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Primer capítulo completo de “Reinventa las reglas”, de Meg-John Barker

29 noviembre, 2019 a las 9:00/ por
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Creo que la mejor presentación del libro es poder leer el primer capítulo (que se puede leer más abajo), porque hace una revisión muy detallada de todo el contenido del libro y el enfoque desde el que lo hace. Para mí es una especie del broche que hacía falta para cerrar toda la serie de guías sobre no monogamias que he ido traduciendo. La ventaja de este libro es que es una ampliación de la perspectiva desde la que vemos las relaciones. Va mucho más allá de las relaciones (más abajo está explicado el contenido de cada capítulo).

Es un libro para tomárselo con calma, para reflexionar sobre las reglas que rompemos y a cuáles nos aferramos con el mismo empeño que nos agarrábamos a las anteriores. A reflexionar por qué nos tratamos tan mal si no estamos a la altura, si nos equivocamos al intentar encontrar nuestro camino en medio de ese lío de reglas para tantas cosas.

Meg-John Barker, para quien no conozca su trabajo, ha escrito cientos y cientos de textos, libros, fanzines, realizado podcasts, compartido material gratuito en su web y una actividad constante ayudando en universidades y espacios activistas con cuestiones de género, sexo y relaciones. Aportando sus reflexiones desde el mimo, el cuidado, la delicadeza… Creando herramientas que te acompañan en esos espacios tan liosos pero tan importantes en nuestra vida.

Esas reglas nos rodean permanentemente y dibujan muy concretamente qué es lo normal y qué no. Tanto “fuera” de nuesto territorio, como dentro. Es fácil ver la heteronorma, pero a veces la oposición a esa heteronorma termina en la homonorma, en una única manera correcta de ser lesbiana o gay. Una sola forma correcta de ser persona trans. Una sola manera correcta de ser poliamorosa o anarquista relacional… De unas reglas a otras. Este libro repasa todas esas normas en el género, el sexo y las relaciones, las rupturas, el compromiso, la atracción…

Lo mejor es leer directamente las propias palabras de Meg-John, que acabo de traducir y acaba de publicar Melusina. Quizá haya alguna palabra o giro que pueda sonar poco común. Desde hace años escribo todo en género neutro: aquí, en redes sociales y en traducciones, incluso casi siempre al hablar. Definiéndose Meg-John como persona no-binaria, es precisamente el libro más adecuado para hacerlo.

 

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La incertidumbre y las reglas

Estamos en un momento de incertidumbre en las relaciones. Nunca han existido más consejos sobre a quién y cómo amar. Las apps de ligue nos prometen que encontraremos a nuestra media naranja. En los consultorios sentimentales valoran cada ruptura y reconciliación de cada celebrity. Los reality shows dan consejos sobre cómo arreglar tu relación. Las canciones pop nos cuentan cómo sentirnos cuándo nos enamoramos y nos desenamoramos. Los anuncios de prensa nos inundan con imágenes de parejas felices que en cierto sentido “han encontrado la clave”, mientras desayunan o conducen su coche. Todo el día nos bombardean con normas sobre las relaciones: Quién ser para conseguir y conservar a alguien, qué desear y esperar de alguien y cómo saber cuándo ya no funciona. Al mismo tiempo, las normas que recibimos sobre las relaciones se han vuelto cada vez más confusas y contradictorias, cómo puedes ver en la ilustración al comienzo de este capítulo. Todo, desde formularios oficiales a la prensa en internet parecen intentar definirnos por nuestras relaciones, pero cada vez está menos claro a qué nos referimos con “relaciones”. Si dijéramos la verdad, quizá todo el mundo marcaríamos la casilla de “es complicado”.

Por lo que estamos en un estado de incertidumbre, y es aterrador porque es el espacio que tiene las mayores posibilidades de causarnos dolor y sufrimiento, así como placer y satisfacción. Nos dicen: hazlo bien y podrás conseguir la máxima felicidad para siempre: la seguridad de que te vean tal cual eres y te quieran por ser así; la seguridad de la entrega absoluta, de tener todas tus necesidades y deseos cubiertos. Equivócate, y en su lugar, te verán cómo eres en realidad y con todas tus carencias. Puede que nos enfrentemos a un rechazo tras otro, cada vez más angustioso que el anterior. Nos pueden herir –y quizá, peor todavía– darnos cuenta de que podemos herir a otras personas.

