Rupturas (y el agotamiento que provocan dos tipos de hombres hasta llegar a ese momento)
5 marzo, 2026 a las 11:45/ por moscacojonera
Mañana viernes, 6 de marzo, es la presentación en Madrid del nuevo libro de Olga Barroso. Si quieres ir, es necesario reservar en la web de Librería Mujeres.
Para quienes tenéis curiosidad por el contenido del libro, os cuento lo que yo encuentro más útil.
Con los libros suelo hacer mentalmente un ultra-resumen, para recordar qué era peculiar de ese libro en concreto. En El amor no maltrata, Olga me dejó dos ideas muy claras. Uno, las más importante: la estrategia que acaba produciendo el daño y el maltrato consiste en que una persona convierte a la otra en satélite, sea desde el miedo, pero también el victimismo, la persuasión, manipulación… Dos, varias formas en las que se da el maltrato psicológico, que es el resultado del control de la pareja más difícil de percibir
En Rupturas, utilizando varios relatos, se reúnen diferentes «arquetipos» masculinos que se suelen dar en relaciones heterosexuales, sean monógamas o no.
De todos esos arquetipos, uno me llamó especialmente la atención porque lo veo a menudo. Y saber diferenciar los dos tipos ayuda a saber cómo trabajar con cada uno de ellos en educación o consulta.
Esas dinámicas no se dan únicamente en relaciones heterosexuales. También se dan en relaciones entre mujeres o entre hombres. Pero la forma de abordarlo es diferente, ya que lo más común entre hombres, con mucha diferencia, es la dificultad para darse cuenta de pequeños matices emocionales y de responsabilidades en las relaciones que solo se ven como «empeorar» su vida.
El lío más común en los entornos de «hombres deconstruidos», pero no únicamente, es el de dos arquetipos del libro de Olga que he bautizado como «los Danieles». Su rasgo principal, en cuanto a lo que lleva a la erosión de la relación y posterior ruptura, es que hay considerables diferencias entre el discurso y la práctica en la relación de pareja, por diferentes razones.
Olga las resume en:
🟥 1. Daniel el «Inconsistente» (por incapacidad emocional)
Este perfil desea amar de forma genuina, pero carece de la madurez interna para sostener sus compromisos en el tiempo.
* Origen de la disonancia: Proviene de una estructura emocional precaria o con poco «músculo emocional». Aunque siente amor y quiere cumplir su palabra, ante el cansancio o un deseo momentáneo más fuerte, no puede soportar el peso de sus compromisos afectivos.
* Socialización y Crianza: Es producto de una crianza patriarcal que impide a los niños llorar o entrar en contacto con sus emociones, lo que resulta en adultos con capacidades «estímulo-dependientes» no desarrolladas.
* Comportamiento: En el tú a tú puede dar consuelo, pero su apoyo emocional termina siendo similar al que daría un niño. Tiende a caer en el funcionamiento patriarcal por defecto al no tener una estructura fuerte que cimente una ideología igualitaria.
* Riesgo para la pareja: Es peligroso porque genera ganas de darle oportunidades para que «termine de desarrollarse» en la relación, lo que suele colocar a la mujer en el rol de madre o terapeuta, creando un desequilibrio que puede llegar a ser agotador.
Esto puede funcionar bien si ella, por ejemplo, tiene un perfil de apego que sólo le da sensación de vincularse «de verdad» si ella tiene ese rol de madre o terapeuta. Pero en el resto de los casos, es agotador y, dependiendo de otros factores biográficos, puede hacer que ella no renuncie a ese papel por la sensación de culpa si desiste.
🟥 2. Daniel «Emocionalmente patriarcal» (Por voluntad de mantener su posición)
Este perfil se caracteriza por el deseo, ya sea consciente o inconsciente, de mantener su posición.
* Origen de la disonancia: Su motor es el deseo de vivir con muy poca interdependencia y mantener el lugar que el patriarcado establece para él.
* Estrategia de ocultación: A menudo utilizan un discurso igualitario como coartada o «pose» para ser considerados modernos o progresistas y así resultar atractivos, ocultando que no tienen intención de renunciar a su situación estructuralmente privilegiada.
* Comportamiento «Performativo»: Pueden leer literatura feminista o mostrarse sensibles en redes sociales, pero una vez formalizada la relación, vuelven a modos de relación tradicionales.
* Indicadores sutiles: Se manifiesta en detalles como imponer ritmos (para salir, dormir, quedarse en casa, ver una película…), devaluar las opciones de la pareja o actuar como si ya hubieran hecho «suficiente» por la otra persona para evitar más demandas.
Puntos Comunes en la Psicología de los «Danieles»
Independientemente del tipo, ambos suelen ejercer privilegios que generan malestar en relaciones heterosexuales, tales como:
🔴 Baja implicación emocional: Socializados para implicarse menos sin que el vínculo corra riesgo (pues se asume como «normal») pero siendo quienes deciden cuando aumenta o disminuye el ritmo.
🔴 Apropiación del trabajo emocional: Recibir, cuando ellos lo demandan, el esfuerzo de cuidado de la mujer como algo que a ella le resulta muy fácil, no como un trabajo que requiere sacrificio.
🔴 Control del ritmo: Ser quienes deciden cuándo avanzar, comprometerse o terminar la relación.
🔴 Privilegio del tiempo propio: Sentir que tienen más derecho a hobbies y espacios individuales que sus parejas, siguiendo el modelo aprendido en su infancia del niño que hace las tareas del colegio mientras su madre se encarga de tareas «menores», aburridas, rutinarias.
Conclusión: El personaje de Daniel fue diseñado para encajar en ambos tipos, en los que su pareja se ve forzada a «pensar al máximo» para desentrañar su psicología, lo cual es, en sí mismo, otra carga extra.
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Este no es el texto literal del libro, para evitar problemas de copyright. En la web de Shackleton podéis leer directamente el primer capítulo en palabras de Olga, además del índice (PDF).
