y a tí no te cuesta nada decir de dónde lo has sacado. Como siempre, es una recomendación que sobra para quienes hacen las cosas con buena fe y que van a ignorar quienes lo hacen siempre igual… ;-) 

El lunes publicaré un enlace a un documento de googledocs con todo el texto rcompleto y ordenado. ¡Espero que os resulte muy útil! Si tienes cualquier duda o pregunta me puedes localizar por cualquiera de mis redes sociales, sea instagram, facebook o twitter.

La guía fue escrita por Geri Weitzman, Joy Davidson, y Robert A. Phillips. Publicada para la NCSF por James R. Fleckenstein, y Carol Morotti-Meeker ©2014 NCSF. Traducción: miguel vagalume, 2020.

 

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Cuestiones relativas a la relación

Cuando los miembros de la relación principal comentan por primera vez la cuestión de la no monogamia (Ramey, 1975; Ziskin y Ziskin, 1975):

El paradigma de la relación preexistente se altera inmediatamente. La “conversación sobre el poliamor” puede forzar a los miembros a explorar y expresar necesidades que no están siendo cubiertas y secretos emocionales que se han guardado hasta ese momento.

Cuestiones que se dan por hechas en la monogamia suelen necesitar un proceso específico en las relaciones poliamorosas, por ejemplo:

Tiempo y dinero: ¿Cuánto se debe gastar con quién?¿Quién lo decide y de qué forma? (Ramey, 1975)

Sexo: ¿Qué tipo de sexo es aceptable, con quién y bajo qué circunstancias? (si es hombre, mujer, esporádica, una fiesta, sesiones BDSM con o sin contacto genital, penetración, etc)

Sexo seguro: Cuestiones médicas, contracepción

Transparencia: ¿Hasta qué punto se quiere saber sobre los detalles sexuales/emocionales con otras personas?¿Cuánto es “demasiado”?¿En qué circunstancias se dan esos detalles, y en qué momento de la relación?

Respecto a las personas con quién tiene una relación nuestra pareja principal: ¿Hasta dónde puede llegar esa relación?¿Va a ser obligatorio que se les conozca antes de que haya ninguna actividad sexual?

Pertenencias y espacio personal: Con situaciones como “No, tu amante no puede usar mi albornoz para bañarse”, o “Sí, está bien si él y tú tenéis sexo en nuestra cama”.

Incorporación de las nuevas relaciones a las relaciones a situaciones con familiares y amistades:
¿Es posible o no?¿Cuándo?¿Cómo?

Paridad: Llegar a alcanzar una relativa equivalencia en las relaciones extradiádicas. Tratando las consecuencias, si las hay, de la falta de paridad en las relaciones externas.

Derecho a veto: ¿Quién tiene derecho a decir “no” a una elección de su pareja?¿Se puede ejercer ese derecho de forma urgente o debe darse alguna explicación?

(Para leer más sobre estas cuestiones, consultar más abajo “Ayudando a los miembros de una relación a negociar acuerdos y límites en su relación”).

 


 

 

https://www.flickr.com/photos/spaztacular/2932867232/

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Cuestiones relativas a las emociones

En ocasiones ocurre que quienes participan en estilos de vida alternativos experimentan una variedad de conflictos internos que no habían previsto y se hace necesario que su terapeuta deba ayudarles a examinarlos. Por ejemplo, es importante determinar si los miembros de la relación han aceptado internamente su estilo de vida a un nivel emocional o si simplemente lo han aceptado intelectualmente. Las personas que por razones filosóficas hayan decidido participar en un estilo de vida alternativo pueden encontrar que tienen dificultades para enfrentarse a sus respuestas emocionales una vez que comienzan a vivir esa forma de vida y experimentan cierta incapacidad y culpa por ello. O puede que hayan acordado participar por miedo a que, si se negasen, perderían a su amante o cónyuge. Se debe ayudar a las personas que acuden a terapia a explorar sus propio sistema de valores y el impacto en sus sentimientos sobre sí mismas. Participar en ese estilo de vida ¿les crea cierta incongruencia entre los valores internalizados y los expresados?¿Experimentan sus decisiones como responsables o se cuestionan su validez?¿Han internalizado creencias religiosas o filosóficas que condenan su modo de vida (como puede suceder a gays que experimentan mucha ansiedad y culpa porque creen que su estilo de vida es incongruente con sus creencias religiosas)? Su terapeuta debe ser sensible a esos conflictos internos y ayudar a sus clientes a ganar cierta consciencia y aceptación sobre su propia realidad psicológica y límites personales.

Es importante distinguir entre personas, parejas o dinámicas de grupo problematizadas y los momentos problemáticos en relaciones poliamorosas predominantemente sanas.