No es extraño que busquemos unas reglas para hacer las cosas bien.

 

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¿Cómo hemos llegado a este punto?

La Historia y la sociología señalan varios cambios que han alterado cómo percibimos y experimentamos el amor. Una mayor igualdad de género y un mayor reconocimiento de que las relaciones pueden ser entre personas del mismo género, significa que las relaciones, hoy día, están compuestas por personas independientes con sus propios sueños y objetivos. Tenemos un fuerte sentido de la identidad individual y un fuerte deseo de satisfacción personal.

De todos modos, al mismo tiempo, vemos las relaciones románticas como la máxima fuente de validación, significado y sensación de pertenencia, quizá por el declive de la fe religiosa y las comunidades locales, y la inseguridad e inestabilidad a la que nos enfrentamos hoy día en el mundo laboral. El amor es la nueva religión.

Esta situación agrava una tensión existencial previa cuando estamos en una relación con otra persona: somos dos personas diferentes y al mismo tiempo estamos juntas en la relación: Somos a la vez una persona y una relación. La gente quiere tener relaciones satisfactorias, gratificantes, en las que todas sus necesidades sean cubiertas simultáneamente, al mismo tiempo que quieren ser libres para perseguir sus propios objetivos y escribir la historia de su propia vida. Veo esto continuamente en películas y programas de televisión en los que los personajes intentan encontrar un equilibrio entre su relación con su trabajo, amistades o pasiones. En terapia se compara esa tensión a frotar tu barriga y dar palmadas en tu cabeza, simultáneamente. Inténtalo ¡no es fácil!

Numerosos ensayos dicen que estos cambios culturales son el motivo por el que las relaciones se encuentran en una situación tan precaria en este momento. Aproximadamente, la mitad de los matrimonios terminan en divorcio y al menos un cuarto de las personas casadas tienen una aventura en algún momento. Los índices de rupturas e infidelidades entre quienes no se han casado son aún más altos. En torno a una de cada tres personas vive sola.

Cosas que se daban por sentadas, ahora tienen que ser meditadas y negociadas entre los miembros de las relaciones: ¿en qué momento tener citas se convierte en una relación?¿Cuánto deben de estar de entrelazadas o separadas nuestras vidas?¿Convivimos?¿Dormimos en la misma cama?¿Tenemos criaturas?¿Qué trabajo tiene prioridad: el que da más ingresos o el que se disfruta más?¿Debemos seguir teniendo amistad con nuestras exparejas?¿Qué cuenta cómo infidelidad? Como dicen Ulrich y Elisabeth Beck en el libro, acertadamente llamado, El Normal Caos del Amor, “el amor se ha convertido en un espacio en blanco que debe ser rellenado por los mismos amantes”.

Desafortunadamente, con lo necesaria que es la comunicación cuando se rellena ese espacio en blanco, la gente en general no recibe una buena educación sobre cómo comunicarse en las relaciones. Se asume que las relaciones surgirán de forma natural, y si no es así, es porque nos pasa algo malo. Quizá por eso hay semejante demanda de libros y programas de televisión sobre cómo manejar las relaciones. Pero desafortunadamente, en lugar de aclarar, contribuyen a la confusión. Uno de los principales objetivos de este libro es demostrar que es comprensible, normal y –de hecho– sensato no tener las cosas claras sobre las relaciones.

 

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Aprendiendo las reglas

Una idea fundamental de este libro es que, cuando nos enfrentamos a altos niveles de incertidumbre, tendemos a agarrarnos a algo para sentir seguridad y nos aferramos a ello con fuerza. En el caso de las relaciones, a lo que nos aferramos es a unas reglas.

Muy a menudo recurrimos a viejas reglas que nos resultan familiares, incluso cuando no nos han funcionado especialmente bien en el pasado, o que no serían tan aplicables a nuestra situación actual. Al menos, conocemos esas reglas, y eso nos da seguridad cuando las cosas son tan inciertas. La ruta alternativa que ahora tomamos la mayoría es aplicar nuevas reglas para nuestras relaciones, bien en colectivos, bien por nuestra cuenta. De todos modos, hay una tendencia a aferrarse a esas nuevas reglas tan fuertemente como a las viejas; a veces incluso más fuertemente porque es duro estar fuera de lo que hace la mayoría.

