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La teoría no nos avala porque somos en quienes la teoría se inspira

24 noviembre, 2014 a las 11:00/ por
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A veces resulta un poco frustrante, cuando estás en un máster en sexología o lees teoría de cualquier tipo relativa al sexo, ver que tu punto de vista no es avalado por el mundo académico o científico. Resulta frustrante que, para esa esfera de la realidad, tu vida, tus dudas, tus problemas, tus debates no existen. La frustración no es por no pasar a formar parte de libros de texto sino para que todo ese esfuerzo intelectual también se utilice para darte alguna pista, para ayudarte a no tener que ir siempre con los brazos extendidos, tocando con la punta de los dedos, para saber por dónde te estás moviendo, para tener alguna conclusión teórica de tantas experiencias de prueba y error y prueba y error y prueba y error…

Pero la pregunta que le hice un día a un amigo psiquiatra —de los nada convencionales, bastante contracorriente, de quien me enteré de la antipsiquiatría con la que está muy muy de acuerdo…— me ayudó a entender de otra manera toda esta situación. 

Una de mis hipótesis es que, tras medio siglo (aprox) de militancia abierta a favor de los derechos independientemente de la orientación sexual —sea gay, lésbica y bisexual— y de los derechos trans, quizá lo que tengamos delante sea una época en la que se vayan a exigir esos derechos independientemente de la identidad de cada persona. Quizá como fenómeno de una época en que el individualismo de la personalización, la customización, se lleve también a las identidades de la mano de la teoría de género y todas las manifestaciones de género que han aparecido, como infinitas combinaciones de ese universo que es el género en que cada cual es una estrella.

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Conviene entender esta idea de género, por si alguien no lo tiene claro ¿Qué es el género?

Género —del inglés gender— es un término técnico específico en ciencias sociales que alude al «conjunto de características diferenciadas que cada sociedadasigna a hombres y mujeres». Entonces, al hablar de género se está remitiendo a una categoría relacional y no a una simple clasificación de los sujetos en grupos identitarios; según la Organización Mundial de la Salud, éste se refiere a «los roles socialmente construidos, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad considera como apropiados para hombres y mujeres», así, en términos generales guarda relación con las diferencias sociales.

Se trata entonces, de una construcción social y no de una separación de roles natural e inherente a la condición biológica de los sujetos —características anatómico-fisiológicas—, por lo que la analogía o sinonimia semántica entre los términos «género» y «sexo» sería errónea. Dentro de las causas de tal confusión podrían estar la necesidad de socializar lo biológico y de biologizar lo social; tal posición no sería aislada, y su frecuencia ha llevado a que algunos investigadores reconozcan que el término «género» sea «mal utilizada como sinónimo culturalista de sexo, a tal punto que no es infrecuente oír hablar de dos «géneros», el género femenino y el masculino».

Y en mi caso también entendería esa identidad como una categoría relacional, no como un rasgo esencialista (aunque cada persona lo construya de una manera):
(Fuente del texto de la captura)

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A partir de esa variedad de género y expresiones de género, aparecen muchas más identidades y, sobre todo, expresiones que hombre y mujer (y conviene no confundirse con la transexualidad, de lo que hablo otro día, de su distancia frente a lo transgénero, postura que comparto): Agénero, género fluido, bigénero, transgénero, genderfuck, genderqueer, androginia, drag king, drag queen, travesti, crosdressers, bois y lo que vaya surgiendo en cada momento.

Como decía, mi hipótesis es que se irán reclamando derechos para algunos de esos grupos. No recurriendo a “especialistas”o “personas expertas” en esas identidades, sino a partir de debate, conceptualización, elaboración teórica, etc desde dentro de cada colectivo. Pero claro, esto es una sospecha nada más, por lo que pregunté a mi amigo psiquiatra. Le pregunté si existía algún fenómeno por el que se estuviese dando un proceso de construcción de identidades mucho más individualizadas, en un proceso similar al que se dio en el activismo pro-derechos relacionados con la orientación sexual.

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Y me contestó algo que me dio la clave para entender de otra manera esa situación no reconocida académicamente: La teoría se elabora DESPUÉS de darse los casos, de estudiarlos. Y por lo visto, al menos en psiquiatría, hay determinados colectivos que sí vamos a cierta distancia POR DELANTE de esa elaboración teórica, lo que explica que no aparezcan nuestros debates, dudas, casos y conclusiones. No tiene sentido esperar que la teoría nos avale, porque la teoría cumple el mismo papel que cumple la Real Academia Española (de la lengua): Recoger fenómenos que se han dado, no registrar lo que está sucediendo ahora mismo. Eso sucedió con “amigovio”: Es una expresión que por lo visto en Latinoamérica —eso comentaba una tuitera desde un país latino— dejó de usarse hace quince años, pero es ahora cuando la RAE la registra. Pues lo mismo nos pasará con lo que estamos viviendo ahora: Si llega a tener la relevancia suficiente y llega a recibir la atención de alguien a quien le interese realizar una investigación de algunas realidades en las que vivimos, será entonces cuando pasaremos a formar parte de esas ciencias sociales.

 

 

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