Algunos puntos críticos típicamente encontrados por clientes en el recorrido hacia el poliamor son:

Tomar la decisión sobre si avanzar en la exploración del poliamor y, si es así, determinar de qué forma que sea la que mejor se adapte a las necesidades de cada cual.

Aprendizaje de lo básico: Asumir que pasar del modelo de una relación exclusiva a una abierta lleva su tiempo y supone sufrimiento. Se cometerán errores. Eso puede llevar a que se desbarate el proceso o a aprender importantes lecciones.

Desarrollo de límites: Toda relación sana requiere buenas habilidades tanto para marcar, comunicar y mantener los propios límites como para respetar los ajenos. Las relaciones poliamorosas no son una excepción.

Adoptar una política de “sin sorpresas”: Tener un cuidado sensato y desarrollar un buen sentido para encontrar el momento apropiado para evitar saltarse pasos enecesarios para presentar nuevas relaciones ajustarse a los cambios de las relaciones que ya existen. Es imposible insistir demasiado en la importancia de prever con tiempo y comunicarse bien para que nadie se encuentre con cambios inesperados. Dentro de lo razonable, evitar iniciar cambios más rápido de lo que sea capaz de manejar la persona más lenta del grupo.

Crear cierta tolerancia a la ambieguedad: Quienes tienen relaciones poliamorosas pueden experimentar malestar, confusión o baja autoestima cuando visiones idealizadas del poliamor se ven eclipsadas por emociones primitivas que parecen no corresponderse con sus ideas “tan evolucionadas”. La exhuberancia inherente a algunos aspectos del poliamor puede a veces verse compensada con los correspondientes olas de dolor o sufrimiento respecto a otros aspectos. Por ejemplo:

El disfrute de uno de los miembros al expandir el horizonte del amor puede encontrarse con el contrapeso del dolor de abandonar fantasías románticas de tener y ser “el amor de su vida”.

La emoción de la diversidad sexual puede encontrar el contrapeso de la lucha con los demonios internos (miedo a la pérdida, abandono, inseguridad sobre la propia deseabilidad, sensación de fracaso al cometer errores, etc.)

El placer de tener más necesidades cubiertas por más personas puede tener el contrapeso de la responsabilidad propia y con otras personas. Es doloroso reconocer que incluso en el mundo de la relaciones alternativas, la fantasía de “tenerlo todo” -la mezcla perfecta al satisfacer todas las necesidades emocionales, sexuales y relacionales- a veces no puede ser alcanzada.

Manejo de los efectos secundarios: Prepararse para seguir adelante si no se puede llegar a un acuerdo para seguir adelante con la opción poliamorosa, y negociar la “estrategia de salida” menos disruptiva.

 


 

 

celos

Celos

De todas las preocupaciones emocionales que presentan quienes acuden a terapia con relaciones poliamorosas, el asunto de los celos es lo suficientemente significativo como para requerir una atención especial. Fue de los ambientes poliamorosos y en las personas nuevas en el poliamor se encuentra a menudo la percepción errónea de que los celos no existen en el poliamor. La mezcla compleja de conductas que la sociedad llama “celos” puede manifestarse, y se manifiesta, en las relaciones poliamorosas. Cómo identifican, nombran y abordan esas manifestaciones los miembros de la relación a menudo determina el grado de éxito o fracaso en mantener estas relaciones.

La investigación sugieren que lo que llamamos “celos” es más cercano a un conjunto de emociones variadas más que una emoción concreta (Eckman, 1999; Hupka, 1984; Parrott y Smith, 1993; Solomon, 1976; White y Mullen, 1989). Cada necesidad debe ser separada, examinada y tratada por terapuetas usando métodos terapéuticos estándar. En resumen, por parte de terapeutas se debe estar en guardia para evitar la tentación de considerar los celos como naturales, monolíticos e inmunes a la intervención.

Todas las emociones que componen los celos -enfado, culpa, dolor- pueden ser descubiertas en la expresión incipiente de las mismas en los miembros de la relación y ocuparse de ellas de formas que vayan a las causas originales de esas emociones negativas que dificultan superarlo con éxito. Los celos se pueden manejar mediante renegociación con los miembros de la relación, desensibilización y aumentando la consciencia propia. 

Ellis (1972) hace un trabajo excelente separando lo que él llama celos “racionales” -los celos con los que se puede convivir y que te pueden estimular a adoptar conductas que mejoren la relación- y los celos “irracionales que, desafortunadamente, son la reacción “típica” socialmente admitida cuando la pareja se desvía de la exclusividad sexual/emocional y que normalmente lleva a toda una serie de conductas destructivas.