Ambos caminos –adherirse a las reglas existentes, y aferrarse a las nuevas– llevan a más sufrimiento, no menos. En lugar de mejorar las cosas, a menudo las empeoran.

 

Viejas reglas

Adherirse a las reglas existentes ha llevado a una cultura que considera más importante ser “normal” que casi cualquier otra cosa.  ¿Qué es lo normal? Cada cual tenemos una idea en nuestra cabeza de lo que es una relación normal del mismo modo que la mayoría dibujamos prácticamente lo mismo cuando nos piden que dibujemos una casa. Prueba a hacer un dibujo simple de una casa y de una relación.

Del mismo modo que casi nadie vive en nada que se parezca remotamente a esa casa, ninguna de nuestras relaciones se parece a nuestra idea de normal. Pero no obstante, inconscientemente, hemos absorbido esas reglas sobre qué se considera normal porque son como el aire que respiramos. Es imposible escapar de ellas.

Por lo que intentamos desesperadamente ser más normales, temiendo que la gente se dé cuenta de que no lo somos, y sintiéndonos culpables cuando no somos capaces. En terapia se ve como una persona tras otra están más preocupadas por tener una vida sexual normal –signifique lo que signifique eso–, que por encontrar lo que les excita y hacerlo. Muchas personas se preocupan más de tener y mantener una apariencia normal que en que su cuerpo se sienta a gusto. Y la gente a menudo se preocupa por tener una relación normal que encaje en todo lo que se espera de una relación. La presión para ser normal limita a la gente y las lleva a estar monitorizándose a sí mismas, y a otras personas, buscando cualquier señal de que podrían no ser normales.

 

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Nuevas reglas

Pero ¿y qué sucede con quiénes nos salimos de las reglas existentes, sea porque así lo decidimos o porque no hay otra opción posible?

Las nuevas reglas han llegado a un nivel mucho más alto desde que publiqué la primera edición de este libro. En aquel entonces muchas personas estaban teniendo relaciones, sexualidad y género fuera de la “norma”, por supuesto. Pero recientemente hemos visto mucha más consciencia de ello, ligado a una explosión de terminología para todas las diferentes formas de experimentar el sexo, el género y el amor.

Más del 40 por ciento de jóvenes hoy día se ven en algún punto entre “exclusivamente heterosexual” y “exclusivamente homosexual”, y hay una inmensa proliferación de términos para describir diferentes sexualidades y asexualidades (pansexual, gris-sexual, skoliosexual, etc). Facebook ahora ofrece (en inglés) más de 70 palabras diferentes para que cada cual pueda describir su género, incluyendo muchas palabras que van más allá del binarismo hombre/mujer (agénero, género fluido,demiboy, etc). Del mismo modo, hay una floreciente variedad de términos para diferentes tipos de relaciones románticas y arrománticas (casi-monogamia, polisoltería o solo-poly, queer-platónica, etc).

Personalmente, he encontrado esos cambios –y las conversaciones en torno a ellos– increíblemente útiles para mi propia comprensión del amor, sexo y género. Pero también ha habido una inmensa reacción contra la generación de copos de nieve o “snowflakes”, millennials y las políticas identitarias de la “generación Tumblr”, dando la impresión que quienes se aferran a las viejas reglas consideran las nuevas como una amenaza. En una atmósfera tóxica como esa, es fácil que la gente se aferre con todas sus fuerzas a las nuevas reglas que han propuesto. Y quizá también insisten con la misma fuerza en que su manera de hacer las cosas es la única posible, vigilan vehementemente los límites en torno a su identidad y/o públicamente estigmatizan a quienes les cuesta seguir el ritmo, o quienes viven las cosas de forma diferente.

