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Me cago en el poliamor

28 octubre, 2015 a las 16:52/ por
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La verdad, no es raro que cuanto más ubicuo se vuelve el poliamor, se hagan más habituales los arrebatos estilo Carotone, pero cagándose en el poliamor. Y a veces con razón… 

 Este es Carotone, cagándose en el amor.

 

 

 

Y lo que viene a partir de aquí es María Unanue cagándose en el poliamor, en Ética Promiscua (The Ethical Slut) y lo que se le ponga por delante en su artículo “La realidad poliamorosa” en Pikara Magazine. Iré alternando fragmentos de lo que ella escribió y mi opinión de lo que dice, porque además los comentarios al artículo ya se han cerrado… Eso sí: Entiendo que María se revuelva contra el poliamor como la pasó a otras feministas antes, tanto lesbianas como no lesbianas… porque una cosa es desmontar los mitos del amor romántico intelectualmente y otra cambiar lo que se siente. Lo primero es mucho más rápido que lo segundo… si es que se llega a conseguir. Nadie dijo que fuera fácil. Y si alguien te lo dijo, se equivocó.

 

 

 

María Unanue, “La realidad poliamorosa”

“(…) quiero dejar constancia escrita de que, por muy antigua que parezca yo, lo del poliamor lo practicaba desde que tengo uso de razón.Siempre tuve mi novio de la ikastola, mi novio de veraneo, mi novio de solfeo, mi novio del portal…en fin. Ya tú sabes. Que me pasaba por la piedra infantil-adolescente imaginaria a todo kiski si me hacía un mínimo de caso y me atraía por algún motivo. ¡¡Quienfuera!! (…) Quiero insistir en que antes “ponía los cuernos”, “era infiel” o “no sabía lo que quería”. Al menos eso es lo que escuchaba desde fuera. Recuerdo que mi padre un día me llamó “golfa”. Yo debía tener dieciséis años y me dio una racha por tontear con obreros. En fin. No digo que no lo fuera, pero si yo le hubiera llamado “so payaso” podríamos habernos recorrido la discografía de Extremoduro de manera bastante elegante. A lo que iba. Ahora, fíjate tú por dónde: que me leo un libro y resulta que ya no soy una guarra, sino que soy poliamorosa.”

Por lo que comenta todo el artículo, sin citar explícitamente el título, está claro que habla de Ética Promiscua. Y resulta curioso que María contraponga y reivindique “guarra” frente a un correcto y cool “poliamorosa”. Precisamente Ética Promiscua es el libro de estos temas más cercano a la postura de Unanue. “Ética Promiscua” pone la dichosa palabra “poliamor” en la portada por imposición de la editorial en inglés a las autoras, que se negaron a quitar “slut” del título. La editorial contestó que, si no quitaban “slut”, tendrían que poner el subtítulo que ahora tiene el libro (“Guía práctica para el poliamor, las relaciones abiertas y otras aventuras”) cuando el que ellas pusieron originalmente era “Guía para infinitas posibilidades sexuales“. Esa es la mentalidad de Dossie y Janet, muy abierta, nada prescriptora…

Y precisamente la actitud que promueven en el sexo es la de María: La de la guarra. Por eso eligieron la palabra “slut”. La de puta, guarra, zorra, putón. Después de muchos emails nos pareció a ellas y a mí que la que mejor se adaptaba era putón, que hermosamente define  la RAE: “Mujer de costumbres sexuales muy libres”. Es disfrutar del sexo porque sí. Sin necesitar ninguna justificación más. Placer por el placer.

 

 

“Porque además, con esta sinceridad que diosa me ha dado, tengo bastante ética y recursos verbales suficientes para que, explicándome, no se me odie mucho. Poliamorosa ética. ¡¡Toma!! Adjetivos que me meto en el…saco. (…) No me entendáis mal, no soy “de esas” que hacen y no dejan hacer. Que cada cual se relacione con lxs otrxs terrícolas como le plazca… pero Diosita que yo no me entere. No voy a llegar a las manos. ¡Nunca! Pero mi puñetero cerebro traicionero y retorcido empieza a imaginarse posturas del Kamasutra en las que yo no salgo, conversaciones cursis de película de Antena 3 susurrantes. ¡¡Soy muy insegura!! ¡¡Y yo no quiero que por querer a otra se me deje de querer a mí!! Como dice Alma en la película Inconscientes: “A mí no se me deja por un motivo tan prosaico”. Algo así creo que decía. Joder, y es que una vez más, supongo que echaré la culpa a que de pequeña pasaban de mi culo para explicar que ante tales situaciones me entran sudores varios, angustias y unas inseguridades tremebundas de agárrate y no te menées.”

