Todo el mundo lo sabe, pero no se toca el tema
27 abril, 2026 a las 21:13/ por moscacojonera
El sexo es tabú, aunque se suele creer lo contrario. Es decir, la realidad del sexo es tabú.
Es la norma del sexo lo que no es tabú. Ahí está la trampa: si no acordamos antes de qué estamos hablando cuando hablamos de sexo, podemos creer que estamos hablando de lo mismo. Cuando se trata de sexo, rara vez es cierto que estemos hablando de lo mismo.
En la Historia, pasamos del sexo irracional (la perversiones de Kraft Ebing, las explicaciones de Freud y Reich) al sexo impulsivo, transgresor de los años 60 y 70. Y de ahí al sexo peligroso, en el que seguimos viviendo.
En medio de los arrebatos de lo animal, los sustos de lo que encontramos en lo inconsciente y los excesos de lo transgresor, vamos actualizando el rostro del demonio que tenemos que domesticar… pero sin llegar a comprender de qué estamos hablando. Sin llegar a estudiar ese demonio.
Atendemos, sin haber entendido, como decía Amezua. Es mejor idea entender para después atender. No es eterno, en un par de años, la formación es completa…
Mientras tanto, ese demonio sigue ahí escondido. Todo el mundo sabe que está ahí. Pero cómo aún no sabemos CÓMO hablar de ello SIN el miedo a que se despierte el demonio, se evita el tema en los colegios, en las familias, en el centro de salud, en las consultas de psicología, en los centros de salud mental, en los cursos, en las universidades.
Estamos en una situación parecida al maltrato en los años 80: «Es un asunto privado». Y quien se atreve a sacarlo, se encuentra con constantes invitaciones a dejar de hablar del tema.
Considerando el sexo un asunto privado, se sabe que «pasan cosas». Todo el mundo lo sabe. Y no se toca el tema.
Pasa en las familias. Una y otra vez nos cuentan casos de familias en las que algún adulto «accede» al cuerpo de alguna menor de la familia. Situaciones extrañas, que ella no comprende, que se repiten una y otra vez. A menudo de formas ambiguas, no obvias, pero esa menor sabe que algo está pasando ahí. Alguna gente en la familia lo sabe, pero no se toca el tema. Es un adulto respetable, tiene otras facetas maravillosas. Vaya lío se montaría si se toca el tema… Y mientras esa menor tiene que encajar las piezas de eso que no entiende. A veces, durante toda la vida.
Lo mismo pasa con el abuelo maltratador, con el padre maltratador. La que fue su pareja lo sabe pero no se toca el tema. A lo mejor, con los años, como el maltrato ya no es tan brutal, tan explícito, tan físico, de repente el resto ni parece maltrato. No está mal. Eso es lo que suele pensar la maltratada, que sabe bien que ahí fuera no tendría tanto apoyo incondicional como se le promete. Pero el resto de familiares lo saben. Y aún así, nadie toca ese tema. Porque saben dónde pueden sacarlo y dónde no. Hay espacios donde no es el momento, todavía, de sacarlo. Y así se vive, toda la vida sosteniendo el coste de salud mental que eso conlleva, viendo como nadie dice nada en una y otra cena, celebración, encuentro…
No sé si sigue siendo igual de común, pero en los talleres sobre no monogamias, si preguntas a la gente si conoce algún caso cercano de un hombre infiel con dos familias (dos parejas, con dos casas, criaturas con las dos), SIEMPRE alguien levanta la mano. Ahora, con esta vida tan precaria es imposible tener dos familias como permitían los sueldos del pasado, pero se siguen teniendo vidas secretas. En las reuniones familiares, se sabe quiénes tienen algo así y no se toca el tema. Se sigue aparentando que la familia encaja en todos los patrones «normales» y cada vez que alguna generación más joven de esa familia tiene relaciones abiertas… se le dice que sea discreta. Porque por lo menos en el estado español, hasta 1988 se seguía pagando muy caro salirse de la norma.
Pasa también en la academia, en los cursos, en las universidades entre profesorado y alumnado. Quienes lo sufrieron lo saben, lo comparten. Entre el profesorado, se sabe pero no se toca el tema. Sobre todo si es, o fue, un profesional con aportaciones muy respetables en otros campos. (Tal cual como Martiño de Ourense)
No me refiero a los casos en que dos adultos se conocen en un curso, en esos roles y comienzan una relación posteriormente. Me refiero a los profesores que tienen ese patrón, que lo hacen sistemáticamente. Me refiero a los profesores que trabajan en una empresa en la que se explicita que no se pueden liar con las alumnas mientras son alumnas… así que esperan a la celebración de fin de curso para hacerlo. «Legalmente» no se han saltado ninguna norma… Todo el mundo pone cara de «vaya, ya está otra vez igual», pero nadie toca el tema.