 

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Conmigo o contra mí

Las situación de unas reglas viejas contra unas nuevas crea la dicotomía de “conmigo o contra mí”: “conmigo” están las personas normales que desean tener relaciones normales y “contra mí” está la gente extraña que hace cosas raras, antinaturales o equivocadas. En esas situaciones, a quienes están “contra mí”, como mínimo, se les ridiculiza, y en el peor de los casos, se les rechaza de forma agresiva. Piensa sobre cómo se trata en los medios de comunicación a las personas que públicamente se salen de las reglas comúnmente aceptadas respecto a con quién es apropiado tener sexo y cómo: que te paguen por sexo, ser infiel o que te saquen del armario como gay, bisexual o con conductas sexuales no convencionales.

Al tratar así las cosas, le puede resultar tentador al otro grupo intentar demostrar lo normales que son en el resto de aspectos de su vida. Como respuesta, le dan la vuelta a la dicotomía “conmigo o contra mí” aferrándose con fuerza a sus propias reglas –“conmigo”– y rechazando a cualquiera que no está de acuerdo como alguien que está “contra mí”, por ejemplo, etiquetando a esas personas como “básicas”, “normativas”, “triviales” o “muggles”.

Así, todo el mundo, “normales” y “gente rara”, terminamos aferrándonos con fuerza a las reglas: comparándonos en oposición a otras personas y juzgándolas, con miedo a que podamos estar haciéndolo mal, e intentando desesperadamente defendernos y demostrar que lo estamos haciendo bien.

 

Explorando nuestra relación con las reglas

En este libro dedico un capítulo a cada uno de las ocho facetas clave de las relaciones. En esos capítulos, exploro cuáles son las reglas existentes para cada faceta y por qué puede que no funcionen siempre bien. Después de eso, valoro las personas y grupos que se han salido de esas reglas existentes y qué están haciendo, explorando qué podríamos aprender todo el mundo de esas alternativas. También examino las limitaciones de esas nuevas reglas y cómo pueden convertirse ellas mismas en un problema si se aplican de una forma demasiado rígida.

Finalmente, en cada capítulo, exploro una tercera alternativa frente a aceptar las normas existentes o buscar desesperadamente unas nuevas. Eso supone mantenerse en la incertidumbre de no tener unas reglas claras, y encontrar una forma de seguir adelante que no requiera aferrarse a nada. Si esto parece mucho pedir, en realidad significa que al menos intentemos notar cuándo nos estamos aferrando a unas reglas y luego intentar sujetarnos en ellas más holgadamente.

Como te habrás dado cuenta ya, una de las reglas principales de las relaciones es que aquí estamos hablando de un tipo específico de relación: lo que podríamos llamar una relación romántica, sexual o de pareja. Parece que se prioriza este tipo de relaciones sobre otros tipos de relación, como verás si echas una ojeada a los libros de autoayuda sobre relaciones que se han publicado. De hecho, ese tipo de relaciones se priorizan tanto que asumimos que a eso se refiere la gente cuando habla de sus relaciones.

Vamos a dedicarle mucho tiempo a pensar sobre ese tipo de relaciones en este libro, pero también vamos a desgranar las reglas del romanticismo, el sexo y las relaciones, y cuestionar si hace falta que siempre se den en la misma relación, e incluso si son todas necesarias. También exploraremos qué sucede cuando ampliamos nuestra forma de entender las relaciones, el amor y el sexo. Idealmente, te encontrarás con que mucho de lo que hablamos es relevante para otras relaciones además de las románticas, sexuales y de pareja.

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Las reglas

Por supuesto, a menudo, no existen unas reglas concretas sobre cómo tener relaciones en el sentido de leyes o políticas con las que todo el mundo está de acuerdo. No hay unos mandamientos del amor o documentos legales para tener citas. Y los grupos y colectivos más nuevos rara vez tienen un manifiesto.

Podía haber llamado a este libro “Volviendo a contar la misma historia”, “Reescribiendo el guión” u otro título que sugiera la misma idea de que existe algo externo  que nos dice cómo construir las relaciones, y que nos gustaría cuestionar. Elegí la palabra “reglas” porque a menudo podemos tener la sensación de que existe un conjunto de reglas no escritas que todo el mundo está intentando cumplir, que no son cuestionadas y que se dan por sentadas. Simplemente, son lo que hace todo el mundo.