La “compersión” es el antónimo de los celos (Pines y Aronson, 1981). Se refiere a disfrutar del amor que siente por una tercera persona la persona con quien tenemos una relación, como madres y padres disfrutan con el desarollo de su querida criatura. Esto es un ideal, no siempre alcanzable de forma rápida en las relaciones. La compersión está conectada a menudo a la paridad; la paridad a veces alimenta la compersión. Los sentimientos de celos hacia amantes de la persona con quien tenemos una relación se pueden ver exagerados en ausencia de relaciones equivalentes que sean satisfactorias y complementarias.

Aunque es común que aparezcan ciertos celos en las relaciones abiertas, sobre todo al principio, algunos estudios muestran que a menudo estos disminuyen con el tiempo, incluso sin intervención terapéutica (Constantine y Constantine, 1977). La ayuda de profesionales con formación en este tipo de asesoramiento puede a menudo reducir ese período considerablemente, así como suavizar ese recorrido.

 


 

 

https://www.flickr.com/photos/pasukaru76/5023702628/

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¿Cómo pueden prepararse quienes hacen terapia con personas que están explorando el poliamor?

Claramente, un fenómeno tan extendido como el poliamor es importante que sea comprendido por profesionales de la salud mental. De todos modos, las experiencias de clientes con relaciones poliamorosas encienden algunas alarmas. Dentro de la comunidad poliamorosa existe la percepción de que sus terapeutas no tienen buena información sobre su forma de vivir y sus necesidades. Esto limita el alcance al que consideran las personas poliamorosas que tienen derecho a unos servicios de salud mental de calidad (Roman, Charles y Karasu, 1978). Algunas personas poliamorosas comentan su reticencia a ir a terapia debido al miedo a prejuicios. Otras ven que deben usar su costoso tiempo de terapia en educar a sus terapeutas sobre qué es el poliamor, y convencerles de que un estilo de vida poliamoroso no es, de por sí, más patológico que, por ejemplo, ser gay.

Una cuestión básica para terapeutas es si son capaces o no de trabajar efectivamente con peronas que han decidido explorar o vivir tipos alternativos de relaciones (Constantine y Constantine, 1972; Elbaum, 1981; Knapp, 1975; Macklin, 1978, 1981; Pendergras, 1975; Price-Bonham & Murphy, 1980; Riddle & Sang, 1978) Las personas que tienen vidas no tradicionales a menudo experiencian muchas dificultades para encontrar terapeutas que trabajen con sus problemas de una forma crítica. Por ejemplo, Knapp (1975) encontró que el 33% de su selección de terapeutas creían que las personas que buscaban un estilo de vida poliamoroso tenían desórdenes de personalidad y tendencias neuróticas, y el 20% sugerían que esas personas podían tener personalidades antisociales. Entre el 9% y el 17% de terapeutas “manifestaban que usarían sus recursos profesionales para intentar influir en que sus clientes dejaran de tener matrimonios sexualmente abiertos”.

Hymer y Rubin (1982) realizaron un estudio en el que se pedía a terapeutas que imaginaran el perfil psicológico típico de una persona poliamrosa. El 24% de ese grupo de terapeutas pensaban que las personas poliamorosas tenían miedo al compromiso o la intimidad; el 15% pensaban que estaban en matrimonios insatisfactorios; y el 7% se planteaba que podrían tener problemas de identidad.

Como muestran esos estudios, las personas poliamorosas que buscan terapia “a menudo son estigmatizadas y penalizadas por los mismísimos servicios originalmente diseñados para ayudarles en esas crisis” (Sussman, 1974, citado en Roman et al. 1978). Es digno de tener en cuenta que Knapp (1975) se encontró que había terapeutas que consideraban a las personas que tenian aventuras extramaritales más “normales” que quienes comunicaban de forma honesta a sus parejas su participación en otras relaciones, y esas opiniones no las ocultaban a sus clientes con relaciones poliamorosas. Rubin y Adams (1978) “encontraron que entre clientes que tenían un matrimonio sexualmente abierto y buscaban terapia, el 27% indicaban que sus terapeutas no les apoyaban en sus relaciones no monógamas”.

A veces esa desaprobación se expresaba de forma abierta, y en otras ocasiones se hacía de forma más encubierta. Aunque dichos sesgos no se encontraron en la totalidad de terapeutas, suficientes lo hacían como para hacer que sus clientes sintieran recelo a buscar servicios de salud mental. Knapp (1975) destacó que “los tres mayores miedos a los que se enfrentaban clientes que tenían relaciones alternativas eran: la crítica de su forma de vida por parte de sus terapeutas, la presión para que volviera a tener una forma de relación “más sana” y que les diagnosticaran desde el punto de vista psicopatológico”.