Tenemos un montón de líos reales en nuestras vidas. Cosas cotidianas que da vergüenza compartir. Pechos con vello en las areolas de una mujer, pechos incipientes en el pecho de un hombre. Fantasías inconfesables. Años y años sin follar aún teniendo pareja. Cosas raras en nuestros cuerpos, que nos parecen tan vergonzosas porque nadie se atreve a enseñarlas. Son cosas cotidianas, sencillas, nos pasan a todo el mundo. Se sabe pero no se toca el tema en ningún sitio, porque no sabemos dónde hablarlo. No sabemos si es muy raro o no. Y si preguntamos a google, nos cuenta los inventos de la inteligencia artificial para que nos sintamos a gusto y le sigamos contando. Menos mal que el estudio reciente del CIS (Percepción social del amor) ya nos ha dado unos números más cercanos a la realidad en una de esos temas que no se hablan: Si estamos 4 personas en una mesa tomando cañas, una de ellas no ha tenido relaciones sexuales durante el último año. Se sabe, pero nadie se atreve a ser «esa» persona de la mesa, a cargar con ese estigma.
Hay muchos beneficios derivados de hablar y no hablar de sexo. En todas partes se habla, aparentemente, de sexo. En realidad, todo el mundo está performando la sexualidad que quiere mostrarle al resto, la que más se valora en su grupo. La que sea más empotradora, pero también se performa la más deconstruida, la más alternativa, la más conveniente para que se nos acepte y valore en el grupo de amistades cercanas. Se habla de la sexualidad que conviene en cada círculo. Transgresor con las amigas, sensible y deconstruida con la pareja, con una decencia absoluta delante de la familia, aparentemente correcta en el trabajo. Ya lo decía Foucault, todo el mundo somos ese poder que le marca al resto qué es lo supuestamente normal, deseable, admirado en nuestro grupo.
Pero a pesar de esa cháchara constante presumiendo de lo bien que hacemos las cosas y lo mal que lo hace el resto…
…rara vez se habla de lo que nos pasa de verdad. No hay espacios para hablarlo. Los espacios donde se habla de sexo se acaban convirtiendo en sexódromos (una chica habla de sexo y la gente cree que quiere follar con todo el mundo) o ese espacio se convierte en terapia de grupo, espacios donde sólo hablamos de los casos más graves. Y como en el maltrato, las noticias sobre los asesinatos en pareja hacen olvidar las muchas formas que tiene el maltrato y que conoce todo el mundo (el famoso iceberg). Y lo mismo pasa con lo urgente. Nos parece que no podemos ignorar lo urgente. Y así, nos vamos quedando sin espacios donde poder hablar de lo que nos pasa en las otras muchas facetas de nuestra sexualidad. Esas cosas pequeñitas que son un lío y que no sabemos a quién contar. O que las hemos contado y nos han dado una respuesta que no nos convence demasiado.
Ahí sigue ese demonio.
Todo el mundo lo sabe. Se enciende la alarma. Se avisa que es un demonio peligroso… sin conocer bien la realidad detrás de esa careta de demonio. Sí, hay muchos peligros. Pero también nuestros deseos, sueños, identidades, vivencias… Y ahí se nos queda, todo eso esperando a poder hablarlo y que todo el mundo sepamos de qué estamos hablando cuando hablamos de sexualidad.
Nos falta dónde poder tener un diálogo sobre esas pequeñas cosas para poder compartirlas en algún lugar, ya que en tantos despachos no nos invitan a poder comentar las cosas raras que nos pasan. Y así pasan los años, las décadas, conviviendo con ese lío que no siempre se puede convertir en una denuncia pero nadie toca el tema.

Es todo un tema el que comenta el artículo. Voy por partes:
1- El convertir el sexo en un asunto privado ha tenido ventajas e inconvenientes. La ventaja de dar más libertad respecto al juicio ajeno. La desventaja de tener pocos referentes reales y menos espacios donde tener una conversación total sobre el tema.
2- En efecto, adolecemos de una mejor educación sexual mientras se culpa al porno de ser lo peor del mundo, pero, oficialmente, casi nadie lo ve y, al mismo tiempo, se retransmiten torturas de toros como un espectáculo «cultural», a la vez que se busca hacer campañas sobre el bullying, y vemos bombardeos en las noticias como si fuera la hora del té.