También usé la palabra “reglas” porque la gente a menudo tiene la tentación de establecer una serie de reglas para las relaciones que podrían ser escritas y seguidas para tener una vida amorosa exitosa. Hay varios libros de autoayuda con títulos como “Las Reglas”, “Las Reglas del Amor”, “Las Reglas del Juego”, “Las reglas de las citas online” y títulos similares. Yo sugeriría tener cuidado con esas reglas. Pueden tener algo útil que ofrecer, pero deben poder ser cuestionadas y no deben ser tomadas como la respuesta a todo para todo el mundo. Quizá la única regla de este libro es que no hay una respuesta universal, sino que hay un montón de preguntas útiles e intrigantes que vale la pena hacerse.

Las reglas de las que hablo son en realidad “formas de hacer las cosas” que sentimos que debemos seguir. Por ejemplo, una “regla” podría ser que debemos tener unas cuantas citas antes de tener sexo con alguien, o que después de tener una relación un cierto período de tiempo ya no deberíamos estar teniendo citas con terceras personas. Muchas de estas reglas están relacionadas con la idea de que comportarse de determinada manera es normal, natural o moralmente mejor que otra. Por ejemplo, a menudo se piensa que lo natural para los hombres es querer tener sexo lo antes posible o que lo normal es enamorarse de una sola persona a la vezo que es moralmente mejor no romper la relación con tu pareja.

 

Por qué nos gustan las reglas

El ser humano siempre está buscando un sentido a todo: patrones y reglas que expliquen lo que está sucediendo a su alrededor. Esa es la razón por la que vemos un jarrón o dos personas a punto de besarse en esta ilusión óptica, en lugar de un simple conjunto de líneas y sombras.

Uno de los grandes problemas de las reglas es la idea de que hay una forma “correcta” o “mejor” de hacer las cosas. Eso querría decir que, por supuesto, cualquier otra forma de hacer las cosas, en algún sentido, estaría mal, sería inferior o estaría equivocada. Por lo que, si creemos que el tipo de relación “correcto” debe ser entre personas con un nivel similar de “atractivo”, a las personas que no encajan en los estrechos estándares de belleza actuales les costará más. Si creemos que hay una forma correcta de tener sexo, o de comprometerse con alguien, o de tener una familia, de nuevo, estarán mal vistas otras formas de hacerlo.

Las reglas, sean las que sean, no son sólo perjudiciales para la gente que se sale de ellas de alguna forma. También pueden ser duras para las personas que están atrapadas en un sistema de reglas intentando hacer “bien” las cosas . La adolescente que está intentando decidir si acostarse con su novio o no para que no la llamen putón o estrecha, en lugar de tomar una decisión basándose en sus propios deseos. La pareja de personas mayores que quieren tener sexo pero les resulta complicado encontrar consejos sobre cómo hacerlo físicamente más fácil, porque existe un tabú sobre tener sexo con más de sesenta años. La persona que pierde a sus amistades cuando, seis meses más tarde, no ha superado una ruptura. Este libro cuestiona muchas de esas ideas sobre la única forma correcta de tener relaciones y te ofrece otras opciones para que las valores.

 

Los capítulos

Como he dicho, en el resto del libro cubriremos ocho aspectos clave de las relaciones.

El capítulo 2 se centra en tu relación con tu propio yo, porque esa tensión entre ese yo y nuestras relaciones es un elemento fundamental en la incertidumbre que estamos experimentando. Veremos en detalle cómo nos relacionamos con nuestro yo, antes de pensar en cómo nos relacionamos con otras personas.

El capítulo 3 se ocupa del amor. Le dedicaremos más tiempo a las ideas de felices-para-toda-la-vida y La Media Naranja antes de pensar sobre nuestras propias reglas para el amor y los tipos de amor, y sobre las relaciones que priorizamos en nuestras vidas.

El capítulo 4 se centra en el sexo: la fuente de una buena cantidad de ansiedad y sufrimiento. Analizaremos el ideal de sexo normal que va buscando la gente, cómo es y el impacto que tiene forzarnos a encajar en una sexualidad de talla única.

El capítulo 5 explora el género, porque muchas de las reglas existentes para las relaciones también lo son sobre la atracción entre hombres y mujeres. Valoraremos qué se gana y qué se pierde al intentar encajar en ideales de masculinidad y feminidad, así como formas diferentes de entender el género.