Hay evidencias más recientes de que creencia de la población poliamorosa del sesgo negativo o la desaprobación por terapuetas quizá está sobreestimada. Por otro lado, quizá las cosas han cambiado con el paso del tiempo. Una encuesta del año 2000 de un muestreo por conveniencia de personas autodefinidas como poliamorosas (Weber, 2002) mostraba que sólo el 4% de terapeutas ante quienes habían “salido del armario” personas poliamorosas respondieron negativamente. Un sorprendente 16% lo describían como positivo, y un 21% como neutral. Más de un cuarto de las personas poliamorosas encuestadas, de todo modos, declinaron “salir del armario” con sus terapeutas. Sobre si esto refleja la creencia de las personas poliamorrosas de que el resultado de revelarlo será negativo, y por lo tanto, desviando los resultados de la encuesta en la dirección de un resultado positivo, no es posible contestarlo con los datos de que se dispone. Como mínimo, sabemos que, al menos en las grandes ciudades, el paso de las décadas ha hecho que haya un mayor número de terapeutas que ofrezcan servicios a personas poliamorosas sin patologizarlas. Eso no es en absoluto algo cierto de forma universal, de todos modos.

Tradicionalmente, el ejercicio de la psicoterapia ha reflejado los sistemas de valores mayoritarios de los grupos culturales en los que se ha ejerce, y ha visto los estilos de vida alternativos como patológicos o inmorales. Debido a ese sesgo, a menudo tienen la tentación de concentrar su atención en cambiar el estilo de vida en lugar de aliviar los problemas que motivaron a esos sujetos a buscar terapia en un principio.En esos casos, es probable que la persona que busca terapia deje la interacción terapéutica incluso más conflictuada, marginada y frustrada que cuando llegó. Puesto que en la práctica convencional de terapia a menudo se ha fracasado a la hora de responder a las necesidades de clientes con estilos de vida alternativos, se han desarrollado numerosos servicios especializados, como colectivos de terapia feminista y centros de terapia para gays y lesbianas.Como hemos indicado anteriormente, también hay recursos online de asesoramiento “polifriendly”, y debe llamarse la atención sobre el hecho de que en absoluto la totalidad de terapeutas LGTB tienen la misma actitud positiva hacia las relaciones no monógamas.

Los Principios Éticos para Profesionales de Psicología y el Código de Conducta de la American Psychological Association señala que, “proveen servicios, forman e investigan con poblaciones y en áreas sólo dentro de su campo de competencias, basándose en sus estudios, formación, experiencia supervisada, trabajo en equipo, estudio o experiencia profesional”. (APA, 2010). Aunque no es vinculante para quienes no son miembros, esos principios son un sensato punto de partida para toda persona que ejerza terapia. Familiarizarse con la literatura disponible. Leer esta publicación es un comienzo excelente.

Los manuales sobre “funcionamiento familiar normal” generalmente no incluye referencias a los estilos de vida poliamorosos, y eso contribuye a una mayor ignorancia sobre el poliamor en parte de terapeutas y asesoramiento. Aunque hay pocas investigaciones centradas en la población poliamorosa, hay un gran número de investigaciones bien documentadas de un pasado reciente. La naturaleza humana no ha cambiado en dos décadas. Los recursos actuales están disponibles, pero en general para los colectivos; por lo tanto, tanto clientes como terapeutas con interés en estos temas están aprendiendo simultáneamente, a través de la experiencia y compartir esas experiencias.

Se ha sugerido que la mayor efectividad entre profesionales con sus clientes con estilos de vida alternativos será la de quienes se concentren en qué es mejor para sus clientes, desde el punto de vista de sus clientes más que del suyo propio (Constantine y Constantine, 1972). Tendrán la flexibilidad necesaria para conectar con los valores y objetivos vitales de sus clientes y trabajar para ayudarles a encontrar formas de preservar y enriquecer las relaciones que han elegido tener. Tendrán la predisposición a ir más allá de soluciones prediseñadas o más habituales, y a explorar en territorios que pueden ser inexplorados, dejar a un lado prejuicios tradicionales, y ayudar a sus clientes a diseñar su propia ruta, preferiblemente con los otros miembros significativos de la relación (Macklin, 1981). Serán capaces de ver patrones familiares alternativos como modelos familiares “únicos, posiblemente nuevos, potencialmente muy productivos” en lugar de verlos desde una “perspectiva peyorativa convencional” (Constantine y Constantine, 1972). Tendrán la capacidad experta de crear una atmósfera en el que sus clientes se sientan libres para explorar, llegar a acuerdos y tomar decisiones apropiadas para su caso. Hacerlo de otra manera sólo sirve para poner a esas personas que acuden a terapia a la defensiva, y en lugar de ser libres para valorar sus decisiones, se ven forzadas tener que justificar sus decisiones.

