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El maltrato psicológico, la manipulación, también en relaciones LGTB, BDSM, swinger, poliamor…

29 septiembre, 2014 a las 12:19/ por
marioneta

Ayer, domingo 28 de septiembre, Marina, psiquiatra especializada en Diversidad de Género y Sexualidad repasó el tema de la manipulación, del maltrato psicológico en la charla mensual que organizamos en Volta Café. El algo mucho más complicado de identificar, de saber a ciencia cierta si lo estás sufriendo o no, una vez que estás dentro. Nos interesaba que la charla la diese ella por los matices sobre relaciones no convencionales que nos podía dar.

Para explicar por qué sufres esa violencia psicológica, pero no te distancias inmediatamente, se utilizan varios modelos: El síndrome de Estocolmo, por ejemplo, o como se ha hecho en este caso, explicarlo basado en la persuasión coercitiva.

Los primeros casos en que se identificó este tipo de persuasión fue en prisioneros de guerra, analizando por qué una vez abandonada la situación de prisionero seguían hablando bien de quienes les habían secuestrado. A partir de ahí se aplicó a relaciones heterosexuales monógamas, y en esta charla se ha querido ampliar dando la información que se puede encontrar aplicada a otros tipos de relaciones.

 

 

¿Qué es y qué no violencia psicológica en una relación?

El maltrato psicológico no es algo que pasa una vez. No es una discusión de pareja. Es algo continuado en el tiempo, un proceso. Tienen que existir una serie de factores para que podamos estar hablando de maltrato psicológico:

  1. Existe una jerarquía (una de las dos personas ejerce el control)
  2. Existe miedo, angustia, en la persona maltratada cuando oye los pasos por las escaleras o que abre la puerta.
  3. Un estilo concreto en la comunicación, con mensajes contradictorios: “Con lo fea que eres, sólo yo te voy a querer”. “Así de amable, estás un poquito menos fea”.
  4. No hace falta el lenguaje verbal: Una mirada, un comentario —especialmente en público— son suficientes para continuar con el maltrato.

No es algo que sucede sin parar, de manera continua, sino que sigue el conocidísimo ciclo de la violencia: Se está en una situación neutra, pero se va acumulando tensión, poco a poco, hasta que hay un estallido, tras el cual la persona que ha agredido se arrepiente, promete que va a cambiar, las personas en la relación entran en el período conocido con el nombre de “luna de miel”, todo parece maravilloso… hasta que empieza a acumularse tensión y vuelve a repetirse el ciclo, una y otra vez. Eso es lo que complica salir de esa relación, el hecho de que haya unas fases muy buenas y unas muy malas. El hecho de que exista continuamente tensión hace que, cuando hay algo positivo, el efecto de ese comportamiento positivo se multiplique mucho más que en una situación normal.

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El proceso

El proceso que se seguía con prisioneros de guerra, que se usa en las sectas y que se reproduce en las relaciones es:

  1. Aislar a la persona (de sus amistades, otras personas…)
  2. Controlar la información que recibe
  3. Hacer que coma mal, que duerma mal, que esté muy cansada… provocar un estado alterado de conciencia.
  4. Alternarlo con amenazas, lo que a veces es peor que la agresión, al no saber qué esperar, cuándo va a suceder, y sin ser todo el rato (hay momentos agradables). Estado de tensión permanente.
  5. Se pide que se hagan cosas triviales, repetitivas, sin importancia.

 

En las relaciones se observó que se repetían una serie de patrones:

  1. Existe un deseo de dominación desde el principio
  2. Aislamiento, que a veces incluía el desplazamiento a otra ciudad o el extrarradio, y que vaya cortando sus relaciones con su familia, amistades… acusando a esas personas cercanas “Yo creo que tu amiga en realidad te está manipulando”.
  3. Escala del mantenimiento del miedo.
  4. Inducción de culpa: Se le dice a la víctima “es que me provocas”, “me haces perder los papeles”, “¿por qué me haces esto?”, “lo hago porque mira a dónde me llevas”, se rompen cosas en casa…

El que se dé uno de estos comportamientos no significa automáticamente que estemos en un caso de violencia psicológica, y tiene que ser algo continuado, mantenido en el tiempo.