Una regla habitual en las relaciones es que deben de ser monógamas, de ahí la presión para encontrar la Media Naranja, y que el engaño y la infidelidad se consideren tan problemáticas.

El capítulo 6 analiza las reglas de la monogamia y cómo están siendo reinventadas de diferentes maneras en el amor contemporáneo.

El capítulo 7 se ocupa de los conflictos, que a menudo surgen cuando se ve a las personas como si hubieran roto unas reglas no escritas. Pensaremos sobre cómo las reglas del conflicto nos ayudan o nos impiden comunicarnos mutuamente. 

Una de las posibles salidas del conflicto es, por supuesto, la ruptura. El capítulo 8 explora las reglas de las rupturas y las implicaciones de las mismas en las relaciones con exparejas, en nuestras relaciones actuales y en las relaciones potenciales. A fin de cuentas, una de las principales reglas sobre las relaciones es que las exitosas son las que duran mucho tiempo.

El capítulo 9 examina las reglas a las que nos comprometemos en las relaciones a largo plazo, y analiza qué significa tener una relación exitosa.

El capítulo 10 te da algunas ideas sobre cómo seguir con el viaje que has comenzado al leer este libro: identificar las reglas que se dan por sentadas, cuestionarlas y desarrollar nuestras propias ideas y acuerdos sobre las relaciones.

 

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¿Una guía de anti-autoayuda?

Como puedes ver en el título del libro, lo he llamado de anti-autoayuda ¿Qué quiere decir eso? Por una lado, no quiero que sea otra lista más de reglas convencionales para las relaciones como los que ya se han publicado. No es difícil darse cuenta de la forma en que se espera que manejemos nuestras relaciones. Las reglas están presentes en todas partes, desde los cuentos de hadas y los dibujos animados infantiles hasta en las apps para ligar y en los libros de autoayuda.

Tampoco quería que el libro fuese una lista de reglas alternativas que yo crea que son mejores. Los libros de autoayuda a menudo se publicitan con la promesa de que quien lo ha escrito ya lo tiene todo claro, y que ahora va a darte las respuestas que te permitirán tener una vida mejor y más feliz. Creo que las relaciones humanas son un asunto complicado que todo el mundo estamos intentando comprender a lo largo de nuestras vidas. No existe una única forma verdadera de manejarlas, todo el mundo vamos descubriendo qué funciona en nuestro caso y a menudo tropezando varias veces en el proceso. De hecho, algunas de las ideas más útiles que compartiré probablemente provienen de las ocasiones en las que lo he hecho peor. Este libro intenta ayudarte a explorar tu forma de hacer las cosas, y a tener en cuenta otras alternativas, en lugar de establecer una nueva lista de reglas que seguir y que te sientas mal cuando a ti no te funcionen.

El otro sentido en que este es un libro de anti-autoayuda es que la mayoría de los libros de autoayuda, implícitamente, culpan a quien lo está leyendo, te culpan a ti, por cualquier problema que tengas. Ponen la causa de tus problemas en tu forma equivocada de pensar, en tu incapacidad para comprenderlo, o en tus emociones tóxicas, por ejemplo. Si fueras capaz de seguir las reglas, o aceptar las diferencias de género, o encontrar tu camino, todo iría mejor. Como veremos en el capítulo 2, se ha escrito mucho criticandotoda la industria de la autoayuda, psicología y psicoterapia por crear una sociedad en que escudriñamos nuestro propio interior buscando la causa de nuestros problemas.

Por supuesto que analizar nuestras formas de pensar y de hacer las cosas tiene su lugar y su momento. De todos modos, es vital en ese proceso reconocer las fuerzas externas tanto como las internas: cuestionar el mundo que nos rodea y ver cómo los mensajes de nuestra culturay nuestras propia manera de ver las cosas están inextricablemente ligadas. Como he mencionado, vivimos en una cultura que está repleta de historias, imágenes y reglas sobre las relaciones, algunas de las cuales puede ser útil, algunas menos y otras –en mi opinión– directamente nocivas. Nuestras propias reglas personales no salen de la nada, sino que dependen mucho de las reglas a las que nos exponemos.

