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El error de disparar dentro
de la propia trinchera

28 noviembre, 2014 a las 11:00/ por

Con las posibilidades que da internet de contrastar información sin censura alguna, cada vez se habla más y más de la manipulación de las clasificaciones de enfermedades, los sistemas nacionales de salud, del inmenso negocio de las farmacéuticas a costa de nuestra salud. Lo decía Gøtzsche hace unos días:

P.: Richard Smith, médico y exdirector del British Medical Journal, asegura en el prólogo de su libro que los médicos acabarán cayendo en desgracia ante la opinión pública, como ya ha ocurrido con periodistas, diputados y  banqueros, por no haber sido capaces de ver hasta qué punto han aceptado la corrupción.

R.: La industria farmacéutica es inmensamente rica y poderosa, y ha corrompido los sistemas de salud de una forma extraordinaria. Es una corrupción de largo alcance. Todo el proceso por el que nuestros medicamentos son investigados, aprobados y recetados ha sido corrompido. Esto implica manipular los datos científicos, pero también comprar a casi cualquier persona que pueda tener influencia en el sistema, incluidos los ministros de salud. En mi país, por ejemplo, sólo hay en torno a 20.000 médicos, pero miles de ellos cobran nóminas de la industria por cumplir funciones discutibles como sentarse en consejos asesores o ser consultores, en muchos casos sin aportar ningún servicio tangible a cambio del dinero. Esta es una forma aceptada y generalizada de corrupción sutil pues, como sabe cualquier médico, el dinero dejaría de fluir si no actuaran en interés de sus benefactores.»

Los textos en esta línea, denunciando el negocio de las farmacéuticas abundan. Afortunadamente también abundan webs donde se ofrecen otras terapias alternativas, remedios naturales, prácticas médicas con siglos de antigüedad, que pueden compensar la tendencia a la medicalización y patologización de problemas cotidianos.

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Encontré estas recomendaciones de un sacerdote franciscano, por ejemplo, que emplea miel y aloe vera como remedio contra el cáncer. Quizá haya alguna duda sobre su eficacia, pero la misma web lo explica:

«Sobre la Bendita Receta. Tengo conocimiento de varias personas que se han curado, después de beber el brebaje, a las cuales les daban menos de un mes de vida, por el padecimiento de diferentes tipos de cánceres terminales. Luego del conocimiento de las virtudes de este medicamento totalmente natural, me he propuesto hacerlo circular, por esta vía, para que cualquier persona que tenga un amigo, pariente relacionado con esta terrible enfermedad prepare la receta y se lo de a tomar. Ya verán el resultado a la semana de estar tomándolo, se los aseguro, es algo que trabaja rápidamente.»

Siendo todo lo cuestionable que es el funcionamiento de las empresas farmacéuticas, la OMS, los intereses relacionados con las pandemias… quizá dudes, quizá quieras aplicar otras terapias, quizá quieras recurrir a la medicina convencional. Hay ejemplos de todos los tipos… Patrick Swayze tenía cáncer de páncreas, estaba claramente en contra de terapias alternativas, siguió las convencionales y se murió en 18 meses. En cambio, utilizando acupuntura, zumos especiales, visitas a espiritualistas y otros tratamientos encontrados en internet Steve Jobs intentó curar su cáncer de páncreas… y tampoco tuvo suerte.

Sea cual sea el tipo de medicina que elijas para curarte tú, hay algo que seguramente no harías: Recomendar remedios naturales de los que has oído hablar hace dos, cuatro, seis años a alguien que ha luchado durante décadas con su cáncer, artritis, arterioesclerosis o cualquier otra enfermedad crónica.

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Esa es la sensación que tengo cuando, desde la teoría del género, se le aconseja a alguien transexual que se replantee su proceso, su punto de vista.

Siendo cierta la patologización de la transexualidad, la psiquiatrización del género, los intereses médicos, la moral disfrazada de ciencia… no hay que perder de vista que la hormonación no es un pasatiempo, no es performatividad, no es un acto rebelde sino una necesidad para parecerse a la identidad que quieres tener… a cambio de MUCHOS riesgos para la salud. En el caso de hombres transexuales, «los hombres con este tratamiento tienen más riesgo de infartos, ictus y muerte«. En el caso de mujeres transexuales, tengo una amiga que lo está pasando muy mal intentando recuperar la voz que casi perdió al operarse para hacerla más femenina. Parece un ejercicio cruel plantearle a quien se está jugando la vida que se replantee sus objetivos. Como ponerse bajo la valla de Melilla a gritar a quienes intentan saltarla que piensen en el decrecimiento. Ejercicio intelectual contra necesidad vital. Y por mucho que las identidades de género sean más difusas, mis amistades transexuales tienen bien claro que quieren transicionar hacia posturas binarias.

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Esto puede parecer un debate que en realidad no tiene más consecuencias que discutir desde dos posturas enfrentadas. Pero lo cierto es que tiene consecuencias muy serias en la vida de las personas transexuales, como cuando, por ejemplo, se propone que haya una única manera de gestionar las transiciones, de construir las identidades, que se renuncie al proceso actual de transición, proponiendo la supresión de las unidades de género. O que  no se tengan en cuenta consecuencias no deseadas de la despatologización de la transexualidad, como que el tratamiento deje de estar cubierto por los servicios públicos de salud.