3- Sobre el tema de los abusos sexuales intrafamiliares, he sabido de algún caso no denunciado y de otro que se denunció, pero no creyeron a la madre y a esa persona, aunque, por fortuna, no he sabido de casos en mi familia. En mi familia, he tenido situaciones de un tío que me plantaba un tortazo en el hombro cada vez que me saludaba, que nos robó para gastárselo en alcohol, algo sobre lo que nunca ha pedido perdón, que llegó a llamar «puta», a su madre senil, delante de mí, y con el que tengo que convivir un finde al mes como si nunca hubiera pasado nada. También, las situaciones de maltrato psicológico por parte de mi madre, ahora, menos frecuentes, han marcado buena parte de mi infancia y adolescencia. Todavía me desgarra su comentario sobre que, por ser desordenado (Soy TDAH, autista y ACI del tipo Talento en Comprensión Verbal), ninguna mujer me iba a querer, o burlarse de la idea de que tuviera novia y me viera desnudo.
4- No he conocido a nadie que me haya dicho que tiene dos familias en su vida en pareja. He sabido por terceros de gente que se llevaba a la amante a bailar y el grupo de amigos lo sabía. Yo sé que mi familia sería incapaz de aceptar que fuera abiertamente no monógamo. Tampoco hablo nunca de si tengo algo con alguien, aunque saben que soy bisexual y no les hizo mucha gracia que usara apps para ligar. Una vez, a mí padre, le conté que me sentía explotar porque una amiga, ahora, amigue, en mitad de un Fnac, me había morreado el pecho. La respuesta de mi padre fue, con una sonrisa, que era fácil malinterpretar los afectos. Sé bien lo que es el afecto y ponerse en modo aspersor no es un mimo entre amigos que sólo son eso.
5- Sobre el mundo académico y los cursos, no conocí casos concretos verificados de terceros. En el instituto, había habladurías sobre una chica que le había dicho a una amiga mía que el profesor de religión le había metido mano a ella y a otras alumnas. En el colegio, había un profesor del que recuerdo que me tocaba la tripa, pero no recuerdo qué pasara de una muestra de afecto inapropiada. Entiendo que no somos de piedra, yo he tenido 25 años, sido ayudante de profesor y sentido cosas por una alumna de 19 años, pero una cosa es eso y otra líos como los que comentas. Yo jamás haría algo así.
Muchísimas gracias por la generosidad de compartir todas esas experiencias 🙏🙏🙏🙏
6- Es verdad que hay muchas cosas inconfesables. No sólo por el cambio de perspectiva que ha habido en tres generaciones acerca de la endogamia (En mi generación, es totalmente inconfesable hablar de cualquier sentimiento romántico, ya no digamos sexual, hacia una prima y, mucho menos, plantearlo. Incluso, se da la paradoja de que cosas que no tenían esa intención, como cuando, jugando a los vampiros, con diez años, le hice un chupetón a una prima que tenía quince años en aquel momento, se convirtieron en un escándalo inconfesable. En cambio, en la generación de mis padres, sé de algún caso que se acostó con su prima carnal o que se acabó casando con alguien a pesar de que los abuelos de ambos eran primos. Y, en la de mi abuela, obligaban a primos a casarse entre ellos). También, que no se sepa que sientes algo, incluso, algunas me han gustado, por muchas de las becarias de talleres a dónde voy. Y hasta he tenido que hablar, en terapia, sobre mi preocupación de que, en otra terapia grupal gratuita, el que me gustara la psicóloga pudiera interferir.
O cosas como no poder decirles a mis amigos de siempre que respondí a los correos de una treintañera rusa que buscaba amistad y amor, que nos acabamos gustando, que soñé con una vida cotidiana en pareja con ella y que la echo de menos, aunque, probablemente, lo de los bloqueos de internet, cuando ya hablábamos de reunirnos, fuera una excusa oportuna al salirle una opción mejor que algo casual con alguien que vive en otro país, sin dinero, sin curro estable, viviendo con sus padres y sin haber tenido pareja formal.
7- Sobre el tema de la vida sexual alejada de la realidad, yo he procurado nunca mentir, pero hay muchos sitios donde tampoco he dado detalles.
En mi caso, mi vida romántico sexual ha sido un desastre tras otro. Tener, de iure, una novia durante tres días porque creía que, al salir con alguien, te empezaba a gustar y no. Tener una fuerte conexión con otra a los diecisiete años, pero carecer del concepto de «tener un puntito» y pensar que no me atraía. Muchos amores no correspondidos por el sexo femenino. Descubrir mi bisexualidad a los 32 años. Lo de la amigue que me morreó el pecho a los treinta y cuatro. Algo de cibersexo físico, con alguien de sexo masculino, a los treinta y seis. Unos meses más tarde, perder la virginidad con esa persona. A las dos semanas, acostarme con otra de sexo masculino. Mucho cibersexo Con ambos sexos y tentativas de llegar a algo presencial. Acostarme con otra de sexo masculino, identidad de género, mujer, con treinta y seis años. Eso, más cibersexo, algunos «mimos de colegas», a nivel presencial, y para de contar. Tampoco he tenido una primera cita oficial en toda mi vida. Muchos tonteos, pero es muy frustrante.