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Los peligros del enamoramiento: Dos consejos prácticos

8 julio, 2020 a las 9:00/ por
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Es un discurso que cada día leo más: ver las emociones como un peligro. No me sorprende, en una época donde se propone hacer “ayuno de dopamina“, una época donde se ve como algo atractivo no depender de nadie que pueda lastrar tus planes, la fantasía neoliberal de la independencia absoluta, de que no nos afecte nada, que no nos frene nada para… ¿para poder trabajar mejor?¿para que nada nos frene en nuestro Proyecto de Vida? Toda esa desconfianza de los placeres para centrarse en cosas más productivas tan propia del calvinismo, tan propia del capitalismo.

Con las emociones suele haber dos discursos igual de simplistas: la de que hay que conectar con las emociones y expresarlas, o la de que hay que reprimirlas. Como dice Greenberg, lo más recomendable es no hacer ni una cosa ni la otra. Algunas hay que seguirlas y algunas no.

¿Y el enamoramiento es de las que hay que seguir o de las que no? Pues no es algo tan simple.Como recomendaciones prácticas, también aplicables a las no monogamias, es el texto de Zhahai en los 90 que traduje hace casi 10 años (¿Qué es eso de la energía de la nueva relación? Parte 1, parte 2 y parte 3. Su texto me sigue pareciendo el más aterrizado en lo cotidiano y que se queda en tierra de nadie, sin defender que haya que darlo todo ni que haya que dinamitarlo todo. Viniendo de las no monogamias, tiene la ventaja de que no da las cosas por supuestas sino que le da vueltas y vueltas.

Ese discurso de no dejar que nos afecten las emociones se defiende como si se hiciera desde una visión más inteligente, desde la reflexión, desde la madurez. Pero a mí se me encienden las alarmas cuando ese discurso se parece tantísimo a lo que pasa con adolescentes: cada día más, entre la gente joven, hablan de poliamor, ven posible  estarse liando con más de una persona… (hasta que encuentran a Una Persona Especial™ y entonces cierran la relación) pero no saben muy bien qué hacer cuando aparecen los sentimientos, las emociones.

Nada más lógico en los tiempos en los que estamos: “Los jóvenes pueden leer mil artículos de técnica coital, pero no saben abordar la intimidad con su compañero”. “Nos da miedo conocernos a nosotros mismos por si encontramos cosas que no nos gustan”. Como dice en su artículo Sandra Fernandez parafraseando a Amezua, “Todo se puede desnudar, menos el corazón. Ahora, el problema no es el sexo. El problema es el amor.”

 Sobre los problemas relacionados con el amor hay una amplísima bibliografía de autoras feministas. En medio de todo eso creo que lo único que puedo aportar son los dos consejos finales. Pero repasemos los peligros por si ahí puedo aportar algo. Por ejemplo, en los ambientes de sexualidades no convencionales, desgraciadamente, es más FÁCIL que se den esos problemas…

 

https://www.flickr.com/photos/agitprop/2741565507/

https://www.flickr.com/photos/agitprop/2741565507/

¿Cuáles son los peligros?

Yo creo que no tengo nada nuevo que aportar a los peligros que pueden derivarse de una vinculación afectiva, de que alguien se haga muy relevante en nuestra vida, sobre todo cuando surgen en torno al modelo romántico y todas las ideas que se han ido construyendo a su alrededor. Hay cientos, miles de autoras que han escrito sobre el tema desde el feminismo y ahí están ellas para leerlas y aprender. Se ha escrito mucho, obviamente, sobre las complicaciones en las relaciones heterosexuales (aunque no únicamente). Conviene no olvidar  en ningún momento que se trata a las mujeres como personas con todos los derechos desde hace muy poco… (si tampoco lo sabes, o no te lo han contado, también es útil que leas sobre la situación de las mujeres antes de los años 80 y el divorcio), aunque siga habiendo discriminaciones y problemas por resolver en muchos terrenos. Algunos han incluso empeorado con la pandemia de COVID19…

Pero aparte de todos esos peligros, en lo íntimo, la mayoría de las relaciones tienden a ser heterosexuales, con lo que vale la pena hacerse la pregunta ¿existe alguna manera en que se pueda dar una relación heterosexual que le haga bien a los dos (o más) miembros de la relación por igual? Y ahí surgen dos corrientes: la que considera que es imposible, y la que considera que es posible en algunos casos, con mucho trabajo de por medio para equilibrar todo lo posible esa relación.

Uno de los mayores peligros, a nivel individual, es el maltrato, en todas sus formas. Es algo que me preocupa mucho (por antecedentes familiares, por las estadísticas que muestran lo obvio y por lo fácil que hace la sociedad justificar esas conductas en la masculinidad), y por eso colaboro permanentemente con una especialista en el tema. Y ese maltrato, manipulación, persuasión coercitiva y similares sabemos que es fácil que se den en esos momentos iniciales de las relaciones...y todavía más en los ambientes de las no monogamias en todas sus formas, en el LGTB, en el BDSM…  Hay mucho escrito también desde el feminismo sobre estos temas, pero aquí pongo mi grano de arena sumando esas recomendaciones a los colectivos que he comentado. Toda práctica no normativa o con estigma en que la tenga un papel central el secreto, no contárselo a todo el mundo (por razones lógicas) hace MÁS FACIL que se dé esa manipulación.