Despatologización:
— Muy relacionada con normalizar el transgenerismo, que a su vez llevaría a muchas personas trans a no tener que hormonarse y operarse para ser aceptadas por la sociedad y por ellas mismas como personas del género en el que decidan vivir.
— Argumento en contra: Pérdida de tratamiento por la Seguridad Social. A favor: sanidad pública no atiende sólo enfermedades, sino procesos como pueden ser el embarazo o la menopausia 

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De nuevo, recurriendo a Judith Butler, esto dice sobre la cirugía transexual:

«CW: Creo que es seguro decir que muchas teóricas del género son controvertidas de una manera u otra. Algunas han agrupado el trabajo suyo junto con el trabajo de otras teóricas del género como Sheila Jeffreys, quien escribió:

[“La cirugía transexual] se podría comparar con la psiquiatría política en la Unión Soviética.
Sugiero que el transexualismo debería ser visto mejor desde esta perspectiva, como el abuso más directo político y médico, de los derechos humanos. La mutilación de los cuerpos sanos y la sujeción de dichos organismos a un tratamiento continuo y peligroso que puede resultar mortal, viola los derechos de esas personas a vivir con dignidad en el cuerpo en el que nacieron, al que Janice Raymond se refiere como sus cuerpos ‘nativos’. Representa un ataque contra el cuerpo para corregir una condición política, la insatisfacción ‘de género’ en una sociedad de supremacía machista en base a una noción falsa y políticamente construida de la diferencia de género.. La literatura reciente sobre la transexualidad en la comunidad lesbiana dibuja las conexiones con las prácticas de sadomasoquismo.”

CW: ¿Puede hablar acerca de la forma en que sus opiniones podrían diferir de éstas que hemos citado?

JB: Nunca he estado de acuerdo con Sheila Jeffreys ni con Janice Raymond, y durante muchos años he estado más bien del lado contrastante en los debates feministas. Ella se designa a sí misma para ocupar el cargo de juez, y se ofrece a ser una especie de policía feminista de las vidas y las opciones de las personas trans. Me opongo a este tipo de prescriptivismo, que a mí me parece aspira a convertirse en una especie de tiranía feminista.

Si ella hace uso de la construcción social como una teoría para apoyar su punto de vista, entonces está malinterpretando de muy mala manera los términos de la misma. En su opinión, una persona trans es “construida” por el discurso médico y por lo tanto es la víctima de una construcción social. Pero esta idea de los constructos sociales no reconoce que todos nosotros, como cuerpos, estamos en la posición activa de encontrar la manera de vivir con y en contra de las construcciones -o normas- que contribuyen a formarnos. Nos formamos dentro de vocabularios que no elegimos, y a veces tenemos que rechazar esos vocabularios o desarrollar activamente unos nuevos. Por ejemplo, la asignación de género es una “construcción” y sin embargo, muchas personas genderqueer y trans rechazan en parte o en su totalidad esas asignaciones. Esta negativa abre el camino para una forma más radical de autodeterminación, una que sucede en solidaridad con otros que están pasando por una lucha similar. Un problema con este punto de vista de la construcción social es que sugiere que lo que las personas trans sienten acerca de lo que es su género es, y lo que debería ser, es en sí mismo “construido” y, por lo tanto, no es real. Y entonces viene la policía feminista a exponer la construcción y disputar el sentido de la realidad vivida de una persona trans. Me opongo absolutamente a este uso de la construcción social, y lo considero una aplicación falsa, engañosa, y opresiva de la teoría».

 

 

Recuperando la idea que dio título a este post, y que es continuación de lo que comentaba ayer de transexualidad y transgénero, no puedo imaginarme un colectivo más cercano a las posturas transgénero que el colectivo transexual. Por eso no le veo lógica ninguna a tomar ninguna postura que suponga pasar a influir en la agenda política para conseguir unos ideales… que elimina beneficios que había conseguido uno de los aliados más cercanos del transgenerismo.

Prefiero no disparar dentro de mi trinchera. Sé quien tengo delante, enfrente (y no a mi lado en la trinchera), sé hacia dónde debo disparar y es hacia unas representaciones, performatividades y ejercicios del binarismo mucho más crueles, con más poder,  más medios, más ubicuas y que van conformando el mundo en que vivimos, crea una «opinión pública» y será esa opinión pública, esa presión social, esa visión tradicional del género la que ejercerá un peso mayor sobre las opciones de género que se podrían tomar.


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5 Comentarios a “El error de disparar dentro
de la propia trinchera”

  1. africano dice:

    ¿ curar el cáncer con miel y aloe vera ? Por favor. ¿ En qué se basa, hay algún estudio científico que justifique semenjante barbaridad ?
    Esto es jugar con la salud de la gente.
    Que haya negocios de empresas farmacéuticas no implica que se tenga que volver a la Edad Media por muy «natural» que parezca algo.
    Si rechazamos la ciencia con estos pobres razonamientos a dónde vamos.

  2. SweetDarkness dice:

    Se está hablando bastante de este tema para la nueva CIE-11. La CIE es la clasificación internacional de enfermedades en la que se basan muchas carteras de servicios de muchos países y la cobertura que los seguros aportan.
    Se propone:
    1º Renombrar la categoría desde el actual «transexualismo» a «discordancia de género», cambiando igualmente la definición del mismo para potenciar los derechos humanos del colectivo.
    2º Sacar la discordancia de género del apartado «enfermedades mentales», pero mantenerlo dentro de la CIE para que las personas afectadas puedan disponer de recursos sanitarios públicos.

  3. C. dice:

    No me han quedado claras las referencias a las medicinas alternativas.. yo sí recomendaría remedios naturales/alternativos para todas esas enfermedades crónicas. Lo recomendaría si me lo preguntaran, claro, que la gente ya tiene bastante con lo que tiene.

    Por lo demás, entiendo perfectamente el fondo del artículo sobre los transexuales, y me parece muy razonable..

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