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Rohypnol, GHB y K en el BDSM

4 diciembre, 2017 a las 9:00/ por
https://www.flickr.com/photos/yovenice/5930951538/

Son de esas cosas que preferirías que no sucediesen. Pero de momento nos han llegado noticias de casos en que parece que ha sucedido en eventos BDSM en Madrid. Y los pasos que damos van de la mano de las decisiones de quienes han pasado por esa situación. De momento, nuestra intención es hacer el asunto público para que, si alguien ha estado en esa situación, o tiene la sospecha, nos lo comente. Eso ayudará a saber patrones que ayuden sobre dónde sucede, quién lo hace, etc. Si te ha sucedido o conoces a alguien que le puede haber sucedido, escríbenos un mensaje privado por todas las vías que tenemos (facebook, email, etc). Podemos asesorarte sobre análisis (las sustancias duran meses en el cabello) y otras medidas que puedes tomar.

Rohypnol, GHB y K son los nombres comunes por los que se conoce a sustancias con nombres mucho más complicadas de recordar como flunitrazepam el primero (que no se comercializa con el nombre de Rohypnol), el ácido gammahidroxibutírico (mal llamado extasis líquido, porque no tiene MDMA) y la ketamina. El problema para saber si nos lo han dado es que los efectos pueden parecerse mucho a los de consumo de alcohol. Por eso la sospecha sólo aparece cuando sucede algo no tan habitual en quien lo sufre, como náuseas (si no suele tenerlas), no conseguir recordar lo que pasó durante horas, no ser capaz de hablar claramente, sensación de haber perdido el control o no haber sido capaz de moverse.

Nos encantaría que en nuestros colectivos no pasara lo que pasa en el resto de la sociedad. Pero no, pasa exactamente lo mismo, desgraciadamente. Pero la sociedad en general no tiene la lupa encima constantemente por ser bichos raros sobre todo el mundo, algo que sí sucede en nuestros ambientes. Y como son ambientes en los que pensamos vivir toda la vida (yo al menos sí, no es “una fase” de experimentación o transgresión), lo más recomendable es encontrar la manera de que sigan existiendo esos espacios de encuentro en lugar de dejar que vayan empeorando poco a poco, fruto de no decir nada por no empeorar la imagen del colectivo. De momento lo que esperamos de manera inmediata es que, al hacerlo público, al menos, deje de suceder. Ahora dependerá de si han sido dos o veintidós o doscientos veintidós los casos que se han dado, nos lo comenten y luego se decida qué se hace o que no… La mala noticia es que suceda. La buena, que ahora cuando se detecta, se puede avisar masivamente y que cada vez suceda en menos ocasiones.

 

 

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