Como terapeuta se debe identificar y trabajar en eliminar los efectos potencialmente perjudiciales en sus clientes de los sesgos negativos más sutiles:

★ La persona que acude a terapia puede hacerlo con cautela. Puede que evite contarlo todo y la efectividad de la terapia verse comprometida.

★ La persona que acude a terapia pierde la oportunidad de examinar libermente no solo el poliamor sino también la monogamia como una elección consciente (frente al mandato social).

★ Atribuciones erróneas por parte de terapeutas de las disfunciones personales o diádicas a la estructura poliamorosa pueden desviar su atención, y dejar sin explorar asuntos importantes.

★ Terapeutas que no sean capaces de distinguir prácticas poliamorosas sanas y auténticamente consensuadas de prácticas sutilmente coercitivas.

★ Terapeutas que no sean capaces de aportar herramientas útiles para ayudar a sus clientes a navegar la complejidad de las relaciones poliamorosas.

La sensación de permiso y aceptación implícita en lo anterior solo puede darse si su terapeuta muestra un apoyo auténtico de la diversidad y la elecciones individual de la propia forma de vivir. Para valorar la preparación de cada cual para hacer esto, es necesario que cada terapeuta tenga la predisposición para comprometerse a la autoconsciencia y la autoexploración. Un examen honesto de los propios valores y la propia definición de normalidad es necesaria si cada cual quiere entender sus propias reacciones emocionales y valorar en qué se basan. A menudo, cuando se piensa, se da cuenta que sus reacciones se basan más en su socialización para favorecer formas tradicionales de familia que en una exploración detallada de ese estilo de vida. Dado que los valores tradicionales tienden a apoyar creencias que describen ciertos estilos de vida como intrínsecamente poco sanos e indicativos de alguna perturbación, a menudo impiden que vea los problemas concretos que están afectando a su cliente. Si su terapeuta cree que sus puntos de vista respecto a la moralidad de esas relaciones están en desacuerdo con las de su cliente, debe ser comunicado y su terapeuta debe reconocer su falta de preparación para el caso (Sprenkle y Weis, 1978).

Al trabajar con personas con estilos de vida alternativos, es importante, que los objetivos sean los de su cliente (en lugar de los de su terapeuta). Hacer esto requiere que busquen ayudar a sus clientes a articular sus propios objetivos y facilitar la necesaria comunicación entre los miembros de la relación para conseguirlo. En el proceso, sus clientes pueden encontrarse luchando con conflictos no previstos con sus valores, motivaciones y expectativas. Como siempre esto es mucho más probable que suceda si su terapeuta puede comenzar con la aceptación de una determinada decisión de elección de un estilo de vida y concentrarse fundamentalemente en las dinámicas problemáticas dentro de ese estilo de vida para su cliente en concreto.

Un esfuerzo consciente para conocer la literatura relacionada con estos temas requiere la predisposición a explorar la validez de las propias creencias y a redefinir el propio sistema de valores basándose en los datos derivados de la evidencia. No toda la totalidad de terapeutas tienen esa disposición a hacerlo, y, por lo tanto, nadie debe sentirse con la obligación de trabajar con ese tipo de clientes. Quienes hacen terapia deben ver con honestidad sus limitaciones y darse permiso para no aceptar a alguien como cliente. De otra manera, su trabajo clínico puede suponer un conflicto de valores y/o requerir un conocimiento especializado con el que puede no querer trabajar. La mejor alternativa en estos casos es, a menudo, una explicación honesta y una derivación comprensiva.

Para resumir:

Quienes trabajan con personas poliamorosas no es importante que sean personas “expertas”.

Es imporante que tengan predisposición a aprender y seguir aprendiendo.

No es importante que tengan relaciones poliamorosas.

Es importante que acepten que el poliamor es una opción de relación valiosa y viable para algunas personas.

Si quienes ofrecen terapia no pueden aceptar el poliamor hasta ese punto, deben referir a sus clientes a terapeutas que sean capaces.

 

 


 

 

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Formas específicas en que quienes ejercen profesionalmente como terapeutas pueden ayudar a personas poliamorosas y a sus relaciones.

Ayudar a un miembro de la relación a decidir si quiere poner sobre la mesa la idea de ser poliamoroso y ayudar a los miembros de relación si el poliamor es adecuado en su caso.

Cuando un miembro de una pareja desea introducir la idea del poliamor en la relación, su terapeuta puede ayudarle a decidir si poner el tema sobre la mesa y ayudarle a preparar la respuesta que su pareja pueda tener. Terapeutas con formación pueden también ayudar a la pareja que está valorando por primera vez tener una relación poliamorosa para valorar si es un elección correcta en su caso (Peabody, 1982). Su terapeuta puede ayudar a la pereja a explorar cómo van a manejar cuestiones como los celos, la discriminación, establecer unas normas básicas, prevenir infecciones de transmisión sexual y los embarazos potenciales (Ziskin y Ziskin, 1975).