En lo que creo que tenemos algo de poder –y responsabilidad– como individuos es en elegir cuáles de esas reglas queremos mantener, y cuáles no. De todos modos, también hablaré en el capítulo final del libro sobre lo fácil que es –o no– ir en contra de las reglas más arraigadas.

 

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Una única regla: no existen reglas universales

Hay cuestiones que son un reto para todo el mundo, y todo el mundo estamos buscando las respuestas válidas para nuestro caso y el de las personas con quienes tenemos una relación. No hay nadie que lo haya “resuelto todo”, por mucho que a alguna gente le gustaría decirlo.

Mucha gente apuesta por las reglas y por asegurarse de que el resto las seguimos de la misma manera. Si alguien intenta evitar que cuestiones las reglas –o que propongas tus propias reglas–, pregúntate por qué les resulta tan importante lo que tú hagas, y por qué priorizan mantener las reglas por encima de tu bienestar. Volviendo a la única regla de este libro:

No existe una respuesta universal

por lo tanto

es bueno cuestionar las reglas

Lo que hagas después de que hayas cuestionado las reglas depende de ti pero, por favor, cuestiónalas.

 

Bienvenida a la conversación

Mi objetivo con este libro es que sea un diálogo, no una conferencia. Me encantaría que usaras este libro, en lugar de, simplemente, leerlo. El mayor logro que puedo imaginar habiéndolo escrito es ver un ejemplar muy usado, descuajeringado, despedazado, lleno de anotaciones de algo que yo haya escrito.

Parece que la gente está constantemente debatiendo las reglas de las relaciones. En una semana he oído a un irritado hombre de negocios con su móvil explicando por qué estaba enfadado porque su pareja llegaba tarde a su cita. Dos adolescentes en el tren intentando entender por qué uno de sus novios se había enfadado porque ellas se habían besado mientras bailaban en una discoteca la noche anterior. En un café, una pareja de antiguas amistadesse pasó la cena repasando en voz alta todas las personas que conocían –cuáles estaban juntas, cuáles se habían separado, cuáles iban a tener una criatura– y juzgando si estaba bien o mal cómo se habían comportado en cada caso.

Las reglas están a nuestro alrededor en el murmullo de las conversaciones en internet y fuera de ella, y tú tienes tu propia experiencia para aportarla a las preguntas que se hacen en este libro. Tienes tus propias relaciones, tus propias conversaciones y tu propia lectura de los mensajes a tu alrededor.

 

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Intersecciones

Un concepto importante que he intentado plantear a lo largo del libro –y a lo largo de mis otros textos desde que escribí la primera edición– es la interseccionalidad. Es un concepto del feminismo negro, introducido por Kimberlé Crenshaw (en la imagen superior) y explorado en el mundo por autoras como bell hooks y Patricia Hill Collins. Básicamente, señala cómo todas las facetas diferentes de nuestra vida –y cómo todas ellas se sitúan en estructuras sociales más amplias y en dinámicas de poder– se interrelacionanpara producir una experiencia única. Así, por ejemplo, las mujeres racializadas experimentan opresiones de una manera diferente a cómo las sufren los hombres racializados o las mujeres blancas. Un ejemplo relevante para este libro serían la manera en que las mujeres racializadas a menudo son tratadas como sexualmente disponibles, debido a su historia de cómo a mujeres y hombres racializados se les ha tratado como algo en propiedad. He hablado con mujeres bisexuales racializadas que se sienten incapaces de salir del armario debido a su intersección adicional –la bisexualidad–, porque saben que agravaría el acoso sexual que ya experimentan diariamente.

Todo el mundo se vive en el centro de múltiples intersecciones, y eso impacta en cómo cada cual ve y vive sus relaciones. Por ejemplo, una mujer blanca en la cincuentena con diversidad funcional podría ser especialmente consciente de cómo la intersección de edad, feminidad y discapacidad significan que a menudo sea vista como no sexual, y que no sea tratada como una relación romántica potencial por los hombres que conoce. Un joven racializado de clase trabajadora puede ser especialmente consciente de cómo las creencias sobre cómo demostrar masculinidad con su grupo de iguales hace que ciertas formas de sexo y relacionarse le resulten más o menos fáciles de llevar a la práctica.