Y eso se da en relaciones heterosexuales… pero también en otros tipos de relación. Y siendo algo que puede afectar a cualquiera ¿se puede dar alguna recomendación que valga para todo el mundo?

Afortunadamente no se da maltrato en todas las relaciones, pero sí es común la sensación de pérdida de control, de “descentrarse”, de olvidar las amistades o los proyectos propios. Si hablamos en general, dando recomendaciones genéricas, la verdad es que eso se puede dar por muchas razones: por nuestra forma de vincularnos, por las circunstancias en que se da, por nuestra edad cuando sucede, por la cultura en que nos hemos criado, por nuestra biografía y experiencias personales que nos llevan a necesitar determinadas cosas… La mezcla me parece tan compleja que me parece imposible dar recomendaciones que valgan para todo el mundo, que siempre sean ciertas en cualquier situación. Por eso he pensado más en un par de cosas que valgan siempre, para muchas situaciones.

 

 

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Dos consejos

Aparte de los consejos para cada relación en concreto, siempre he intentado encontrar consejos que puedan valer para cualquiera en cualquier situación, en cualquier relación.

1. Pon el foco en ti. Ya lo conté con detalle hace unos meses. Eso ayuda a encender nuestro “radar” interno, estar pendientes de si hay cosas que nos chirrían, que nos hacen sentirnos mal pero no sabemos muy bien por qué. Y lo habitual suele ser preguntar si hay algo que la otra persona esté haciendo que te pueda estar haciendo sentir así… y eso es muy muy complejo. La otra persona te puede estar hablando de una forma muy educada, comprensiva, empática, con afecto… pero sentir que no puedes confiar en esa persona porque no ha estado a tu lado en momentos importantes, porque sientes que desaparece y no está ahí para contar con ese apoyo que con buenas palabras ofrece en otros momentos. O puedes tener momentos maravillosos con esa persona que te hacen desear que se repitan a menudo…al mismo tiempo que lo que sientes a su lado, o cuando te escribe, o cuando respondes, es miedo. Y esa emoción, el miedo, es incompatible con una relación que siempre se basa en la confianza y la vulnerabilidad compartida. A veces ese miedo, por vivencias en la infancia, se puede haber llegado a normalizar como algo lógico en una relación afectiva. Pero una sensación que no tiene mucho sentido, o a la que se debería prestar mucha atención, si aparece cuando te relacionas con la persona que debería hacerte bien. Esa es la clave a largo plazo: ¿esa persona te hace bien? A pesar de los altibajos… ¿cada día te sientes mejor o cada día peor? Nunca sabrás con certeza cuáles son sus intenciones o si un problema concreto es la tónica general de la relación o no, pero sí puedes saber perfectamente si algo te está haciendo bien o no.

2. Amistades “espejo retrovisor”. Mi querida Wara es como llama a esas amistades que conoces y te conocen desde hace muchos años, que saben cómo estás, que siempre te han dado buenos consejos… Y son esas amistades quienes van a ver, con el paso del tiempo, si cada día estás mejor o cada día estás peor. Si la persona con quien estás, o el colectivo en el que te mueves, o tu situación laboral, o familiar no te están haciendo bien. A veces sucede que los buenos momentos que tenemos con alguien, o porque creemos que es la forma en que “tenemos” que relacionarnos, nos hacen no ver los malos momentos, el daño que nos va haciendo gota a gota. Ahí, esa red, esas amistades, son nuestro mejor apoyo. Por eso ese tipo de relaciones manipuladoras buscan, consciente o inconscientemente, que o no confies en esas personas o te relaciones lo menos posible con esa red.

2 Comentarios a “Los peligros del enamoramiento: Dos consejos prácticos”

  1. Ale dice:

    Hola, Mosca.
    Como siempre tienes la experiencia, conocimiento y sensibilidad para ofrecer “apoyos” personales e íntimos a los que poder recurrir y que sirvan de timón emocional, e incluso vital, en los casos de relaciones verdaderamente perniciosas y dañinas sin duda alguna, salvo las percibidas por el cegado por enamoramiento, porque para nada por amor.

  2. Ale dice:

    Esas pautas que señalas, y por propia experiencia, pueden ser útiles hasta el punto de salvarte la vida. Sería ideal la primera, no perder nuestro foco emocional interno, y si no, las amistades que te conocen bien. Aunque en esos casos de extrema necesidad las amistades se dejaron de escuchar tiempo atrás y por eso enseñar a escucharnos a nosotros mismos es tan importante en la educación emocional.
    Gracias.

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