 Lo que decía antes del aprendizaje emocional: Nos vale de poco desmontar los mitos del amor romántico si no construimos algo en su lugar. Porque querer tener vínculos seguros no es un delito. El único problema es cuando hipotecamos toda nuestra felicidad y nuestro futuro a un único vínculo, sobre el que ponemos además todas nuestras expectativas sobre nuestro proyecto vital. Si no tenemos una buena red a nuestro alrededor es normal que nos entren los siete males —dentro de lo razonable, no vayamos a justificar lo-que-ya-sabemos— si ese único vínculo se nos separa un metro.

“Por diosita que yo no me entere” María opta por el sistema de “ojos que no ven, corazón que no siente”. ¿Hay alguna manera “oficial” para hacer estas cosas? No según Dossie y Janet, para las que hay tantas formas de hacerlo como personas que lo practican. ¿Las dos —o más— personas están de acuerdo en no decirse nada? Pues es otra opción, y que cada cual se apañe después con lo que eso alimente, porque si no hay una exposición gradual a lo que nos da miedo, esa inseguridad seguirá ahí toda la vida, si es que no va a peor. Eso sí, conozco parejas que llevan 20 años con ese acuerdo de manera explítica y ahí siguen…

 

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“(…) Lo que pasa que es muy complicado saber “gestionar” esas situaciones. Y escribo el verbo “gestionar” entrecomillado mientras me remango con cara de pocxs amigxs, porque hace dos años decir “gestionar” me parecía la monda lironda, pero hoy me cansa soberanamente y me produce gases. Como alguien en una conversación me diga la palabrita de marras, acompañada del abstracto término asertividad y algún otro postureo que yo considere (in)oportuno, voy a sacarme los ajos del bolsillo y la cruz cristina apostólica y romanda para, chillando la canción ‘Loca’ de Malena Gracia de hace mil veranos, llevar a cabo un exorcismo en riguroso directo. Gente que utilizáis “gestionar” como muletilla, tengo un mensaje para vosotrxs: tenéis que parar. Sí, parecéis gente lista cuando lo decís, pero cansa que te cagas. Yo no sé gestionar más gestionares. En euskera se dice “kudeatu” y también me pone nerviosita. Entiendo lo novedoso del concepto, pero por favor… tuvimos suficiente con la palabra empatía, luego vino asertividad… creo que ya el temita aburre a un muerto. ¿Dónde me he quedado? ¡Ah sí! Que “me sube la bilirrubina, cuando te miro y no me miras”, que decía aquel. Básicamente y sin darle muchos rodeos, es eso.”

¡Ahi tiene toda la razón! “Gestionar” es uno de esos términos que han venido con la psicología pop, con la asertividad y empatía… Pero,vamos, el castellano es muy rico en sinónimos, y podemos hablar de manejar los celos, apañarse con los celos, lidiar (¡tauromáquico!) con ellos, sobrevivir a ellos, superarlos… porque morirse, no se muere nadie. Así que quizá sea buena idea cambiar de verbo.

 

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“¿Alguien más se ha leído ‘Ética promiscua’ y le ha parecido que podía haberlo escrito hace quince años mientras echaba kinitos con sus amigas? Hay capítulos curiositos, que según a qué edad los leas y cuanta mierda te hayas tragado, podrían servirte para algo, pero lo cierto es que aunque tenga tanto renombre y suene tan especial, el libro en sí es una lectura repetitiva de la misma idea seiscientas veces seguidas una detrás de otra. Es mejor que estos articulos que tenéis entre manos, obviamente, (la duda ofende) pero no entiendo el por qué de tanto bombo repentino. No sé.”