 

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Ayudar a los miembros de la relación que tipo de relación poliamorosa es mejor para ellos.

El poliamor pueden tener varias formas, todas adaptables a los deseos, necesidades y acuerdos concretos de las personas involucradas. En terapia se puede ayudar a esas personas poliamorosas a explorar las opciones disponibles y tomar las primeras decisiones basándose en sus circunstancias y necesidades específicas. Las formas más típicas, pero no limitadas a estas, son:

★Principal/secundaria (Principal +1): Una pareja en una relación principal (un matrimonio o similar) llegan a un acuerdo de buscar relaciones adicionales de forma individual. Sus nuevas relaciones pueden ser profundas y relevantes con un compromiso serio en el tiempo y energía invertidos, o simplemente, amantes ocasionales.

★Triada: Tres personas desarrollan una relación íntima a largo plazo. El compromiso es relativamente igual entre todos sus miembros. Las triadas se suelen formar a partir de una diada que se expande para incluir a una tercera persona.

★ Persona con varias relaciones principales (puede parecerse a una configuración en “V”): Una persona está en la base de la V como el vértice, teniendo una relación estrecha con las otras dos personas. Esas dos personas no se relacionan entre sí de una forma tan estrecha (o incluso nada en absoluto).

★ Matrimonio grupal o familia poliamorosa: Tres o más personas crean un sistema relacional íntimo muy cohesionado. Puede que acuerden exclusividad sexual entre los miembros del grupo (llamada polifidelidad) o pueden acordar ciertas condiciones para quienes tengan relaciones con personas que no pertenecen al grupo.

★ Redes íntimas: Conexiones entrelazadas entre “amistades eróticas” que tienen varias relaciones con diferentes grados de intimidad, intensidad y compromiso

★ Polisoltería (poli-citas entre personas solteras): Relaciones que se diferencian de “ir de flor en flor” en que esa persona sin pareja no está buscando a un “Amor de Verdad” o “alguien con quien casarse” y generalmente comunica abiertamente qué otras relaciones tienea todas nuevas relaciones potenciales.

Esto no es una lista exhaustiva de todas las configuraciones poliamorosas potenciales (Chapman, 2010), pero estos son los patronnes más comunes sobre los que se suelen negociar las relaciones concretas. Lo que tienen en común estos tipos de relaciones es el rechazo de la expectativa de que una de las relaciones pueda cubrir todas las necesidades de la otra persona, emocionales, sociales, sexuales, económicas y/o intelectuales (Peabody, 1982). Se ha visto que el poliamor aumenta el crecimiento personal e interpersonal, así como la creación de alianzas con personas con una amplia variedad de rasgos de personalidad, creciendo el potencial personal.

 

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Ayudar a los miembros de la relación a negociar acuerdos y límites en sus relaciones.

Del mismo modo que las parejas a veces buscan la ayuda de asesoramiento de pareja para negociar sus acuerdos y límites en la relación, el apoyo de terapeutas de pareja con conocimientos sobre poliamor puede ser beneficioso para los miembros de una relación poliamorosa (Ramey, 1975, Ziskin y Ziskin, 1975). Primero, porque hay poco modelos sociales para estructurar una relación poliamorosa por lo que los miembros de ese tipo de relacione a menudo se encuentran explorando nuevos territorios mientras buscan cómo cubrir las necesidades de todas las personas involucradas. Segundo, es incluso más complicado llegar a un equilibrio entre las necesidades de múltiples individuos más de lo que lo es llegar a compromisos entre dos, por lo que la asistencia de alguien con experiencia en la mediación puede facilitar el proceso. Cada acuerdo es un recordatorio de que el consenso está en el centro de unas relaciones poliamorosas satisfactorias. Generalmente, el consenso debe se dado de forma explícita y detallada para evitar futuras recriminaciones. En terapia se puede ver a clientes con relaciones donde existe manipulación, falta de honestidad u otros patrones disfuncionales que no representan unas relaciones poliamorosas sanas como tampoco monógamas sanas. Se debe prestar atención para distinguir un consenso auténtico de un “consenso” bajo coacción. El inmenso volumen de negociaciones que supone coordinar los complejos problemas de múltiples miembros de una relación puede resultar abrumador, al menos al principio. Una habilidad útil para enfrentarse a esto, con lo que pueden ser de gran ayuda sus terapeutas, es que cuando alguien siente que la situación le abruma, es mejor bajar el ritmo, dar un paso atrás y preguntarse “¿Qué habilidades me faltan y cómo las aprendo?”

Los acuerdos a menudo pasan a través de un proceso de autoanálisis, comunicación, negociación, experimentación, más autoanálisis, discusión y, si se desea renegociar algo, el proceso se repite.