 

Tus intersecciones

Tómate un momento y piensa sobre tus propias intersecciones. Por ejemplo, podrías anotar dónde te encuentras en términos de género, raza, clase, sexualidad, discapacidad, edad, generación, localización geográfica, nacionalidad, tipo y tamaño de cuerpo…. hay muchas más.

Puede ser útil tener en cuenta:

  • ¿Cuáles de esas intersecciones tienen más privilegios o son mejor valoradas en la sociedad en su conjunto y cuáles son más oprimidas o marginadas?18

  • ¿Cuáles han cambiado a lo largo de tu vida y cuáles han permanecido iguales?¿Cuáles podrían cambiar en el futuro?

  • ¿Qué impacto tienen tus intersecciones –y la forma en que te sitúan en la cultura en su conjunto– en tu forma de entender y experimentar las relaciones?

 

Al escribir este libro debo ser consciente de mi propia posición en varias intersecciones. Las reglas de las relaciones de las que estoy hablando son principalmente las blancas, occidentales, de clase media con las que he crecido a finales del siglo veinte y principio del veintiuno. Esas reglas a menudo se han impuesto globalmente de forma explícita o implícita, mediante la colonización en el pasado, o mediante la omnipresencia de los medios de comunicación occidentales y sus multinacionales en el presente. Esto es especialmente preocupante por muchas razones, sobre todo porque se corre el peligro de eliminar la rica diversidad de formas de entender y experimentar el amor, el sexo y el género que existen en todo el mundo.

También escribo desde una posición fuera de la cultura mayoritaria en relación a mi propio género, y mi tipo de sexualidad y relaciones, pero habiéndome criado dentro de esa cultura. Hablaré más sobre ello a lo largo del libro, pero tengo la esperanza de que haber experimentado el impacto de las reglas en primera persona –y de muchas de las alternativas a ellas– me dé una perspectiva muy útil.

El objetivo de este libro es mostrar, y cuestionar, las reglas de las relaciones occidentales actuales, y explorar qué alternativas se están desarrollando en ese contexto. Aunque intento aportar ideas de comunidades más allá de la mía, como todo el mundo, tengo una limitación en términos de mi propia experiencia vital, y también quiero tener mucho cuidado con no distorsionar la imagen de colectivos con los que no tengo familiaridad. Sin duda, tú tienes una experiencia adicional que aportar a la lectura de este libro por tu propio recorrido y posición interseccional actualmente.

 

Llegando a tus propias conclusiones

Otra consecuencia de que este libro sea un diálogo, es que está abierto a que aportes tus propias conclusiones, y es muy probable que sean diferentes de las mías. Podría ser que seas perfectamente feliz con muchas de las reglas que existen, por ejemplo, y simplemente valorar la oportunidad de poder verlas con más detalle y reflexionar sobre por qué te funcionan tan bien a ti. O puedes haberte cuestionado ya muchas de esas reglas y tener tus propias alternativas, en cuyo caso la primera parte de cada capítulo te puede resultar algo familiar.

A lo largo del libro nos encontraremos con diferentes puntos de vista sobre diferentes temas: más a gusto con unas reglas, con más preocupación por otras; más radicales o más convencionales, con una postura más crítica o menos, en diferentes puntos. He intentado escribir un libro que le aporte algo a todo el mundo, tanto si estás empezando a pensar sobre esto y buscas alguna ayuda sobre qué preguntas hacerte, como si ya te estás relacionando de formas diferentes y estás buscando una hoja de ruta para moverte por toda la terminología, prácticas y experiencias que te estás encontrando.

Inevitablemente, mis propias ideas aparecerán en este libro. Es imposible que no lo hagan. Por ejemplo, sin duda te darás cuenta de que pienso que es valioso aceptar la incertidumbre, y explorar nuestros patrones al relacionarnos. De todos modos, espero que cuestiones y te enfrentes a esas ideas tanto como las otras que estamos explorando. Es útil para todo el mundo que identifiquemos las reglas conforme a las que vivimos, para cuestionarlas poco a poco y tener más alternativas. Pero la decisión sobre qué reglas cuestionar y cuáles rechazar, cuáles aceptar y cuáles alterar, tiene que depender de ti.

 

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