Quizá el bombo y renombre del libro venga de que es la primera guía sobre el tema en castellano. O que el libro ya le produjo ese efecto a cientos de miles de personas desde que se publicó en 1997. Porque sí, es un libro escrito hace casi 20 años por dos señoras de 60, que estuvieron en la segunda ola feminista; Dossie incluso en el “verano del amor” del 67. Retoma ideas de Reich, ideas que ya reclamó el colectivo gay hace mucho tiempo. O sea que sí, fue escrito hace más de 15 años… La novedad quizá también era que lo escribiesen dos mujeres, una lesbiana y otra de género fluido, feministas, animando a las mujeres a disfrutar del sexo porque sí. A ser promiscuas, a ser unos putones, como ellas dicen en el libro. 

Y quizá el bombo se deba también a que era una propuesta nueva para la sociedad “mainstream”. Era un tema que llevaba mucho tiempo siendo tratado en el feminismo pero que no había sido detectado por los medios de comunicación, algo que sí pasó cuando se publicó Ética Promiscua en castellano, que es el momento en el que se ve (ver abajo del todo) un aumento mayor en el interés en el poliamor.

 

 

“(…) me temo que somos todxs igual de patéticxs y buscamos algo parecido. Utilizo el verbo “buscamos” de manera totalmente libre. Porque la búsqueda no es necesariamente activa. Y bueno, que el verbo en sí tiene connotaciones que no me apetecen. Pero a lo que iba. Este descubrimiento lo he hecho después de comprobar que, en sociedad y tomando unas copas de más, la mayoría de la gente somos la misma mierda. El objetivo vital de todo ser bailongo parece ser aparentar ser guay sin que se note demasiado y resulte descarado. (…) Ahora bien, a tus treinta años, tu decimonovena pareja no te va a crear un apego seguro que te tranquilice los instintos suicidas cada vez que crees que dejan de quererte porque apestas. Así que o tu núcleo familiar hizo bien las cosas desde el minuto cero y te hizo sentirte fabulosa y especial estando en tus propias carnes, o la hemos cagado y no habrá hija de madre que te salve si no te gastas una pasta en terapia que puede, o no puede, funcionarte. Sentirte una mierda y querer que te quieran sin peros es ridículo y a la gente le cuesta admitirlo.”

Existe una delgada línea entre lo que se exige y lo que necesitamos. Y lo dicho, necesitar ese apego seguro no significa tener que ser monógama. Y desmontar los mitos tampoco exige no ser monógama. Tener que encajar tu vida en un modelo en lugar de llegar a él de manera gradual igual no es la mejor idea. Como dije antes, no es un delito necesitar un vínculo seguro. Y mejor si son más de uno… pero por lo menos vamos a necesitar uno. No tener ninguno no es sólo que sea el sueño neoliberal. Es que no es humano. Si ya con ese vínculo se ponen todas las expectativas de una vida… ya no es problema del vínculo, el problema lo estamos importando de otra parte.

“Pero yo el otro día tuve una visión y quería contarla aquí. Lo dicho: aquí pringadxs somos todxs, o ningunx. Una cosa más añado: si tú que lees estas líneas estás libre de pecado, ¡hazme el favor! y deja el primer comentario. Cuéntame la pócima que te tomas por la noche para el lavado de cerebro. Si te funciona, (¡¡pero sólo si te funciona de verdad, no me times!!) te copio. Comparte tu secreto. ¡¡Te necesitamos!! ¡Viva la poliamorosa realidad! Por muy poco correcta y feminsita que sea.”

En el blog intento poner las herramietas que pueden ayudar a tener esa pócima mágica propia. Pero es un trabajo personal, nadie te lo va a dar hecho. Ni siquiera terapeutas. Si no te lo trabajas, seguirás igual donde estabas, igual que si vas a clase de inglés dos horas a la semana nunca aprenderás inglés, usando la metáfonara que usa nuestra querida Wara.

Y una última cosa para quien se haya hartado ya del poliamor y esté esperando a que se pase la moda. Tengo malas noticias: Así van las búsquedas de la palabra “poliamor” en Google. Está claro que todavía está en pleno crecimiento… ¿cuánto durará? Bueno, mi apuesta es que está aquí para quedarse. El tiempo lo dirá.

 

 

 

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