Mantener la integridad de los acuerdos en las relaciones “jerárquicas” es epecialmente crítico. Algunas preocupaciones concretas aparecen cuando:

Un miembro “secundario” de la relación dedica una energía (y expectativas) de relación principal con alguien que ya tiene una relación principal.

Se produce un lento trasvase de tiempo/energía de una relación principal a una secundaria (o de una secundaria a una terciaria) sin el consenso de todas las personas involucradas.

Se pasa tiempo con una de las relaciones para evitar atender los asuntos complicados de otra relación.

Hay una serie de temas sobre los que suelen negociar los miembros de relaciones poliamorosas (Ramey, 1975). Uno es la incorporación de amantes y relaciones nuevas ¿Deben estar esas nuevas relaciones sujetas a la aprobación por parte de miembro/s de la relación ya existente?¿Hay alguna restricción respecto a la nueva relación, como límites en la cantidad de tiempo que pueden compartir, o actividades sexuales concretas que estén reservadas sólo para la pareja inicial?¿Puede compartirse el dormitorio de la pareja que ha tenido una relación a largo plazo con nuevas relaciones?¿Puede la nueva relación incluso a igualar en estatus a la relación ya existente, o la que ya existía se prevé que siga siendo principal?¿Las personas ajenas a la relación deben ser informadas de la existencia de relaciones adicionales (Knapp, 1975?

Bunk (1980) señala que los acuerdos y normas básicas parecen ser esenciales para tener relaciones sexualmente abiertas satisfactorias. A partir de una muestra de personas heterosexuales de Países Bajos que tenían matrimonios abiertos, identificó cinco factores que, cuando se analizaban estadísticamente, puntuaban más alto en la importancia para tener relaciones satisfactorias:

★ Matrimonio principal: Los acuerdos que mantienen la honestidad y lealtad entre cónyuges o miembros de la relación principal,, como valor central.

★ Intensidad controlada: Los acuerdos que permiten poner límites en la intensidad y duración de las relaciones “externas”.

★ Visibilidad: Los acuerdos que mantienen la transparencia (nada de secretos) en todos los aspectos de las relaciones externas.

★ IEquilibrio: Los acuerdos que limitan el número de relaciones potenciales y cuidan de que haya reciprocidad (estos fueron defendidos por un pequeño número de miembros del estudio)

★ Invisibilidad: Los acuerdos que permiten cierta autonomía y privacidad dentro de las relaciones externas.

Hay una abundante literatura sobre cómo desarrollar reglas y acuerdos para negociar satisfactoriamente las relaciones sexualmente no exclusivas. Puede ser un recurso muy valioso para terapeutas que trabajen con clientes que están valorando tener ese tipo de relaciones (Hoff y Beougher, 2008; LaSala, 2001; Shernoff, 2006).

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Ayudar a personas poliamorosas en el proceso de salir del armario.

Hay abundantes estudios para afirmar que se producen resultando fisiológicamente negativos entre los miembros de minorías sexuales que permanecen “en el armario” (Cole, Kameny, Taylor, Visscher y Fahey, 1996; Cole, Kameny, Taylor y Visscher, 1996) y también síntomas psicosomáticos que, aunque no causen daños fisiológicos, pueden de todos modos reducir la calidad de vida (Weinberg y Williams, 1974)

Salir del armario, tal como lo define Drescher (2004) es el proceso por el que “las personas integran, lo mejor que pueden, aspectos disociados de ellas mismas” Las personas poliamorosas y otras en relaciones no exclusivas comparten con gays y lesbianas la necesidad de esconder su auténtica identidad sexual por miedo a la desaprobación, discriminación e incluso violencia.

En terapia se debe caminar con cuidado al ayudar a clientes con relaciones poliamorosas a que se familiaricen con el problema de “salir del armario”. Los riesgos reales a lo que pueden que tengan que enfrentarse al salir del armario deben ser valorados cuidadosamente y de forma desapasionada frente a los costes documentados de mantenerse en el armario.

Las palabras finales de Drescher (2004) lo dicen muy contundentemente. Donde aparecen las palabras “homosexual” o “gay”, léase “poliamoroso”.

“Dado el estigma social existente, la dureza de las actitudes antihomosexuales en la cultura y las dificultades asociadas a revelar la propia identidad sexual ¿cómo podría salir del armario en absoluto una persona homosexual? “Muy a menudo salir del armario supone tomar decisiones sobre cómo manejar situaciones de conversación cotidianas” (Magee y Miller, 1995) Además, salir del armario le ofrece a las personas homosexuales la posibilidad de integrar una amplia variedad de afectos anteriormente disociados, no solamente sus deseos sexuales (Drescher et al 2003, citado por Drescher 2004) Una mayor libertad para expresarse, ante sí mismas y ante otras personas, puede llevar a un inmenso enriquecimiento en su trabajo y relaciones. Para muchas, esas actividades constituyen una definición bastante razonable de su salud mental”.

