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La inevitabilidad (evitable) del amor

28 enero, 2021 a las 12:04/ por
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En las relaciones no monógamas “amorosas”, hay algunas (muchas) que se construyen en torno a ideas románticas. En esas ideas hay muchas cosas que vienen de lo que nuestra cultura nos repite veinticuatro horas al día en torno al amor, que Yela acuñó como “mitos” y definió como “ficticios, absurdos, engañosos, irracionales. e imposibles de cumplir” y de los que hay estudios, que cito a menudo, sobre sus efectos en las relaciones de pareja (PDF). Esos efectos afectan no sólo a las relaciones monógamas sino a  cualquiera: se llaman mitos precisamente porque son ideas sobre las que elaboramos otras creencias, son ideas que no percibimos porque son como el aire que respiramos. Están ahí permanentemente y, como contaba hace unos años, y como sigo contando en cursos y talleres, afecta también a las relaciones no monógamas de cualquier tipo.

Pero algo sobre lo que no escribí entonces, y me encuentro a menudo, es la idea de la inevitabilidad del amor. Es la creencia de que la persona que tiene dos relaciones no ha podido “evitarlo”, como si fuera un fenómeno metereológico. Esa idea de lo inevitable tiene más lógica cuando es expuesta por alguien que considera la no-monogamia como una orientación, algo con lo que se nace, del mismo modo que eres gay, lesbiana, bisexual o trans. Aquí no hay una verdad. Puede que no estés de acuerdo con que es una orientación, pero existe quienes lo consideran así y son activistas (o lo viven) desde esa posición. Hay posiciones contrarias, como la Vasallo, que considera que no eres sino que te haces poliamorosa. Y también tiene lógica “no poder evitarlo” si se cree que existen “flechazos a primera vista”, “amor instantáneo” y similares.

Tanto entre quienes están a favor como quienes están en contra de considerar la no monogamia como una orientación, hay un punto de partida que rara vez se cuestiona: se tienen dos (o más) relaciones porque ES LO QUE DESEAS. Porque decides tener dos relaciones. Tiene ciertas similitudes con desear una criatura: Para que ir más allá de que sea un deseo, para llegar a tenerla realmente, debes seguir unos procedimientos (sean físicos para concebir o administrativos para adoptar o tener otro tipo de relaciones), un proceso para ser parte de esa crianza.

Lo mismo sucede con tener dos relaciones simultáneas. No “sucede” por arte de magia, aunque esa suele ser la sensación cuando descubres cuánto te importa una persona a la que te has ido vinculando poco a poco. Se suele descubrir al revés: descubres lo que te dolería romper esa relación, dejar de ver a esa persona.

La vinculación sí es inevitable (…si haces lo que te vincula). Tener una relación, no.

Vincularse es instintivo. Sin follar no te mueres. Pero sin relacionarte con otras personas, mueres pronto y, con pocas relaciones o muy precarias, empeora mucho tu salud física y mental (hay muchos estudios desde los años 50).

Vincularse es instintivo pero ¿es inevitable? No, si no hacemos lo que nos vincula

¿Qué nos vincula? Nos vinculamos con un proceso que, muy resumido, consiste en:

1. Compartir cosas que nos importan mucho, que nos vulnerabilizan, que nos hacen vulnerables (como todo ser humano). Vulnerable no quiere decir débil, quiere decir que hay cosas que “te tocan”, te afectan. Todo ser humano lo es.
2. Darnos cuenta que la otra persona se ha dado cuenta de que nos importa mucho lo que hemos compartido y nos da señales de que lo siente así.
3. Y esa persona nos comparte algo que la vulnerabiliza y le devolvemos señales de que nos hemos dado cuenta de que es algo relevante.

Este proceso no es mágico ni desconocido. Es el que estaba detrás de aquel experimento hace unos años de “enamorarse” de personas desconocidas. En realidad, lo importante, lo que nos vulnerabilizaba mutuamente eran preguntas de ese cuestionario sobre cosas que “nos tocan” como la forma en la que creemos que vamos a morir, contar tu vida entera (y escuchar la de alguien) resumida en cuatro minutos, cosas que no nos gustaron de cómo nos criaron, los recuerdos más valiosos, los más terribles, nuestros sueños que no hemos llegado a cumplir…

Si conocemos a alguien por una red social, aunque no estemos pensando en “hacer nada” con esa persona (que suele referirse al contacto físico), o cuando hemos dicho que “sólo tendremos relaciones sexuales pero nada más”, nos terminaremos vinculando al compartir cosas importantes por whatsapp, telegram y similares. Y poco a poco, sin haber hecho nada,  o “solo follando”,  un día descubriremos que nos hemos vinculado más de lo que esperábamos si hemos compartido cosas que nos importan mucho.

Por eso, nos viene bien recordar que, cuando decimos “tengo dos relaciones”, en realidad eso significa “deseaba tener dos relaciones y he hecho (siendo consciente o no) lo que me ha vinculado a dos personas simultáneamente”.

 Algo diferente es confundir esa vinculación con ser una pareja, o con tener un proyecto, o con ser algo parecido a un matrimonio, o estar poniendo en práctica la monogamia o haciendo lo que nos lleva a la “monogamia obligatoria” (como el concepto de “heterosexualidad obligatoria” o heteronorma). Pero eso lo veremos otro día.

 

 

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