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¿Por qué no se va?

Siendo esta la situación, ¿por qué la persona víctima del maltrato no se va? Porque está el amor. Porque al mismo tiempo hay grandes expresiones de amor. Al hablar con sus amistades tampoco se ve tan claramente, porque se autoculpa (“es que en realidad ha sido culpa mía”) y aunque pueda detectarlo en algún momento, en cuanto entre en fase de “luna de miel”, la persona agredida dice o piensa, “bueno, tampoco es para tanto”, “lo que pasa es que siempre lo exagero todo”.

Al autoculparse al hablar con sus amistades (incluso aunque alerten sobre esa situación), al seguir en la relación, las amistades se acaban “quemando” y se separan de su alrededor, con lo que aumenta el peligro de la situación de persuasión coercitiva.

Se suman la autoculpa (“soy idiota, todo lo hago mal”) + la sensación de indefensión + los celos continuos (controlar el whatsapp, el email, etc) + exigencia de secreto (“no me denuncies, por favor”, “no se lo digas a nadie que van a pensar que estás mal de la cabeza y te van a quitar a tu hijo”) con lo que se tiene la sensación de que, si se cuenta a alguien, se está traicionando a la pareja + comportamientos positivos que se repiten intermitentemente = Hace que la esperanza de que tiene solución aumente.

Es la educación “amorosa” que se da como “normal” en muchas ocasiones, como en “50 sombras de Grey” —como lo llama Marina, “manual de cómo entrar en una relación de maltrato en cómodos fascículos” o por ejemplo en “3 metros sobre el cielo”, en el trailer de más arriba o en este otro.  

 

Inmovilización

Hay más comportamientos que pueden sumarse a las estrategias habituales, aparte del  aislamiento (se tiene más poder sobre la percepción de esa persona y no hay críticas al comportamiento que puede estar siguiendo quien agrede) o que se produzca una desvalorización constante (“soy yo, que soy idiota”), como puede ser la desposesión de medios económicos (yo te manejo las cuentas, yo te doy el dinero,  desplazamiento de ciudad, de país a otro con otra lengua…) o que los actos violentos sean imprevisibles, que no sepa cuándo, cómo, por qué serán.  

Los actos violentos (sea agresión física o psicológica, romper cosas, tener una bronca inmensa…) no tienen una lógica por la que “si hago algo concreto, se produce la agresión”. Esto provoca que se intente comprender qué se está haciendo mal, pero como es aleatorio el que haya un “castigo”, es imposible encontrarle una solución a la pregunta. Eso lleva a que se esté en tensión permanentemente, con una situación de estrés constante al no saber si ahora va a “tocar” amor o violencia. La consecuencia suele ser que entonces se van probando cosas aleatoriamente a ver si se acierta (“a ver si va a ser esto lo que provoca el enfado…”). 

Como consecuencia de todo esto, al final la víctima no sabe qué hacer, se siente inmovilizada, no sabe cómo comportarse.

 

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Mañana se publica la segunda parte —dedicada a relaciones LGTB, BDSM, swinger, poliamor, etc— que se enlazará aquí. Este post es resumen de la charla dada por Marina, psiquiatra especializada en Diversidad de Género y Sexualidad, en el “Sexo Oral” del domingo 28 de septiembre en Volta Café (Madrid), donde hacemos nuestras charlas mensuales.

 

IMAGENES

4 Comentarios a “El maltrato psicológico, la manipulación, también en relaciones LGTB, BDSM, swinger, poliamor…”

  1. segis social dice:

    la vida es una guerra en la que no sirve la objeccion de conciencia. ‘ Irma la dulce’ 1965

  2. Rex Stormeyes dice:

    50 sombras de grey es una relación toxica y peligrosa. Los psicólogos harán su agosto con la novela si se toma de referente.

    El maltrato es peligroso, mucho, y es muy dificil de ver.

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