Quienes ofrecen terapia deben de ser conscientes de los beneficios para la salud mental y física de sus clientes del proceso de salir del armario y aprender métodos y prácticas para ayudar a sus clientes a manejarse en ese proceso de forma satisfactoria.

 

Foto de Craig Sunter https://www.flickr.com/photos/16210667@N02/16561168929/

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Ayudar a personas poliamorosas a desarrollar estrategias de salida cuando sea necesario.

Igual que en las relaciones monógamas, las relaciones poliamorosas pueden tener problemas serios. La mejor manera en la que puede ayudar la terapia profesional es a guiar a los miembros de la relación a definir los asuntos que son importantes en su caso. Tambiñen puede ayudar a que decidan si quieren seguir con ese estilo de vida y a superar los sentimientos de arrepentimiento y pérdida si deciden no seguirlo. Se puede asesorar a los miembros de la relación si se puede salvar alguna forma de relación con el otro/s miembro/s de la relación ¿Necesitan ayuda para disolver la relación como pareja, y si es así, manejar los cambios emocionales y de tipo de vida que esa decisión puede suponer?

Cuando se terminan las relaciones poliamorosas, a menudo quienes no están en ellas asumen que la culpa es de la estructura de la relación, cuando de hecho muchos otros factores pueden haber estado detrás de la ruptura. Poca gente se preguntaría si la ruptura de una pareja monógama se ha debido a haber elegido la monogamia como forma de vida. Una terapia con conocimientos sobre poliamor puede ayudar después de la ruptura a recuperar el valor de buscar de nuevo ese tipo de relación si es lo que han decidido.

 

Ayudar a personas poliamorosas a encontrar comunidades poliamorosas en su zona y facilitarles recursos como artículos, libros y webs sobre poliamor.

En terapia se puede informar a clientes con relaciones poliamorosas sobre grupos de apoyo y recursos en su zona. La comunidad poliamorosa está geográficamente diseminada, y no tiene la misma visibilidad que otras culturas, como tiene la comunidad LGTB. En las ciudades grandes, puede haber encuentros sociales periódicamente, y de vez en cuando hay congresos regionales, pero se necesita saber dónde buscar para encontrarlos (Rubin, 1982). Desde finales de los años 90, la comunidad poliamorosa se pone en contacto principalmente por internet. Hay webs que indican reuniones locales, listas de correo y chats dedicados a asuntos poliamorosos. La comunidad poliamorosa también se solapa mucho con otras culturas en las que los estilos de vida alternativos son aceptados, como la comunidad gay, lésbica, bisexual y el ambiente del famdom de la ciencia ficción [y juegos de rol]. Los eventos donde se reunen esos colectvos dan oportunidades adicionales a la comunidad poliamorosa para conocer gente. Señalar cómo encontrar a comunidades poliamorosas puede ser con mucho una inmensa fuente de apoyo para las personas que salen del armario como poliamorosas.

 

Screenshot_2020-05-22 Lo que, como profesional de la psicología, se debe saber sobre poliamor Editado por la NCSF (2)

 


 

Conclusión

 Estos son algunos de los problemas que aparecen cuando en terapia se comienza a trabajar con personas en estilos de vida alternativos. Al prepararse para trabajar con personas en ese tipo de relaciones, quienes se dedican profesionalmente a la terapia deben resolver cuestiones básicas respecto al objetivo y práctica de la psicoterapia. Si la psicoterapia da habilidades a las personas para explorar posibilidades y experiencias vitales en un entorno neutral o de apoyo, de terapia afirmativa que anime a la responsabilidad propia, entonces, como psicoterapeutas debemos enfrentarnos a las maneras en que nuestro sistema de valores puede sabotear ese objetivo. Solo entonces podremos facilitar la autoexploración, el crecimiento personal y la toma de decisiones responsable de toda persona que busca psicoterapia. Para muchas personas poliamorosas que acuden a terapia, tener una relación expandida representa una alternativa satisfactoria a disolver una relación, con la esperanza de crear una relación más satisfactoria con otra persona. No hay nada en toda la bibliografía que sugiera que eso no sea una vía responsable, viable y sana. La ética de la aptitud cultural demanda de profesionales de terapia y asesoramiento que eviten los sesgos, prejuicios y todo juicio a alguien que busca sus servicios. La educación es un método comprobado para conseguirlo. Usando la información facilitada en este documento como punto de partida, quienes ejercen profesionalmente la terapia y asesoramiento darán un gran paso adelante para llegar a la aptitud necesaria con sus clientes con relaciones poliamorosas.

 

 

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