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Lecciones que aprendí como dominatrix: Diez cosas que no existen (y 2)

2 septiembre, 2015 a las 11:00/ por
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Esta es la segunda parte del artículo de Mitsu Mark para The Rumpus el 7 de agosto de 2014. Fuente original: Lessons I Learned as a Dominatrix: 10 Things That Don’t Exis.  La primera parte se puede ver aquí: Lecciones que aprendí como dominatrix: Diez cosas que no existen (1)

 

 

“No existen…

 6. “Normal”

Ser una dómina profesional es parte teatro, parte un servicio, parte terapia. Junto con los gustos no conveniconales que nunca contaron a sus amistades más cercanas ni a sus esposas, los clientes a menudo compartían otros secretos conmigo. Sus sexualidades no eran la única faceta que no eran capaces de encajar con el resto de su vida. A través del trabajo con estas personas, viendo su complejidad, aceptándolas como son —a menudo de una manera que nadie había tenido el privilegio de poder verlos— y oirles confesar que son diferentes de una manera u otra, me hizo ver el mundo de otra manera.

Creo que esto tenía que ver con el hecho de que, generalmente, antes de desnudarse, mis clientes no se distinguían del resto de la gente. Rara vez tenían “signos identificativos” que la gente usa en mi entorno social, como cabello de color neón y piercings faciales. Empecé a fijarme en personas fuera de la mazmorra que tenían el mismo aspecto que mis clientes, y me di cuenta que cada una tenía una historia propia que contar. Comencé a imaginarme que todo el mundo lo pasa mal para encajar en los roles que nos ponemos, o que nos imponen. Me siento afortunada de vivir en su mayor parte de acuerdo con lo que esperaba, dentro y fuera de mi ambiente, pero no ha sido siempre fácil. Ha sido un proceso para mí sacudirme el deseo de encajar o compararme con los estándares de otra persona. Mis clientes me enseñaron mucho sobre la tristeza que puede causar, y sobre la libertad de compartir algo que ellos pensaban era extraño o inaceptable. Una de mis amistades, a quien le gustan los dichos horteras, me dice: “Normal es uno de los programas de tu secadora”.

 

 

7. Algo que sustituya el trabajo duro.

Como directora de Rapture, participé en el proceso de búsqueda y contratación de nuevas dominatrix. Las mazmorras cambian a menudo de dóminas por varias razones. Una de ellas es que la gente a veces cree que requiere menos trabajo tener éxito en cualquier terreno de la industria para adultos. También se equivocan en qué hace que una dominatrix tenga éxito. La realidad es que no importa lo guapa que seas, o lo dominante que seas de manera natural, o la experiencia que tengas en el BDSM, el trabajo cuesta trabajo. Me he encontrado montones mujeres jóvenes, sexys, con talento, guapísimas, que habían venido a NY para conseguir un dinero fácil. No existe. Las que al final hicieron dinero, y que hicieron que pareciese fácil, era las que tenían mundo y que se rompieron el culo para tener su propio ritmo de marketing, sesiones y conseguir un grupo de devotos seguidores regulares. Las mujeres con éxito no dan nada por hecho.

 

 

8. A one-sided relationship

Esta es una de las que me cuesta hablar. Como dómina profesional, tuve ofertas innumerables de hombres que querían ser mis esclavos. Había tantos que declaraban su devoción y ser de mi propiedad que no esperaban nada a cambio por sus servicios: Como sirvientes, como mobiliario humano, como ceniceros, como retrete, como trabajadores, como asistentes personales, como juguetes sexuales, como saco de boxeo, como mascota, etc, etc. Tuve un esclavo en mi vida, que llevó mi collar durante algunos años.

Creo que la razón principal por la que nuestro acuerdo acabó fallando fue porque se negaba a reconocer sus propias necesidades. De manera obstinada, se mantenía fiel a su fantasía de “auténtica” propiedad y esclavitud, hasta el punto de que sus deseos acabaron apareciendo como una falta de respeto. Eso fue un obstáculo enorme en nuestra comunicación, y no había manera de resolverlo por mucha negociación, contratos o discusiones que hubiera. Prefiero no meterme en los detalles sin duda desagradables, sólo decir que los deseos y necesidades de la persona sumisa deben salir a la superficie para que una relación funcione en el mundo real, igual que todos los miembros deben contribuir con su trabajo y obtener una recompensa, a su manera, en cualquier relación.

 

 

9. Tabúes universales.

 Igual que la normalidad, también es una construcción cultural qué es anormal. Trabajar en el ambiente de una mazmorra profesional lo hace obvio, cuando ciertas cosas se convierten en habituales y que no lo serían en otros trabajos (como la desnudez en la oficina, o tener una reunión de personal para discutir el protocolo para limpiar el lubricante del mobiliario). Una de las cosas que más agradezco a las comunidades BDSM en las que he estado durante años es mostrarme la creación activa de la cultura, frente a los valores religiosos o políticos que no nos funcionan. En su mejor versión, la cultura de las mazmorras prioriza la aceptación de todo el mundo, el poder femenino, la habilidad técnica, la belleza y el placer. Esto son valores que decidimos reivindicar. Es posible crear una nueva cultura alrededor de los valores que se hayan elegido. Requiere una comunidad con una visión y la disposición a salirse de las restricciones de la sociedad dominante.

 

 

10. Una edad a la que dejar de jugar

Jugando es como aprendemos. Una de las ventajas de trabajar como dominatrix es la oportunidad de encarnar diferentes estereotipos, de ser espontánea, de reaccionar ante otra mente y otro cuerpo, para llevarles en otra dirección. Una buena sesión s una danza preciosa, y una buena dominatrix puede dirigirla con la idea de fluidez. Espero no dejar de jugar nunca. La vida sería muy aburrida si nunca saliese de mi cabeza, para explorar con una perspectiva nueva, y disfrutar de quien me acompañe en ese momento.

Hay muchas de las cosas que aprendí como dominatrix no son aplicables fuera de la mazmorra —como qué hacer para que los zapatos huelan más a pies, o qué tipo de champán es mejor para hacer enemas. Pero la mayoría se pueden aplicar a otras cosas. Trabajar en mazmorras me permitió trabajar de primera mano con las personas, explorar cómo relacionarme con ellas de muchas maneras diferentes y jugar en el límite del mundo.”

 

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Imagen principal: http://mitsufetish.tumblr.com/image/53602493803

 

 

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