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Lo normal y lo raro: La problematización de los deseos ajenos

15 julio, 2019 a las 12:00/ por

Como decimos en nuestro curso, la diversidad es un hecho. No es una moda, no es algo que ahora ha aumentado… Siempre ha habido y siempre habrá deseos muy diferentes, prácticas muy diferentes, cuerpos muy diferentes, patrones muy diferentes, placeres muy diferentes y un infinito etcétera. Pero dentro de toda esa diversidad siempre se está dando una lucha constante entre lo normal y lo raro. Lo convencional y lo no convencional. Es una línea imaginaria que va variando con el tiempo, con la zona donde vivas, con la cultura de la que formas parte, con tu entorno… Esa línea marca la línea entre lo que se considera normal, válido, aceptable y lo que se castiga de diversas formas: condenando al estigma a quienes son de una determinada manera o hacen determinadas cosas, patologizando sus deseos y/o conductas, criticando, marginando, discriminando…

Un ejemplo de esa línea es ser gay: desde los electroshock forzosos en la dictadura hasta la aceptación actual ¿Significa que ha desaparecido esa línea de lo normal y lo raro al ser gay? No. La línea se mueve de sitio: se hace normal «ser» gay, pero ya no tanto mostrarse (a lo mejor alguien cree que ser gay es algo «moderno» porque no ha visto muchas parejas de hombres mayores…), o besarse en la calle. Todo parece «normal» hasta que, por ejemplo, un gay (pero se puede aplicar a todo tipo de conductas y/o deseos que oscilan en esa línea que la sociedad va marcando entre normal y raro) quiere hacer lo que hace otra pareja heterosexual y les dicen que lo de besarse delante de menores ya no es tan normal, o ser sus profes, o adoptar. La línea va moviéndose.

¿Y cómo sabes dónde está esa línea? Yo la detecto por las preguntas que me hacen, por las preguntas y comentarios que veo en charlas, talleres, debates… Esa línea aparece cada vez que alguien pregunta «¿por qué?», cada vez que alguien problematiza una identidad, una conducta, unos deseos. En los debates sobre no monogamias, por ejemplo, suele surgir lo complicada que es una familia poliamorosa o una red de anarquía relacional. Lo dicen como si no fueran complicadas las familias en las que hay un divorcio en una pareja, cada miembro de la pareja tiene otras parejas, cuándo se decide que esa nueva pareja pasa a participar de la crianza, cuándo puede ir al colegio a recoger a las criaturas, las celebraciones familiares, poder hablar o no con el padre o madre de tus criaturas porque a tu pareja actual le parece regular y mil opciones más. O sin divorcio, y cómo mantener atractiva e interesante esa relación durante décadas, cómo irse releyendo y re-conociendo en cada edad, cómo compaginar conocer perfectamente a tu pareja y que algo te siga intrigando, atrayendo.

O con las conductas, problematizando que te guste lamer pies o cualquier otra práctica, sin darse cuenta que en realidad te están preguntando: «¿qué patología se esconde detrás de tu deseo por hacer algo que no es el acto sexual de nuestra especie para reproducirse?». Sin darse cuenta, se sigue preguntando desde el punto de vista de Freud en 1905; hemos avanzado poco desde esas categorías… Se pregunta siempre «qué se esconde detrás de querer lamer» algo, pero nunca si lo que se quiere lamer es un pezón. Un pezón es normal; una axila, no. El círculo mágico de Gayle Rubin.

O los deseos, problematizando determinados deseos (sin duda hay muchos problemáticos, contradictorios, que cuenta encajar con nuestras ideas sobre otros temas), que siempre han estado ahí, que siempre han sido igual de problemáticos… sin problematizar otros deseos que se quieren considerar normales. Eso no quita que, obviamente, sigan existiendo los delitos y las patologías. Pero del mismo modo que existen delitos y patologías en la heterosexualidad, la monogamia y demás opciones «normales» que, a pesar de esos delitos y patologías, no por eso se problematizan. En la normalidad se consideran «casos aislados».

Así que, resumiendo, me entretiene fijarme en el momento en que me hacen la «pregunta problematizadora» que suele descubrir mucho sobre esa persona: qué le parece raro y qué no, en qué momento le incomoda lo que escucha, lo mucho o poco que ha pensado sobre su propia identidad, prácticas o deseos.

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